Hoy es un día como cualquier otro. La mañana se despliega ante mí con la misma rutina de siempre. El café está de nuevo en mi mesa, pero mi mente está en otro lugar. Me parece que las nubes en el cielo han intentado recrear tu imagen, pero es solo una ilusión. Sin embargo, no puedo evitar pensar en ti.
Me doy cuenta de que es imposible extrañar algo que nunca he tenido. No se puede amar algo que no se conoce. Pero, de alguna manera, siento que te conozco. La soledad tiene sus ventajas, pero cuando pienso en ti, esas ventajas se vuelven en contra mía.
Tengo una historia escrita en un blog que estoy constantemente actualizando. Cada día, agrego una línea más, aunque parezca inútil. Me gusta hacerlo porque me ayuda a ahuyentar mis demonios. Creo que esos demonios nacieron el día que te busqué entre la multitud, entre tanto ruido y distracciones.
Mañana será otro día sin ti. Seguiré extrañándote, aunque no debería. Te amaré en cada letra, en cada línea, en cada susurro que no se convierte en palabras. En cada palabra que no se convierte en poesía. Hay un sentido de exclusividad que siempre he tenido, pero que ha perdido valor desde que te conocí.
Sigo escribiendo en mi blog, creando una historia que quizás no sea nuestra historia. Pero cuando la termine, quizás sea mi cuento favorito. Y en algunos años, podré seguir leyéndolo. Y en algún momento, podré contárselo a alguien. Tú te has convertido en la protagonista de mis días, los felices, los grises, los lluviosos.
Recuerdo los momentos en que te sentía en cada paso que daba, en cada camino que recorría.
La ansiedad y la nostalgia me golpean el pecho cada vez que te recuerdo. He intentado darle nombres a estos sentimientos, pero no hay palabras que puedan describirlos. Tú eres la que tiene todas mis frases, toda mi poesía, todas mis pesadillas y toda mi alegría. No bastan palabras, no bastan acciones. Quizás solo bastaría con ir a buscarte.