XXXVII
Nada. Cansada de correr por los espacios y de penetrar en los subterráneos del mundo, en un afán de olvidarme de mi misma, termino en mi propio corazón.
Olvidarse a sĂ misma como se olvida el loco de su vida actual, dedicando la mente a lo que se ha ido.
ÂżCĂłmo arrancar la pena del alma? ÂżCĂłmo borrar el pasado?
ÂżDĂłnde encontrar la dulzura, si su fuente se ha secado para mĂ?
ÂżDĂłnde encontrar la felicidad, si me está vedado pasar las puertas de su jardĂn?
ÂżDĂłnde encontrar la calma, si la muerte no se acuerda de mĂ?
Si mis brazos se alargasen tanto como mi martirio, atravesando montañas, podrĂan alcanzar la dicha.
¡Nada!… Inútil los esfuerzos de mi mente por elevarse a los espacios. ¡Nada logra estrangular la voz del corazón!
Teresa Wilms Montt.















