ALBI Francia 24 horas World championship
“O se te va el miedo, o se te va la oportunidad. Recuérdalo siempre”
Hace dos años corrí las 24 horas Staku (Xalapa), con la idea de obtener mi calificación a Spartathlon, no es que me volviera loca la idea de correr 24 horas en pista, pero si me daba curiosidad el formato. Staku me llevó al mundial, y me dio la calificación al intercontinental, sin esperarlo, sin ser mi especialidad y sin acariciar nunca la idea de prepararme específicamente para esa prueba. No fui al intercontinental en Argentina por darle prioridad a Grecia. Pero ya se ponía en la mesa la idea de Albi.
Soy corredora ya de muchos años, por pasión, por vocación, por loca. Mi formato favorito son las 100 millas, de preferencia en montaña (Sky run para ser precisos), aunque no me molesta en lo absoluto el pavimento.
Cuando supe que era seleccionada, Rubén quería volver a Sparta, yo le dije que quería el mundial para experimentar algo nuevo. Soy coach, creo que tienes que abrirte a todas las experiencias, y aprender desde adentro.
El mundial es en Albi, Francia, la ciudad de Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec (qué curioso ir a la ciudad de un artista que su vida y obra estuvo marcada por sus complejos, tratando de escapar de su vida. Mientras que en la ultradistancia profundizamos tanto en nosotros sin evadir demonios, invitándoles un café en la madrugada, agua, geles y coca en su estancia.)
En ALBI muchas cosas fueron nuevas para nosotros, pero justo esa era la idea. Aprender y experimentar. Llegamos (ahora lo sé) con pocos días de anticipación, hay mucho decoro alrededor del mundial, el desfile de los atletas en sus calles, el show en el teatro, en fin. Llegamos cansados del viaje a cumplir con la agenda política, y reconocer terreno. Me gusta que me sorprendan, así que lejos de la faramalla, qué lindo es ver a una ciudad vuelta loca por un evento deportivo.
Vimos a los demás integrantes de la selección en el desfile, compartimos unas cuantas horas , y nos separamos de nuevo para prepararnos con cosas como las compras en el super para el día siguiente. Fuimos a la pista Ruben y yo a revisar cómo era el show (rápido porque teníamos poco tiempo para descansar, y mucho por hacer).
Ir desde América a Europa de alguna forma siempre ha sido una debilidad (asi como correr en cualquier lugar que no es tu país). En el caso de Europa nos pega el jet lag, no tenemos tantas herramientas como los corredores de acá, gente de apoyo, hieleras. Algunos equipos tienen doble carpa en dos tramos de la pista, pero aun con todo eso siempre tratamos de hacerlo lo mejor posible.
La carrera inicia a las 10am, se da en el estadio municipal de Albi. La vuelta mide 1,5km una parte por dentro de la pista y la otra es pavimento. Tienes carpas por países para dejar tus cosas y es donde estará el crew del equipo, masajista, etc.
Dieron el disparo de salida, y a sumar kilómetros. El calor fue subiendo, honestamente no lo sentí tan fuerte como otras carreras pero de alguna forma a varios de nosotros nos afectó, salvo a los que viven en zonas de más calor. En algún punto me encontré con Ruben y le dije… siento muy raras las piernas, como pesadas. No deje de correr, pero uno sabe cuando ese no es su paso. Aún así traté de ir sobre los tiempos forzando la marcha, estaba esperando el momento en el que el calor bajara.
Una vez que lo hizo pude subir el paso, necesitaba rebasar los 100km en las 12 horas, y si todo iba bien me encargaría de sostenerlo o mejorarlo durante la noche. La noche es la hora que siempre me ha gustado más en cualquier evento. Pase las 12 horas con poco más de 103km según la organización (según mi Garmin 116, sabemos que la importante es la métrica de la pista, no la de los satélites, solo me gusta poner el dato).
Para estas horas ya había podido retomar el paso así que estaba acelerando y rescatando distancia. Mi mente estaba muy concentrada, pero de vez en vez divagaba… “Que bien se siente estar aquí, es la sensación de Grecia <encontré una nueva manada>. Aquí no es raro ser raro 😀. A veces el mundo parece tan solo, vives entre un montón de gente, gente que incomodas con tus logros, con tus exigencias, gente que critica tus desastres pero nunca reconoce tus momentos de excelencia. A veces sientes que no encajas, pero aprendes a sentirte bien en esa soledad. Un amigo gringo me dijo una vez, entre más subas más sola vas a estar.
Cada uno de los que está corriendo a mi lado contiene un poco de mí y yo de ellos. Nos reconocemos en la mirada, el carácter, la lucha, la obsesión, el deseo, la garra. Las ganas de ganarle a la mediocridad, las ganas de empujar y salir adelante pese a lo que pase. Cada uno de los que está aquí tuvo que rebasar el límite en algún momento, tuvo que incomodarse y ver en ese dolor una forma de escape, pero también una luz que te conforta entre los cristales.” La ultradistancia va filtrando de acuerdo a cada carrera, que tanto lo quieres? Qué tanto soportas? Qué tanto intentas? Qué tan rápido puedes ir? Cuántas veces te vas a levantar después de que la vida te tire una y otra, y otra vez?.
Todavía no era de día cuando mucha gente empezó a caminar, vomitar, parar y quedarse dormida por el frío o el cansancio. Los ojos de frustración en sus miradas, el paso descompuesto pero decidido de seguir en el camino aún cuando el día no sea el mejor. No somos máquinas, somos corredores, y a veces nos descomponemos. Muchos de los mejores del mundo se salieron. Yo me descompuse una y otra vez después de las 12 horas me la viví en altas y muy bajas, dolores que al paso del tiempo ya no podía minimizar. De momentos me ponía triste por perder el paso, pero en esa histeria reconocí a esa mujer que sale de mi en esos momentos. Quisiéramos que todas las carreras salieran perfectas, pero si así fuera como reconocerías quién eres cuando todo va mal? Te quedas a luchar o te haces a un lado.
Mi abuela un día regresando de la escuela en sus pláticas me dijo una frase famosa que nunca voy a olvidar “nunca he visto a un ave salvaje compadecerse de sí misma, un ave caerá congelada de la rama de un árbol sin jamás haber sentido compasión de sí misma”. Mis pupilas se dilatan, me dejo llevar por lo que el cuerpo puede lograr ese día, en ese lugar. Esa es la verdadera magia, quienes somos cuando todo está perdido. Es admirable el tiempo, los récords, los números. Es cierto. Pero he visto a muchos élite salirse cuando el juego cambia, cuando las cosas se ponen feas, cuando la montaña ataca con nieve, tormentas. Pero esos que se quedan… o Dios mío los que se quedan.
Se perfectamente quién soy, se mis tiempos y lo que puedo lograr, no será hoy, pero como siempre … será. Hoy toca luchar con lo que hay. Una hora antes de terminar las 24 horas mi cuerpo se sentía muy débil, había tenido muy buena recepción de los geles y mi comida normal las primeras 20 horas pero las últimas 4 ya no podía. Por las prisas nos hizo falta llevar la comida a la que estoy habituada. No quise tomar la sopa de la organización porque vi mucha gente vomitando en el camino y eso me estresó. Así que entre un momento a la carpa. Sentí mucho mareo o comí algunas cosas saladas y coca para reponerme pero no sentí que mejorara. Volvía a salir por el palito que te dan para la última vuelta y que puedas marcar tu último avance. A mitad de camino llegué a la carpa general pálida y con las manos heladas. Algo me dijeron en francés y me sentaron. “Ahí vamos de nuevo” les pedí un té para subir mi temperatura, y me prometí que no me desmayaría porque faltaba media vuelta y que oso desmayarme a medio camino. Terminé la vuelta y con ella la carrera, poco más de 172km. No alcancé mi meta de rebasar los 200 pero soy aferrada y no importa cuántas veces tenga que hacerlo. Es una marca que vamos a dar.
La experiencia fue increíble, cambiaría muchas cosas ya con este aprendizaje. Empezando por hacer el esfuerzo de llegar antes. Aunque hay que revisar costos y trabajo. Felipe y los acompañantes de los demás integrantes de la selección nos estuvieron ayudando, pero creo que también sería bueno tener a alguien dedicado a ti, es una gran ventaja.
En fin… otros highlights para mí de la carrera. Me gustó cruzarme en varios momentos con personas de la selección y platicar unos minutos con ellos o empujar juntos. Me gustó ver a Diana de Latvia, ganadora de Spartathlon hace algunas ediciones y reír juntas en varios momentos. Me gustó la lucha de varios de mis héroes de ultradistancia y aprender de ellos. Me gustó transitar una vez más en un intento forzado de aspirar el más íntimo rincón de la vida, de mi vida.
En cuanto a los demás atletas. Noora Honkala abandonó en el km 140, igual que Fotis a los 187km aprox también tuvo problemas en la carrera. Diana Dzaviza tuvo problemas estomacales que también le impidieron lograr la distancia que quería. Sophie Power se cayó en un loop y toda la carrera tuvo que bajar el paso por problemas de la cadera, y así innumerables casos. A lo que voy es que como corredores de este tipo de carreras somos exigentes pero a la vez vulnerables, buscamos la excelencia por motivos y esencia personal, pero nada nos garantiza los números.
Para mí lejos de eso, es vital no irme de este mundo sin conocerme, entenderme y reconocerme a fondo. A quien me lea: “o se te va el miedo, o se te va la oportunidad… recuérdalo siempre” no de encajar en el mundo que a veces es tan vano, no de alterar tu esencia para pertenecer a grupos que de un momento a otro te traicionan o te olvidan. No hay más soledad que del que dice estar acompañado. Y no hay mejor compañía que aquel que puede sostener conversaciones profundas consigo. Da terror conocerse y enfrentarse a ese espejo, pero es la única forma de querer y domar a esa pequeña bestia interna.
Yo no me expongo a tantas cosas por llamar la atención, por hacerme famosa o sentir más miradas de otros. Me expongo, porque no me quiero perder la oportunidad de estar y sentirme viva una y otra y otra vez. En las montañas, valles, carreteras, caminos. En mi soledad, en mi dolor, en mi constante búsqueda de quien soy cuando suelto el timón.
Felicidades a mis compañeros de equipo “En tierra de temblores las almas son más firmes”. A unos les pego más a otros menos, pero sin duda todos lucharon a fondo, y estoy feliz y orgullosa de su esfuerzo. Gracias Raúl y Felipe por hacer todo lo posible en este camino de mejorar la estructura de la ultradistancia en México en este formato, son corredores y son mexicanos, valoro mucho el esfuerzo dedicado.
A mi hijo… vale más una historia de lucha que de triunfos baratos, vale más un amigo sincero que un montón de payasos, vale más quedarse que rendirse. En el ultra, en la vida, en tus sueños que ahora son míos… lo importante, ahora lo entiendo, no es el camino. Es la forma en la que damos cada paso, es todo lo que absorbemos, y todo lo que soltamos.
Nos seguimos leyendo
















