The Giant’s Dream: The Making of the Iron Giant (2016)
Dir. Anthony Giacchino. 55min. | IMDB
“Lo que le dije a él (Brad Bird): ‘Mira, según la taquilla, el público, los números, te sientes un fracasado, pero esto pasará. Hiciste un clásico. Quedará en el corazón y la mente de todos los que la vean. Vivirá para siempre.’”
- Guillermo del Toro
Quince años después de su estreno en cines, fueron los que tuvieron que pasar para que pudiera ver por primera vez El Gigante de Hierro, de Brad Bird, basada en la novela “El hombre de hierro”, escrita por Ted Hughes. Era en un tiempo en el cual no estaba con recursos suficientes como para comprar o encargar la edición especial de la película en DVD, la mejor edición disponible en ese entonces. En su lugar, con lo que contaba era con un archivo MP4 con la película en español latino, que alguien había compartido en un tracker en el que hoy ya no estoy, y no tenía una tele de 32 pulgadas como la que tengo ahora para poderla ver, sino que en su lugar la pantalla que tenía enfrente era una pantalla LCD de notebook de 15.6 pulgadas.
Fue un día en el que a la noche nos habían invitado a un restaurant por la celebración de un cumpleaños, así que para pasar el rato antes de ello me programé poner el notebook enfrente y ver la película. Y despues de poner los ojos en los 90 minutos de su versión original, casi me quería poner a llorar por el final de esta historia de amistad entre Hogarth Hughes y el gigante robot que cae cerca de donde vive. Lo que me faltó en su momento es haber dicho que esa película debería haberla visto en cines.
Retrocedo a 1999. En ese entonces mi cabeza estaba en cualquier parte, menos en el interés en ir a una sala de cine. La última película que había visto antes era la Godzilla de Roland Emmerich un año antes, en una sala de los en ese entonces cines Showcase (hoy CineHoyts) del Parque Arauco. O mejor dicho, que no había visto. Estaba en uno de los asientos de más adelante, y estaba traumado por el sonido envolvente y lo que estaba en pantalla, y la mayor parte del tiempo tenía la cabeza, o agachada, o con los ojos tapados. Pasarían aproximadamente tres años y medio antes de volver a pisar una sala de cine. Con eso bastó para formar parte de las estadísticas sobre la gente que se perdió la posibilidad de ver El Gigante de Hierro en cines.
De todos modos, no fui el único que no la vio en su estreno original en salas, hay muchos más, en especial en su país de origen, Estados Unidos. Esto es porque la película fue un fracaso comercial. De acuerdo a cifras de Box Office Mojo, de los US$ 70 millones de presupuesto que tuvo, la recaudación en el mercado doméstico ni siquiera llegó a la mitad de ese monto. En contraparte, la película tiene una opinión muy positiva de la crítica especializada. Roger Ebert en su artículo sobre la película, la comparó con el trabajo de Miyazaki. Estos dos puntos llevaron a la película a ganar un estátus de culto después de su lanzamiento en VHS, DVD y Laserdisc; al grado que Cartoon Network en Estados Unidos se dio el gusto de poner en su programación, y más de una vez, la película por 24 horas consecutivas.
El mismo año en el que vi El Gigante de Hierro por primera vez, Bird ya tenía tres películas más en su currículum, y empezó a sentar discusiones con Warner Bros. para un lanzamiento de una nueva edición de la película que contaría con dos escenas adicionales que estaban contempladas para ser incluidas, pero por razones de tiempo y presupuesto se quedaron fuera de la película. Esta edición es la que se conoce como la edición Signature, la que fue estrenada en cines en Estados Unidos y Canadá como evento en el año 2015, y sería la garantía de que la película sería lanzada en Blu-Ray. Cuando finalmente se anunció para dicho formato físico, llamó la atención el tiempo que demoró en salir. Y desde el estudio explicaron el porqué: Estaba en producción el documental protagonista de este artículo.
The Giant’s Dream cubre la creación de El Gigante de Hierro, partiendo con la carrera de Bird hasta ese momento, y de como llegó a escogerse esta película en su debut como director en la pantalla grande, pasando por el vertiginoso proceso de producción, hasta llegar al desastre comercial. Además del propio Bird, participa buena parte del equipo de realización de la película, algunos ex-compañeros de trabajo de Bird, y también algunos ejecutivos de Warner que estaban en su puesto en el período de tiempo en el que la película estaba en producción.
¿Porqué se parte con los inicios de la carrera de Bird siendo que el documental es sobre El Gigante de Hierro? Porque para poder entender su modo de trabajo, su visión de la animación, y las motivaciones que le llevaron a tomar las riendas de este proyecto, es necesario remitirse a esos inicios. La carrera de Bird está marcada por la ilusión por Disney en su adolescencia, y luego una desilusión por ese estudio durante los inicios de su carrera profesional. El primer trabajo de Bird después de titularse fue en Disney, y lo califica como una decepción, porque consideraba que su plana mayor apostaba solo a lo seguro, y no buscaba correr riesgos. Para ese entonces, Bird ya tenía claro sobre como él quería que fuera la animación, como lo plasmó en unas pruebas de su propia versión de The Spirit, basada en el cómic homónimo de Will Eisner; que podría haber sido llevada a la pantalla grande de no ser porque los otros estudios de Hollywood fuera de Disney no se les ocurría como poder venderla al público, o sentían que íban a perder compitiendo con Disney. La podía haber ofrecido a Disney, pero por sus antecedentes ahí, se la habrían tirado por la cabeza.
En ese entonces Disney estaba viviendo su propio renacimiento de gloria en las películas animadas. La Sirenita (1989) fue la que empezó, pero fue El Rey León (1994) la que consolidó esta nueva época dorada para el estudio, y esa fue la señal para que los demás estudios empezaran a ver esto como una potencial mina de oro y crear sus propias producciones. Dos de los estudios que se subieron al carro fueron Warner y Turner. El primero ya con una extensa trayectoria en animación gracias al legado de los animadores que salieron de Termite Terrace como Chuck Jones, Robert Clampett, Tex Avery, Friz Freleng, entre otros. El segundo porque dentro de sus propiedades figuraban Hanna-Barbera y la librería de cortos de Tom y Jerry que estaba dentro del catálogo de MGM hasta 1986 que adquirieron hace casi 10 años atrás. Pero ninguno de los dos representó competencia para Disney, y tuvieron sendos fracasos de taquilla. Pasó el tiempo y Time Warner, la matriz de Warner, compró Turner. Y entre el personal de Turner con contrato vigente que pasó a Warner, estaba Bird con su guión de Ray Gunn, otro proyecto de él.
Warner, ya con Bird en sus filas, barajaba el proyecto del musical animado de El Gigante de Hierro, basado en la novela de Hughes, con participación de Pete Townshend de The Who -acreditado como productor ejecutivo de la película-. Bird decidió leer la novela, y tras haberla leído algo cambió en él que le hizo pensar que en lugar de un musical se puede hacer algo mucho mejor. Porque el costado de la novela con que hace nexo con la realidad es que Ted Hughes la escribió como una sanación emocional después del suicidio de su esposa. A Bird le hizo sentido y pudo anexarlo con su vida, porque años antes sufrió la muerte de su hermana Susan a causa de un incidente con armas de fuego. Es en este punto donde su visión de la película pudo resumirla en: “¿Y si un arma tuviera alma, y no quisiera ser un arma?”. Esa visión se transformó en la oportunidad para plantear a los ejecutivos de Warner que se podía hacer algo distinto, a diferencia de Disney. Y ellos no pusieron peros. Bird tuvo luz verde para su película. El sueño se empezaba a hacer realidad.
Pero había un problema, ¿con quiénes trabajar? Disney y DreamWorks se habían llevado a los grandes talentos. Bird, por su parte, tuvo que trabajar con lo que le quedaba a Warner. Dean Wellins, uno de los animadores en la película, hasta antes de El Gigante de Hierro, no había dibujado jamás un storyboard en su vida. La productora Allison Abbate llevaba una producción de este envergadura por primera vez en su carrera. En buen chileno, “es lo que había”. Al problema del equipo de producción hay que sumar los límites de tiempo, de presupuesto, y que Bird no estaba convencido de usar el material gráfico que estaba diseñado para el musical. Pero nada de esto lo hizo intimidarse. Supo salir del tema del diseño del protagonista principal gracias a las colaboraciones de Joe Johnston, director de Jumanji y técnico de efectos en la película original de Star Wars. La previsualización de la película la lograron realizar con software barato, logrando hacer más con menos plata. Eso si, este nivel de sacrificio involucró tambien discursos de alta intensidad entre Abbate y Bird.
Warner le dio libertad creativa a Bird y a su equipo, pero eso también está asociado a los rumores que existían sobre cerrar el área de producciones animadas para cine de Warner debido al fracaso comercial de Quest For Camelot (1998), y por consiguiente el posible desinterés del estudio por lo que se estaba trabajando en ese entonces. Al terminar la producción, el estudio se enfrentó a una situación complicada: Crear el marketing de la película para el público en general, a tan solo cuatro meses de su estreno en cines. A tal grado llegó la desesperación, que desobedeciendo una orden directa de Bird, un miembro del equipo filtró en Internet una copia en crudo de la película, con el solo objetivo de generar interés. Pero ni la opinión positiva desde fuera del estudio y en los screenings de prueba, ni el trabajo tardío de la gente de marketing fueron suficientes. Y el resto es historia conocida.
Vuelvo al mismo año en el que vi El Gigante de Hierro. Un tiempo antes de ver esa película, había visto en cines La Gran Aventura LEGO (2014). Era el regreso de Warner a la animación para cines con un nuevo estudio. Pero viendo algunos de los trabajos que hace Warner ahora, mi problema radica en su similiaridad con trabajos de otros estudios, sean Ilumination, Blue Sky, o DreamWorks. No en términos de apariencia gráfica, sino que en concepto. El ejecutivo de cines promedio pensaría que es suficiente poner unos animales o criaturas bonitas en animación CG para asegurar el éxito, y en algunos casos funciona. Las tres Madagascar fueron un éxito. Las dos Rio también. La imagen de esos ejecutivos no me suena muy distinta de la de los ejecutivos de Disney al momento que Bird estaba trabajando ahí.
Bird piensa la animación de otra forma. Incontables veces le he leído su frase de que “la animación es un medio, no un género”. Este mantra es el que se ha ído armando a lo largo de su carrera en ese ámbito. Esa visión suele diluirse cuando se pasa de la mente del director de cine a la mente de la cabeza de un estudio o de una persona del área de marketing. Es comprensible que los ejecutivos quieran que su película recaude lo más posible, y para ello venden la película de la forma más atractiva que se pueda, pero en el proceso terminan subestimando a su público, o vendiendo en el material promocional una imagen de la película que no es tal una vez que el público la ve en cines. Los que vieron El Gigante de Hierro, por un momento juguemos a ser ejecutivos de Warner: Veía el spot de El Gigante de Hierro que sale en el documental, con música rock y unos one-liners de peso. ¿Ustedes la habrían marketeado así?
Hace muy poco leí que Missing Link (2019), la nueva película de LAIKA, está teniendo la peor recaudación de las películas de este estudio en el mercado doméstico. El artículo cita como una de los fallas básicas de la película a la falta de un público objetivo definido, y eso es culpa de la gente de marketing por haber vendido la película como lo hicieron ellos. Sin saber siquiera si se va a estrenar Missing Link por estos lados, estoy seguro que quienes la hicieron tienen cosas duras que decir dentro de la película, no la hicieron pensando que el personaje principal va a ser argumento suficiente para que los niños vayan a verla. Y un estudio como LAIKA no haría una película de animación floja, con una historia igual de floja, y personajes planos que solamente atraen por lo bonitos que son. Vean Kubo y la búsqueda samurai (2016), y después pasen a ver los making-off de la película para que vean como se hizo, en especial las escenas en el mar y la pelea con la bestia lunar, y se van a dar cuenta de lo que digo. Lo que está pasando con Missing Link va a dar cabida a que los estudios de cine dejen de confiar en LAIKA, y posiblemente poner en riesgo su existencia como estudio. Y eso es triste, en especial porque LAIKA comparte la misma visión de la animación que Brad Bird, la que permite mostrar historias que no se podrían contar en live-action.
The Giant’s Dream: The Making of the Iron Giant está incluido como material adicional en el Blu-Ray de la Edición Signature de El Gigante de Hierro. Se puede adquirir por encargo o por su tienda de películas en físico favorita.
Imagen de cabecera: Storyboard de la película. Fuente: Living Lines Library. © Warner Bros Entertainment Inc.













