Ya extrañaba tu presencia. Siempre sigilosa, de puntitas, creyendo que no haces ruido… pero lo haces en todo lo que tocas, como un tornado que no anuncia llegada. Te había echado de menos, aunque no lo creas. Pero sí pensé que no volvería a verte. Y aquí estás, con esa mirada de lástima por mi muerte anunciada. No sabía cuánto iba a doler recibirte otra vez. Apareces justo cuando todo duele…
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