A medio camino, Catherine duda que ella si quiera la esté siguiendo de verdad. Haberla contactado desde un inicio fue algo ciertamente delirante, no estaba segura de a donde iba a llegar incluso, pero si de alguna manera quiere apagar la vela que se encendió desde que leyó la estúpida carta, no va a ceder sin dar la lucha por hacerlo de la forma más callada posible. Sin herir a nadie, estaba dispuesta a solucionar y olvidar. Y esa forma, supone, es por medio de la hija de Vesper, si es que deseaba volverse su aliada. Jamás imaginó a su papá como alguien que tendría una aventura extramarital, no porque fueran sus padres particularmente cariñosos (vaya, había algunos días que hasta parecen que son el peor enemigo del otro), sino porque Jules todo el tiempo porta la máscara de un tipo tan honrado que no parece que venga en su carta principal. A Catherine no le gusta pensar que tal vez todos los hombres son iguales, pero tal vez y de nuevo, últimamente lo son. Desde que se volvió acreedora de este secreto, la comunicación con él ha sido extraña, pero no cree que sospeche nada. La cosa es que su hermano seguro ya lo notó, lo hace con todo lo que Cathy hace, no puede ocultarle nada y menos así de grande. Le queda poco tiempo para decidir que hacer con Liorel antes de que Dorian se dé cuenta. Vaya, en realidad, le quedan segundos: los que hace de caminata hasta un sitio seguro, en el que se paran pegadas a la pared del pasillo que lleva al baño. No había nadie más que la gente que pasaba de punto A a punto B, pero no por eso iba a arriesgarse a hablar alto sin ser cautelosa. Así que cuando se detiene, no se pone muy lejos de ella. No porque pretenda amenazar, todo lo contrario, aunque con la actitud de Cathy sea difícil de transparentar sus verdaderas intenciones. "Primero que nada no te estoy siguiendo." Pone sobre la mesa. Sube los hombros: "Ni siquiera sabía que vives en Nueva York, o no, no tengo idea si estás aquí de visita —Bueno ¿qué importa?" Se contesta a sí misma. "Te vi a lo lejos y te reconocí y tal vez esto es cosa del destino porque necesitaba hablar contigo." Asevera, y luego de nuevo mira a los lados para poder seguir hablando. "No tenía idea de quién era tu mamá. Solo encontré la carta que te envié en el despacho de mi padre y luego descubrí que son ex compañeros universitarios." Traga saliva, porque no fue lo único que descubrió. De hecho, no sabe como pudo pasar tanto tiempo de su vida sin saber las tragedias y la reputación que la clase del '19 en Pomona cargaba. Su primera impresión fue de alguien a quien toda su vida le habían mentido: ¿Sus padres envueltos en un asesinato? El funeral de Melodía Buchanan fue un martirio. Guardarse todas sus preguntas fue sin duda tortura. Esconder todas las teorías de su hermano fue el infierno en la Tierra, pero sabe que con él, sobre todo, si sale esto a la luz, su familia se termina. Liorel tiene en sus manos la posibilidad de que eso no pase, aunque a ella seguramente le importa un bledo. "Mira, no sé nada. No estoy segura de absolutamente nada. Pero dime tú en que piensas cuando lees eso." Quiere añadir: 'Yo sé que a ti también te gustaría detener una desgracia', pero le da miedo, no sabe hasta donde pueden llegar sus palabras si ella no está de acuerdo. Podrá fingir ser imprudente, pero cuando hay que sacar la casta, no lo echará a perder por impulsividad.