Dejó escapar una risa baja cuando sintió los golpecitos sobre su mejilla. Su mirada nunca se apartó de la de ella, al contrario, parecía disfrutar cada segundo de aquella guerra absurda en la que ninguno de los dos estaba dispuesto a rendirse. Había algo casi adictivo en esa dinámica. Ninguno ganaba realmente. O quizá ambos lo hacían. La observó sonreír y, como siempre, todo lo demás desaparecía. "No." respondió con una tranquilidad impropia de él. "Cualquier promesa que te haga... la voy a cumplir." su voz había bajado apenas, perdiendo parte del tono juguetón que solía acompañarlo. "No importa qué venga." y lo peor era que no estaba exagerando. No estaba coqueteando por costumbre ni diciendo lo primero que se le ocurría para impresionarla. Cada palabra nacía de un lugar demasiado sincero. Eso lo desconcertaba incluso a él. ¿Cómo era posible sentirse tan perdido en ella y, al mismo tiempo, tan absurdamente seguro de querer seguir ese camino? Nunca había experimentado algo parecido. Era como si todo su caos interno encontrara un extraño orden únicamente cuando la tenía cerca.
Negó lentamente con la cabeza al escuchar el porcentaje que ella proponía y soltó un suspiro teatral. "Es imposible." declaró con absoluta seriedad. "No puedo hacer nada con lo que provocas en mí." alzó las manos, como si estuviera completamente indefenso ante aquella realidad. "Lamentablemente, la intensidad viene instalada de fábrica. No incluye botón para apagarla." hizo una pausa, fingiendo meditar profundamente la negociación. "Pero..." levantó un dedo, muy serio. "...por ti voy a luchar arduamente para reducirla." frunció el ceño, como si estuviera haciendo cálculos mentales complicadísimos. "...Diez por ciento." Asintió convencido. "Esa es mi oferta final. Estoy haciendo un sacrificio enorme."
La seriedad no le duró más de unos segundos antes de romper en una risa suave. Su mano encontró la de Mia casi por inercia, entrelazando sus dedos con naturalidad mientras acariciaba distraídamente el dorso de su mano con el pulgar. "Además..." murmuró con una sonrisa ladeada "Justamente porque soy así de intenso es que voy a hacer todo lo que me pidas." se encogió ligeramente de hombros. "Cualquier cosa." la miró directamente a los ojos, completamente convencido de lo que decía. "Así que, si lo piensas bien... te conviene." una chispa traviesa apareció en su mirada. "Es como tener un genio que cumple deseos." se inclinó hacia ella antes de rematar con una sonrisa un poco más amplia. "Sin límite de deseos... y, además, exclusivo para ti."
La observó unos segundos, dándole unos segundos para ver como reaccionaba, dentro de él, sintió nervios. ¿Era demasiado pronto? ¿No quería? Estaba bien, podría ajustarse a lo que sea que le acomodara mejor. Después soltó una risa baja, ladeando apenas la cabeza. "Resulta que estaba equivocado." Admitió sin el menor problema. "Ahora que ya te encontré... Creo que sí valdría la pena esperarte siempre." su sonrisa se volvió un poco más amplia, descaro volviendo a somarse por sus facciones, pero sus palabras seguían siendo ciertas. "Aunque tenga que convertirme en una leyenda local y ponerme a espantar turistas en alguna playa mientras pregunto si alguien ha visto a la hermosa mujer que desapareció de la isla." recordó inevitablemente aquella conversación junto a la fogata, cuando habían hablado precisamente de fantasmas, su manera de ver el amor, incluso, se había sincerado a contarle muchas cosas más personales. Qué irónico. Esa noche había cambiado demasiado. Desde entonces Mia no abandonó su cabeza ni un solo día.
Su mirada siguió la dirección que ella señalaba y encontró, casi de inmediato, a un par de empleadas fingiendo acomodar productos mientras claramente intentaban escuchar hasta el último detalle. Cassian carraspeó con una sonrisa resignada. Las conocía demasiado bien, sabía que ninguna rompería la confidencialidad con un cliente, pero también sabía exactamente quién recibiría un informe completísimo antes de terminar el turno: Genevieve. Y no tenía la menor intención de lidiar con el interrogatorio de su hermana mayor. No hoy. Hoy sólo quería disfrutar el hecho de que la castaña estaba allí. "No dirán nada a nadie fuera de mi hermana mayor." decide contarle. "Tienen contratos de confidencialidad." porque cualquiera que entrara a trabajar en Solenne inevitablemente se daría cuenta de la farsa de vida que llevaban los Drakos, era algo necesario.
Permaneció en silencio mientras la escuchaba. No intentó responder de inmediato, simplemente la observó con una atención directa que parecía reservar únicamente para ella. Cuando terminó de hablar, ladeó ligeramente la cabeza y una sonrisa mucho más suave se dibujó en sus labios. "Mia..." murmuró con calma. "A estas alturas ya deberías saber que yo no hago las cosas porque sienta que debo hacerlas." negó lentamente con la cabeza. "Si te lo estoy proponiendo es porque quiero hacerlo." su mirada no vaciló ni un instante. "Me gustaría que conocieras a los niños." lo dijo con la misma seguridad con la que hablaba de cualquier otra certeza importante de su vida. No había obligación, ni compromiso, ni una expectativa escondida detrás de la invitación. Simplemente era un deseo genuino.
Una pequeña risa escapó de sus labios antes de continuar. "No tienes que preocuparte por nada." se encogió ligeramente de hombros. "Ellos no son niños que cuestionen demasiado a las personas con las que nos rodeamos. De hecho, casi siempre asumen que cualquier persona de Helisperos es amiga de la familia." sonrió al recordar tantas escenas de su infancia, que involucro a muchas personas de la isla. Su madre llegó prácticamente sola a Helisperos y se hizo muy cercana con la comunidad de ahí, sus hijos terminaron siendo cercanos a los mayores de la isla inevitablemente. "Supongo que es lo bonito de crecer en una isla tan pequeña. Muchas de las abuelas de aquí me vieron crecer, todavía regañan a mi madre cuando hace alguna tontería y alimentan a mis hijos como si fueran sus propios nietos." la imagen le arrancó otra sonrisa. "Para ellos es completamente normal conocer gente nueva todo el tiempo."
Por un instante, su expresión cambió apenas. Hablar de sus niños siempre despertaba algo distinto en él, una calidez imposible de esconder. Eran, sin discusión, lo mejor que le había ocurrido en la vida. Todo lo demás podía desmoronarse, pero ellos seguían siendo su lugar seguro. Estaba inmensamente orgulloso de los niños en los que se estaban convirtiendo. A pesar de crecer rodeados de negocios, dinero, escándalos familiares y expectativas absurdas, seguían siendo dos pequeños increíblemente nobles. Amables con cualquiera, curiosos, transparentes, todavía completamente ajenos a la corrupción y las máscaras que tanto abundaban entre los adultos... incluso dentro de los propios Drakos. Y quizá por eso mismo quería que Mia los conociera, porque ella se había vuelto una persona importante para él en muy poco tiempo, normal que quisiera que conociera a las personitas más importantes de su vida.
Sus ojos volvieron a buscar los de ella y dio un pequeño paso hacia delante. "Estoy completamente seguro de que quiero que los conozcas." afirmó sin titubear. Después, con una sonrisa tranquila, dejó la decisión completamente en sus manos. "La verdadera pregunta es otra..." su voz se volvió un poco más suave. "¿Tú quieres conocerlos?" porque no quería presionarla a algo que no estuviera lista, eso estaba claro. No sería una comida seria, sabía que los niños no preguntarían nada indiscreto, ya sabían que no debían custionar demasiado, estaban muy pequeños para entender cómo funcionaba el matrimonio de sus padres.
Parte de Cassian, muy en el fondo, se sorprendió cuando la escuchó aceptar. La sonrisa apareció sola, creciendo todavía más conforme Mia comenzó a enumerar condiciones con una naturalidad que le resultaba absurdamente encantadora. Una risa baja escapó de sus labios mientras negaba con la cabeza. ¿Era normal disfrutar tanto aquello? Porque, honestamente, le fascinaba. Le encantaba que le pidiera cosas, que le diera órdenes, que actuara como si fuera perfectamente natural que él cumpliera cada uno de sus caprichos. Y lo peor era que lo haría con gusto. Sin discutir. Sin negociar. Simplemente porque verla satisfecha le provocaba una satisfacción impresionante a él. "Trato hecho." respondió mientras tomaba la maleta por el asa sin el menor esfuerzo. "Yo llevo la maleta, te compro algo para comer..." hizo una pausa deliberada, mirándola con una sonrisa divertida. "...y cualquier otra exigencia que aparezca en el camino también queda aprobada." asintió con absoluta seriedad fingida. "Hoy, y siempre, tienes presupuesto ilimitado."
La observó alejarse hacia la salida antes de girarse rumbo a la parte trasera de la tienda. Apenas cruzó la puerta encontró exactamente la escena que esperaba: la oficina de Genevieve completamente invadida por dos pequeños que parecían haber convertido el lugar en su centro de entretenimiento. Una sonrisa automática apareció en su rostro. Saludó a su hermana con un gesto de la mano antes de acercarse a ellos. "Bueno, equipo." anunció con solemnidad. "Su padre está muriéndose de hambre, así que tenemos una misión importantísima: ir a comer." como siempre, los pequeños obedecieron sin protestar. Primero corrieron hacia Genevieve para despedirse, dejando un beso en cada mejilla de su tía antes de recibir otro abrazo de vuelta. Cassian observó la escena con esa calidez que siempre le despertaban sus hijos. Antes de salir, señaló distraídamente a su hermana. "Te mando comida con mi asistente en un rato." comentó, sabiendo perfectamente que volvería a olvidarse de almorzar si nadie le recordaba.
Con la maleta todavía en una mano, salió finalmente de la tienda sujetando la pequeña mano de Lyra con la otra, mientras Elias caminaba unos pasos por delante, completamente entretenido mirando los escaparates de la plaza. Apenas cruzó la puerta, sus ojos encontraron enseguida a la chica esperándolos. Una sonrisa tranquila iluminó su rostro. Se agachó apenas para quedar un poco más cerca de los niños. "Oigan." llamó con suavidad. "Hoy vamos a comer con alguien." ambos levantaron la vista con curiosidad. Cassian dio un par de pasos hasta quedar junto a Mia. "Ella es Mia." explicó con confianza. "También vive aquí en Helisperos." después volvió la mirada hacia ella, incapaz de esconder el orgullo que siempre aparecía al hablar de ellos. "Mia..." sonrió con calidez. "Ellos son Elias..." señaló al pequeño que ya observaba a la joven con curiosidad. "...y esta princesa es Lyra." La niña escondió apenas media sonrisa detrás de la mano de su padre antes de hacer un pequeño saludo con la mano libre, ambos niños diciéndole que es un gusto conocerla. Cassian los contempló durante un instante, sintiendo que aquella escena tan sencilla valía muchísimo. "Tengo la camioneta estacionada fuera de la plaza ¿vamos?"