Rechazo el aprendizaje rígido y lineal. La imposición de sentido y del orden de conocimiento— como si solo existiera un camino para cada destino.
Bien sabemos que no hay aventura sin exploración, y que la exploración es la base de todo aprendizaje. ¿Por qué, pues, se me arrebató la aventura de aprender?
Desde pequeña, el sistema me demostró que controla mis tiempos, mis porqués, las formas y los cómos. Dónde debe ir mi atención, cómo debo comunicar y aprender. Cómo debía usar el saber y, a cambio, se me dotaría de un papel, comodidades, estabilidad y...quizás poder.
Tu pensar, tu sentir, tu tiempo, tu esfuerzo, tu dinero...todo prostituido para satisfacer. No vale con cumplir, has de comprender lo que se te exige. Aprende, pero lo que cada rostro, cada mente espera de ti. No pienses, solo diles lo que quieren oír.
Susurra, cede, guarda silencio, complace y abre la boca cuando se te insinúe. Estudia sus gestos, su voz, su cuerpo. Cédete, pues solo así podrás comer.
Es así que comprendí, no soy más que un cuerpo a merced de la complacencia ajena pero, ¿cómo podía dar algo que nunca sentí?
Pero el hambre es una de las motivaciones biológicas más potentes que abarcará lo inalcanzable por mantenerte viva— puede que nunca sepas lo que es la satisfacción, pero aprenderás a sobrevivir.
La culpa me embriaga hasta anularme los sentidos. Mi juicio, solloza entre carmesíes y cianes. Me prostituí a la sociedad, al sistema, a la cultura, a mi propia familia. Prioricé su palabra bajo la esperanza de poder salir.
No solo me equivoqué, sino que a cambio, se me arrebató lo único que me podía alimentar.