Las causas del desastre de EU (con soluciones)
Debo aceptar que me dio alegría ver a Estados Unidos eliminado del Mundial. En principio porque es nuestro mayor rival, y en el futbol a los rivales no hay que realmente desearles el bien, de otro modo, las rivalidades dejan de ser divertidas. En segundo porque sé que es algo que no se repetirá. Un “cisne negro”. Y esos eventos hay que apreciarlos en su justa medida. Y en tercero porque quizá así por fin termine el discurso en México de que Estados Unidos está “a punto de alcanzarnos” o “ya nos rebasó”.
Dicho esto, tengo muchos amigos que trabajan en el futbol estadounidense, y sé que la eliminación fue un golpe durísimo. Y con ellos en mente se me ocurrió escribir este artículo, donde trataré de analizar lo que sucede al otro lado de la frontera desde la perspectiva del archirrival.
Para empezar, creo que, a pesar de sus evidentes problemas estructurales, Estados Unidos sigue siendo el segundo mejor futbol de Concacaf. Por encima de Costa Rica, que tiene una generación dorada pero mucho menor potencial. Me parece que el fracaso en esta eliminatoria tiene que ver con dichos problemas, pero también con una importante dosis de mala suerte y un recambio generacional que no ha podido ser superado. Como dije líneas atrás, esto es algo que no se repetirá.
El futbol es el deporte de las clases medias-altas en Estados Unidos. Incluso se ha acuñado el término “soccer moms” para las señoras de los suburbios que llevan a sus hijos a los entrenamientos y los acompañan en sus partidos.
En Argentina, Brasil, Uruguay e incluso México, una carrera en el futbol es la salida de un universo de pobreza. En Europa, donde hay un mayor poder adquisitivo, no es así, pero se compensa con un entorno competitivo y los métodos de trabajo más avanzados. En las comunidades blancas de Estados Unidos eso no sucede. La percepción general es que se trata de un pasatiempo, y no un estilo de vida.
¿La muestra? Dos particularidades que son loables desde el punto de vista social, pero terribles en lo competitivo. La primera, hasta los 11-12 años, niños y niñas suelen jugar juntos en un solo equipo (lo que le ha permitido a las selecciones femeniles estadounidenses ser las mejores del mundo). La segunda, hace dos años la Federación de Estados Unidos prohibió golpear la pelota con la cabeza a los niños menores de 11 años, con la idea de salvaguardar su seguridad pero privándolos de la práctica de una de las herramientas más importantes del deporte.
Las clases bajas en el país (sobre todo de raza negra) suelen jugar futbol americano o basquetbol, deportes que, además atraen a los mejores atletas del país, sobre todo a nivel universitario. Ante la decisión de qué deporte elegir, un niño superdotado pero con pocos recursos siempre elegirá uno de esos dos deportes, porque las universidades tienen becas mucho más completas y las perspectivas profesionales son mucho más importantes.
En cuanto a las minorías, que por herencia cultural son más afines al fútbol, la Federación Estadounidense no ha sido capaz de integrarlas a sus programas o se ha encontrado con obstáculos casi insalvables, como comentaré más adelante cuando hable de los latinos.
Cuando se lanzó la MLS en 1996, se escucharon voces de todas partes del mundo que afirmaban que en no poco tiempo Estados Unidos se convertiría en una potencia mundial. En general, se trataba de un análisis superficial basado en la fortaleza del país en otros deportes y su “espíritu competitivo”, pero que no tomaba en cuenta el tiempo que toma desarrollar una infraestructura en un país.
La MLS es una liga que empezó con muchas limitaciones, en buena medida intencionales (tope salarial, todos los equipos propiedad de la liga), para evitar que siguiera el destino de su predecesora la NASL, arruinada por la ambición desmedida de sus dueños. El problema esas limitaciones no fueron acompañadas por un plan para que los clubes desarrollaran su propio talento, por lo menos a corto plazo.
En consecuencia, pese a que la liga lleva más de 20 años de existencia, es sólo en esta década que los equipos comenzaron a tener academias juveniles, equipos de scouting completo y filiales en una de sus ligas satélite. Es normal entonces que los resultados de esa infraestructura recién construida aún no lleguen, sobre todo si se toma en cuenta la durísima competencia que tienen sus clubes con la mucho más grande Liga MX al sur de su frontera.
Una competencia complicada
En los últimos años, la Federación Estados Unidos ha intentado incorporar a los mejores prospectos mexicoamericanos, pero se ha encontrado con dificultades que, sin ser insalvables a largo plazo, no le han permitido conseguir sus objetivos.
En primer lugar está la filiación cultural de dichos talentos. A pesar de haber nacido en Estados Unidos, una muy buena parte de los integrantes de las comunidades mexicoamericanas de segunda generación aún se sienten mexicanos, y crecieron apoyando al Tri. En consecuencia, cuando se ven enfrentados a elegir entre la camiseta verde y la blanca, suelen elegir la verde. Con poquísimas excepciones, sólo aquellos abiertamente despreciados por México han decidido optar por la selección del norte de la frontera.
Pero la desventaja no termina ahí. Los clubes de la Liga MX también se han dado cuenta del impresionante potencial de esos jóvenes, y han desplegado un sistema de scouting muy superior al de los clubes de la MLS. Por dar un ejemplo, Chivas tiene más de 100 escuelas en Estados Unidos y decenas de ojeadores destinados específicamente a atraer talentos en ese país. Y lo hacen porque tienen los recursos económicos suficientes, a diferencia de los clubes estadounidenses, que siguen siendo propiedad de la liga y tienen presupuestos muy ajustados.
En consecuencia, si un jugador creció apoyando a México y lleva ya unos años viviendo en ese país, la elección de con qué selección jugar se vuelve realmente simple.
Falta de recambio generacional, falta de competitividad y mala suerte
Si se analiza la plantilla de la selección de Estados Unidos, se puede encontrar un serio desajuste en las edades de sus jugadores. Hay sólo 4 en la franja de entre los 23 y los 28 años que, se supone, es donde un futbolista encuentra el pico de su rendimiento.
Las razones son difíciles de descubrir. Una parte puede ser que esa es la última generación antes de la instauración de las academias en los clubes de la MLS. Otra, que los futbolistas estadounidenses salen hoy menos al extranjero que hace unos años, y una más, simplemente, que un país que no tiene la infraestructura para producir jugadores de forma masiva siempre encontrará altos y bajos en la generación de talentos (como Holanda, por ejemplo).
A esa generación perdida se le suma que sus jugadores más consagrados no mostraron el nivel de competitividad acostumbrado. Es difícil también nombrar una razón pero sin duda la decisión de la MLS de repatriar a sus mejores talentos debe tener un peso. En México hemos visto el descenso del rendimiento de los hermanos Dos Santos desde su llegada a Estados Unidos, y ni siquiera son tan importantes para el equipo, así que uno sólo puede imaginar lo que sería si nuestros principales referentes fueran a jugar a una liga de nivel medio bajo en lugar de Europa.
Hace no mucho, leí una extraña pero acertada metáfora al respecto que hacía el técnico holandés Frank de Boer. “Si juego todos los días contra mi madre, jamás voy a mejorar”. Los seleccionados estadounidenses no juegan contra sus madres pero sí contra futbolistas de menor nivel de los que encontrarían en Europa.
Y después, no debe subestimarse el factor psicológico y la mala suerte. Hay momentos en que, de plano, las cosas no salen, y eso juega un factor muy importante en la autoestima y en la confianza general. A México le pasó en 2013, pero logró, también con mucha suerte, recuperar el camino. Estados Unidos no pudo hacerlo, pero la situación es la misma. Dos equipos rindiendo a un nivel muy inferior al que sus individualidades indicarían.
Haga cambios o no, Estados Unidos va a volver al próximo Mundial, lo firmo desde ahora. Pero si quiere realmente desarrollarse como nación futbolística debe, sí, hacer modificaciones sustanciales a su estructura, sobre todo en su liga local.
Para mí, el cambio más importante es la liberación de las restricciones en las transferencias y los salarios en la MLS, y abrir completamente la puerta a capitalistas para comprar y mantener a los equipos. Los tiempos en que se corría el riesgo de que la liga implosionara por los altos salarios han pasado ya, y los límites lo único que están haciendo es impedir su desarrollo, en todos niveles.
Y, a partir de ahí, mejorar en la detección y desarrollo de talentos; establecer programas para la inclusión de las minorías y la popularización del deporte en las clases más necesitadas. También mejorar las instalaciones y la preparación de los entrenadores en las academias.
Con esa mejora en la generación y atracción de talentos, la MLS no deberá pensar ya en repatriar a sus mejores jugadores, que podrían continuar su carrera en campeonatos más competitivos, lo que sin duda beneficiaría al equipo nacional. Y, claro, buscar a un entrenador de mejor nivel que los pasados no perjudicaría, aunque sinceramente esa debe ser la última de las prioridades.
O, pensándolo bien, mejor no. No hagan nada. Gasten millones en un técnico con nombre pero sin talento. Hagan una oferta irresistible por Christian Pulisic para llevarlo al Miami FC. Quédense como están. Sólo así podría repetirse la inmensa alegría que vivimos muchos mexicanos el martes pasado con su eliminación. ¿Es mucho pedir?