El 18 de marzo de 2010 era jueves.
El 18 de marzo de 2010 era jueves, yo estudiaba la maestría en Campus Monterrey y acababa de terminar exámenes parciales, como prácticamente todo alumno foráneo vivía muy cerca del Campus. Decidí ir al cine con un par de amigos. No recuerdo la película, no recuerdo si me gustó o no, sólo recuerdo que era la última función y cuando salimos era tarde, cerca de las 12 de la noche. Para regresar a casa teníamos dos opciones, ir por Garza Sada, pasando por su cruce con Luis Elizondo, o ir por las callecitas de atrás del cine, decidimos ir por atrás del cine, eran los primeros minutos del viernes 19 de marzo.
Al llegar a casa, entré a mi cuarto, cansado, listo para ir a dormir, cuando mi roomie tocó a la puerta. Su cara desencajada, me dijo “ven a mi cuarto, necesito que escuches algo”. Lo acompañé, nos pusimos cerca de su ventana y me dijo “¿escuchas? son balas”. Traté de tranquilizarlo y le dije “no, seguro con fuegos artificiales, por la primavera o algo así”. Muy serio, pálido, me dijo “no, son balas, hay tiroteo cerca del Tec, en Luis Elizondo y Garza Sada, tengo amigos que viven ahí, dicen que se escucha fortísimo”. Intentamos mantenernos tranquilos y decidimos que no había mucho que hacer mas que tratar de conciliar el sueño. Al poco tiempo, aún entre el sonido de los disparos, empezaron a llegar los mensajes por celular alertando no acercarse a la zona, de gente que estaba encerrada en biblioteca sin saber qué pasaba pidiendo información.
A la mañana siguiente, desde temprano, estábamos pegados al televisor. Las noticias informaban, de forma categórica “enfrentamiento entre militares y miembros del crimen organizado deja a dos sicarios muertos a las puertas del Tecnológico de Monterrey, los sicarios portaban armas largas, no han sido identificados”. Aún recuerdo el color rojizo, deslavado con agua a presión, casi rosa; los orificios de balas en las rejas, en las paredes, bajo el paso a desnivel, en el banco de enfrente, en el restaurante ahora ya no existe, los mirones, los rumores de pasillo, ¿tú dónde estabas? ¿cómo la escuchaste?…a pesar de los meses de violencia que azotaban Monterrey este había sido nuestro primer encuentro cercano como Comunidad Tec, y entre risas nerviosas y preocupaciones, pasó el viernes. No recuerdo lo que hice el resto del fin de semana, pero sí lo que pasó el domingo el la noche. Llegaba de casa, de no sé dónde, y mis roomies estaban alrededor del televisor, la noticia era devastadora “muertos en las puertas del Tecnológico eran estudiantes, no sicarios”, enmudecimos. Pasamos la noche, prácticamente en silencio, buscando información en Internet, en redes sociales, en noticieros y finalmente encontré un video del Rector Rangel Sostmann como nunca lo había visto, visiblemente cansado, con el nudo de la corbata foljo y el botón del cuello desabrochado, confirmando la noticia.
Jamás olvidaré ese lunes 21 de marzo de 2010, hoy hace exactamente 3 años. No podré borrarme la cara de los guardias de la entrada al campus, repartiendo moños negros a todo el que entraba, jamás olvidaré la tensión que se respiraba en todos los pasillos, en las cafeterías, en las oficinas, en los salones. En 6 años de estar prácticamente todos los días en el Campus jamás había sentido tanta tensión, tanta tristeza, tanto dolor. Era un sentimiento generalizado, nos mirábamos todos, a los ojos, sin hablar, directivos, jardineros, profesores, personal de limpieza, estudiantes…todos tratábamos de encontrar consuelo en los ojos del otro, alguna respuesta a una infinidad de preguntas, algún indicio de que nada de esto era real, que estábamos viviendo un mal sueño…pero sólo encontrábamos otros ojos, igual de cansados, igual de dolidos, igual de deshechos.
Ese día se rompió algo, no sólo terminó la inocencia de lo que muchos llaman “nuestra burbuja”, se rompió mucho más. Ese día se metieron con algo sagrado, se metieron a nuestra casa, la misma que construimos juntos; esa casa donde desembocan alegrías y tristezas, horas y horas de estudio, de clases, de desvelo, de libre pensamiento, de juntas, de satisfacciones y frustraciones por igual, de todo eso y más…pero nuestra. Ese día entraron a nuestra casa, y no hablo sólo por la comunidad Tec sino por todos los que formamos parte de una comunidad estudiantil, y nos quitaron la paz…y no hay nada más preocupante que un país en donde sus estudiantes no encuentran paz.
La verdad es que nunca los conocí, pero desde ese día, hace 3 años, no he podido dejar de pensar en Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo Verdugo, no porque de haber tomado otra decisión la madrugada de ese viernes pude haber sido yo, ni porque pudieron haber sido mis amigos o algún conocido…no, sino porque fueron ellos. Dos estudiantes, comunes y corrientes, pero inocentes, que se convirtieron en víctimas de una guerra sin cuartel en la que, como en todas las guerras, sólo hay perdedores. Que les tocó vivir en un país en el que no somos capaces de garantizar la seguridad de sus ciudadanos. No puedo dejar de pensar en sus familias, en sus padres, quienes seguramente nunca podrán encontrar el consuelo pleno porque simple y sencillamente no tiene sentido. Por ellos, por sus familias, por su familia indirecta que somos todos nosotros, 19 de marzo no se olvida.
¡19 de marzo no se olvida!














