D E L A S I N S T I T U C I O N E S
El proceso de neoliberalización
ha acarreado un acusado proceso
de ”destrucción creativa”.
En la década de 1980 se marcó el inicio de un nuevo periodo en la economía y la política mundial debido al históricamente conocido maridaje entre Reagan-Tatcher quienes, a ambos lados del Atlántico planteaban una estrategia política de apoyo a la industria privada que pretendía transferir el dominio de los sectores económicos públicos- como la industria eléctrica, los acueductos, las comunicaciones y la cultura- a la esfera privada liberándolos “de toda forma de interferencia estatal” (HARVEY: 2007), asegurando que la mejor manera de erradicar la pobreza en el mundo era mediante el libre desarrollo de la competencia en un terreno institucional que promoviera la privatización y defendiera los derechos de propiedad intelectual bajo los escenarios de “<Gobierno limitado>, <desregulación>, <privatización> y <cultura de empresa>”(WU: 2007, 13)
En este proceso el neoliberalismo se ha tornado hegemónico a través de su forma de discurso al punto que, como afirma Harvey (2007), tiene una fuerte influencia en los modos de pensamiento de la sociedad actual hasta llegar a hacer que ésta sea la manera “natural” en que muchos de nosotros “interpretamos, vivimos y entendemos el mundo” (HARVEY: 2007, 7) mediante la instalación en nuestra subjetividad de lo que se llaman las políticas del deseo. [a1] Con esto quiero decir que el sistema ha penetrado tan profundamente en nosotros- en nuestra singularidad y en la construcción de nuestra subjetividad- que con cada acción diaria consumimos productos, ya sean del capital industrial, del financiero o del cognitivo. Productos que cumplen la función de ofrecernos “mundos mejores” que el actual. El neoliberalismo visto en estos términos, es “la dictadura ideológica de la era democrática” (ZIZEK: 2012).
L a p r o m e s a d e l p a r a i s o
Suely Rolnik, esquizoanalista brasileña con investigaciones en crítica cultural, hablaba en una entrevista sobre capitalismo y arte, acerca de cómo el neoliberalismo se basa en el sistema económico e ideológico que se conoce como “capitalismo cognitivo”[1], para de esta forma no producir exclusivamente mercancías, como se sabía del capitalismo arcaico (industrial), sino que se vale de la autonomía que le otorga el control de esas fuerzas creativas-afectivas, mediante la política del deseo, para fabricar mundos (LAZZARATTO, citado por Rolnik: 2006, ). Control que comenzó con la aplicación que Bernays tomó de las teorías psicoanalíticas freudianas sobre las masas por medio de las campañas publicitarias que “recrean mundos con los que el consumidor se va a identificar y luego va a desear” (ROLNIK: 2006, ). Este es el terreno sobre el que estas mercancías van a ser producidas, como ya lo expliqué anteriormente.
Estos mundos de signos publicitarios son portadores de la idea de que existen paraísos que podemos alcanzar mediante la ruta que la cultura de masas nos señala, es decir, lo que Rolnik (2006) nos quiere mostrar, es que el modo en que esto funciona es haciéndonos creer, al cognitariado, que debemos invertir toda nuestro potencial afectivo[2] para acceder a lo que ella llama los VIP’s que son totalmente inalcanzables. De allí, la paradójica comparación con el paraíso, que como el la religión judeo-cristiana lo confirma, su único enraíce con la realidad es mediante la fe[3].
Una de las cuestiones fundamentales de mi crítica es la metodología macabra que usan quienes están al mando del sistema para imponer mediante la fuerza física- y la sugestión y sujeción psicológica- su voluntad de homogenizar las sociedades a lo largo del planeta mediante las economías de libre mercado. Este fenómeno, que todos conocemos más que bien y que se llama globalización, ha sido indagado múltiples veces por profesionales de distintas materias. Todo esto, para introducir a una periodista canadiense que basa su investigación en la urgencia de revelar estas estrategias a partir de la recuperación de la memoria histórica. Naomi Klein, escritora de “The Shock Doctrine: The rise of the disaster capitalism”, en español “La doctrina del shock: El auge del capitalismo del desastre”, hace un recorrido histórico a lo que fueron los precursores de la economía del shock. Los Chigago boys, estudiantes de la facultad de economía de la Universidad de Chicago y alumnos de Milton Friedman, conocido por ser Premio Nobel de economía en 1976, basaban sus estudios en los experimentos con el electroshock que se hacían en el campo de la psicología y la psiquiatría. Lo que Friedman quería replicar en las masas era la capacidad que tenía el electroshock para borrar los recuerdos y regresar al sujeto a un estado infantil, para así reescribir su historia. La teoría de la economía del shock buscaba hacer esto mismo en las masas, y la forma de crear shock fue mediante guerras, crisis económicas, culturales- religiosas o políticas, e incluso aprovechar el devastamiento que resulta de las catástrofes naturales como en el caso del huracán Katrina. Klein revela la intervención de las teorías económicas de los Chicago Boys en las dictaduras de Chile y Argentina, la crisis económica del Wall Street, La guerra de las Malvinas y el famoso 11S en EE.UU.
M u s e o s - m u l t i n a c i o n a l e s
Una de las primeras inversiones que se hicieron para fomentar esta nueva manera de sustentar la economía global, usó el sector cultural, que antes estaba en potestad del gobierno, como elemento afirmativo, o más bien constitutivo del status social de una multitud de empresas emergentes durante este periodo histórico, que además consiguieron “transformar los museos y las galerías de arte en sus propios vehículos de relaciones públicas” (WU: 2007, 18). Adjunto a esto se producía una réplica durante la década de los 90 en respuesta a estas metodologías, que afectaban desde dentro la mecánica del arte, abriendo camino a fenómenos como la Fundación Guggenheim[4] que comenzaron a tomar fuerza en manos de empresarios. Estos poco a poco comenzaron a introducir el vocabulario de los negocios y el “ethos de las prácticas multinacionales” (ibídem) al interior del campo artístico. “¿Sirven los museos multinacionales simplemente para fomentar las estrategias políticas y económicas globales de los negocios multinacionales?” (ibídem) Esta es una cuestión importante para examinar la razón de este maridaje entre las instituciones capitalistas y el arte.
Acorde con lo dicho quisiera ejemplificar de manera casuística cómo este fenómeno de la privatización masiva y la apertura de mercados, no omitió a la esfera del arte y de esta misma manera, se evidenciará por qué podemos hablar de “institución-arte”, ya no desde supuestos teóricos o reflexiones políticas, sino desde casos reales que demuestran la presencia de lo privado, por ejemplo, enel órgano principal del medio cultural plástico: el museo.
Thomas Krens, director de la Fundación Guggenheim, fue quien planeó y reorganizó la estructura burocrática del museo tal como la conocemos, buscó apoyo empresarial creando un programa de socios globales dentro de los que estaban el Deutsche Bank, Hugo Boss y Samsung (WU cita a KRENS: 2007, ). Como Wu nos cuenta [a2] en su libro sobre la privatización de la cultura en la era empresarial, ambos (los museos multinacionales y las empresas multinacionales):
Comparten un apetito insaciable por mejorar su cuota dentro de un mercado global competitivo y esta ambición les lanza a la expansión física y la ocupación de espacio en otros países. Asimismo, implica hacer acuerdos agresivos en un mercado libre y de manejar capital (dinero y/o arte) a través de diferentes fronteras. (WU, 2007, 329)
Con esta ultima cita se revela un conflicto al interior del mundo del arte que para mi se hace urgente resaltar. En la institución-arte, así como en el resto de instituciones, hay una evidente relación colonial (poscolonial) por parte de los distribuidores hacia los productores (e incluso los espectadores), en donde se nos imponen unas condiciones determinadas de comportamiento y pensamiento acordes con el ethos del mercado[5] del arte. Su función se respalda en la construcción de un “sentido” que justifique su modus operandi y, como ya lo he explicado antes, su herramienta es la esfera de las afecciones de los “colonizados”. Desde esta perspectiva recordemos cómo en el capítulo anterior expongo el uso de estas herramientas mediante la doctrina del shock que propone Klein; no podríamos hacernos los ciegos ante el manifiesto interés de la esfera económica-política en abarcar todos los campos de la creación humana, y siendo así, qué mejor territorio para esto que el arte y la estética.[a3]
Es muy importante anotar que el cuerpo, al igual que el arte y la estética, es uno de los lugares más instrumentalizados por el neoliberalismo, no obstante sea allí donde se activa esa capacidad de lo sensible. (ANDRADE, 2013, inédito)[6]
A partir de los datos históricos suscitados en el texto sobre la privatización de la cultura[7], también se podría ejemplificar cómo el Shock ha sido la manera en que han impuesto estos nuevos estatutos comerciales en el arte, al preguntarse rápidamente el por qué del eminente éxito de la “sucursal” del Guggenheim Museum Bilbao en España en comparación a la poca acogida que el pueblo berlinés le dio al Deustche Guggenheim Museum Berlin en Alemania. Esto se deduce acorde con la descripción que Klein hace sobre la función del shock en el documental homónimo a su libro, que parafraseando consiste en anular la memoria histórica para implantar una nueva que no contravenga con los intereses de las prácticas de las multinacionales, también llamadas ethos mercantil. A esto se refería Milton Friedman cuando hablaba en su teoría práctica de la Economía del Shock en dondese debía aprovechar la debilidad que enmarca a una sociedad en crisis para implantar de manera reiterada una serie infinita de privatizaciones. Bilbao y en general el país vasco, es pues un territorio ideal para garantizar el éxito de un museo-empresa multinacional ya que es acogido por sus habitantes como una imagen emblemática que los distrae de pensar en las tragedias que acontecieron en su historia. A diferencia de Berlín, que como consecuencia de la segunda guerra, fortaleció “desde abajo” su cultura usándola como medio de resistencia, por ejemplo usando el lado este del muro de Berlín, motivo icónico de la guerra como también de la unión del pueblo, como “la mayor galería al aire libre del mundo” [8]
El problema para el sujeto- artista comienza cuando los mecanismos operacionales del capitalismo cognitivo, este que usa las fuerzas creativas de los seres humanos como fuerza de trabajo, es aprehendido por los mismos y, lo que resulta más problemático aún, es aprobado como la manera más fácil, de conseguir sus logros profesionales. Operación que al convertirse en parte fundamental de la estructura psicológica de estos sujetos- artistas resulta responsable del “ego narcisista” que persigue con ahínco a los profesionales de esta área. Y sobre todo, aunque pareciera que se les enaltece por su elevada función en el sistema actual, ¡que no es nada más que la de “producir cultura”! lo cierto es que la gran mayoría de ellos sólo son la apretada clase media que sostiene y hace posible con su esfuerzo reiterado el éxito de unos pocos artistas estelares[9].
La industria del arte “debe” güetizar la mayoría de sus participantes cualificados con el fin de generar valor artístico […] el ejercito de trabajadores culturales sub y semi-empleados, realiza la función de aumentar precios de obras realizadas por un número selecto de artistas, cuya labor es a su vez lujosamente recompensada. (SHOLETTE, 2009)
Quiero concluir este capítulo deseando que en la cabeza del lector ya se hallen estructurados los argumentos de ésta crítica. Con esto no pretendo persuadir a nadie sino confrontar la realidad política y económica mundial con la esfera artística y que se ve reflejada en la construcción de la Industria de la cultura. Para terminar dejo a su consideración esta cita abierta para que la tenga presente en los capítulos siguientes.
Lejos de limitarse a una cuestión académica, la posibilidad de una colaboración histórica entre arte y capital, conlleva serias consecuencias para todo el que cree que la producción artística debe mantener cierta autonomía del mercado, o que el trabajo cultural es algo más que una simple labor instrumental, o más urgente que lo anterior, está la misión histórica del arte para comprometerse sin temor con la disidencia social. (SHOLETTE, 2009)
[1] Que es aquel que usa las capacidades creativas del “cognitariado” y ya no sólo las fuerzas mecánicas del proletariado (ROLNIK, 2006).
[2] Jimena Andrade (2013), en un texto en donde revisa el contenido de una entrevista a Suely Rolnik acota la siguiente aclaración acerca del afecto: “No hay que confundir el afecto con la emoción o el cariño, es importante definir esta noción desde la afección. Para Rolnik, las afecciones o el afecto, son los trazos de los otros cuerpos en nuestros cuerpos, es el efecto vivo de las afecciones de otro cuerpo en la propia experiencia vital; es nuestra voluntad de potencia como sinónimo de deseo”.
[3] A la luz de esta idea quisiera pedirle al lector que mantenga en su mente la coyuntura del Mito de Ronald Barthes que expongo en la página 15, para ir esclareciendo la forma en la que el mito se va transformando en arma a favor de los “desencantados”.
[5] Este es un concepto que Chin Tao Wu acuña para nombrar el modo de producción del sistema, entendiendo esta serie de prácticas como un ethos, o comportamiento, de las empresas privadas.
[6] La cita continúa para ampliar esta idea: “La creación, o la creatividad es uno de los sustratos perfectos para poder instaurar una política del deseo, que se instala en la capacidad creadora y desde ahí vende mundos idealizados, su poder se da mediante mecanismos de seducción y hechizo, para someter a los cuerpos y las mentes con la promesa de pertenecer a estos mundos ilusorios e idealizados” (ANDRADE, 2013)
[7] En el capítulo titulado “Una imagen para la capital vasca” del libro de Chin Tao Wu, pagina 332 de la edición añadida en la lista de referentes.
[8] Tomado de una reseña anónima https://www.berlin.de/mauer/orte/east_side_gallery/index.es.php?objekt=1
[9] Gregory Sholette (2009) realizó una investigación mucho más a fondo de esta circunstancia que acaece en el mundo artístico, que incluye estadísticas e información puntual que señala las consecuencias de esta metodología de la privatización.