cualquier temor que estaba anteriormente desaparece de su interior al tiempo de oír su declaración inicial: que no va a decirle que no a nada. probablemente aquello levantaría algunas cejas, pero no las de casey, que lo acepta como si fuese una gran declaración de amor. no se detiene a pensar que es posible que se estén haciendo más daño que bien, porque no le importa. no si puede estar a su lado y disfrutar de los privilegios que tiene gracias a su estilo de vida. cuando él acuna su rostro, ella no puede evitar rendirse ante sus encantos, depositando un beso corto sobre sus labios. siguiente comentario sí la sorprende un poco. “ ¿no? ” busca confirmar. le entusiasma la idea de que sea la primera vez de ambos — por más retorcido que pueda sonar. cuando conoció a baz, pensó que no existían más primeras veces en su vida. lo había probado casi todo, había gozado de experiencias inimaginables. pero el francés, como con todo, llegó para romper con eso: le había enseñado cientos de cosas que ella desconocía, en las que ni siquiera pensaba en el día a día. después se ríe, claro, si alguien puede hacerla reír en estas circunstancias, es él. “ no puedo ocultártelo por más tiempo. ” concede. “ lo del reality es una pantalla. en realidad somos narcotraficantes. ” por unos momentos lo dice con total seriedad, mas luego termina rompiendo en una risita al tiempo de dejarse caer en el lugar vecino al suyo. mientras el chico explora sus cosas, ella se lleva una mano a la boca. “ ¿cómo? ¿tú no sabes? porque yo menos…. —aunque debe ser fácil. ” miente, e incluso toma una de las agujas aún cubiertas por un plástico protector observándola con detenimiento. “ esto va en el ojo, ¿no? ” solo entonces se delata, meneando la cabeza y depositándole un beso en la mejilla. “ he visto a mis amigos hacer esto varias veces. ” admite, cosa que no le genera ningún sentimiento en específico. aun así, no se lo ha contado a otra gente, ni siquiera a sus hermanas. sin embargo… “ y mi hermano me explicó cómo hacerlo de forma segura hace unos años. ” cosa que agradece, no solo por hacer de la experiencia algo más sencillo ahora que va a llevarla a cabo, sino más bien por el cuidado que tuvo el mayor para explicarle la seriedad del asunto a sabiendas de que eventualmente terminaría expuesta a algo así. “ no es tan complicado como parece. ” o eso quiere creer. está lista para descubrirlo al tiempo de hacerse de la cuchara libre, robando además el polvo de las manos del chico. la bolsa tiene un cierre hermético así que no es difícil calcular una dosis aproximada antes de cerrarlo. procura que esta no sea excesiva, lo último que necesitan es un mal viaje con una droga desconocida. “ más gente debería poder hablar de esto. ” reflexiona con la mirada aún puesta en pleno accionar. retira la jeringa y el minúsculo contenedor con agua para inyecciones, llenando la misma del líquido. “ pero todos son como gómez o dani: déjalo, es malo, te vas a matar. ” imita en un tono jocoso, para luego frenarse y, por fin, mirarlo. “ —menos tú, tú no eres como ellos. jamás me harías sentir mal por algo así. ” y está agradecida, porque es en el otro que ha encontrado el primer hogar donde se siente cien por ciento segura. le regala una sonrisa antes de volver a lo suyo, esparciendo el líquido por la cuchara para disolver la sustancia. “ cierra la mano y haz fuerza con el puño varias veces, lindito. ” indica, sumamente segura de la recomendación. su foco ahora pasar a ser del encendedor, el cual sitúa justo debajo de la cuchara, manteniendo el fuego por varios segundos hasta que el polvo ha adquirido una forma completamente líquida. vuelve a llenar la jeringa y esta vez sus ojos buscan el brazo del chico, examinándolo por unos segundos antes de determinar que usará las venas del antebrazo y no las de la muñeca. fija la vista en la más prominente, y antes de continuar, le dice: “ te adoro, baz. eres el amor de mi vida. ” si bien conversación ya había tomado lugar durante la última prueba, ahora lo dice totalmente sobria. ya no hay vuelta atrás. no hay remate alguno ni broma para disipar las sensaciones, solo una sonrisa que reafirma de lo que acaba de decir. luego se enfoca una vez más en el estupefaciente. con cuidado, toma el brazo del chico en la mano menos hábil, mientras que con la derecha, aproxima la aguja a su dermis. es sumamente cautelosa al tiempo de introducirla al encuentro con la vena, inyectando el contenido en un ritmo que normalmente no emplearía, casi siempre bastante descuidada con estas cosas. y, finalmente, la retira, colocando una pequeña gasa sobre la piel para frenar el sangrado, que dura apenas nos segundos. “ ¿qué tal? no estuvo tan mal, ¿no? ” es un tanto burlona, refiriéndose a él como si fuera una enfermera que acaba de sacarle sangre a un niño. aun así, espera estar en lo correcto: que no se haya sentido mal en lo absoluto. hace a un lado los insumos empleados y le extiende el resto del bolso, con otra jeringa, otra cuchara y otro minúsculo contenedor de agua. ” te toca a ti. ” afirma, extendiendo su propio brazo además.
no reprime la risotada que la humorada de casey con la jeringa despierta en él: baz siempre ha pensado que la rubia es la persona más graciosa que ha conocido en su vida, incluso antes de que despertase sentimientos más que platónicos en él — nadie más le hace reír tanto como ella ni le hace tan feliz con jugarretas tontas como esa. y puede que sea un poco retorcido, tomando en cuenta lo que están por hacer, pero la verdad es que a baz le gustaría vivir en este momento eternamente. los dos, solos en esta habitación, siendo ellos mismos. sin tener que fingir nada frente a nadie ni soportar miradas por encima del hombro de personas que no los conocen, que no entienden que casey y baz son felices a su manera y no requieren de extraños imponiéndoles reglas que hace mucho al francés dejaron de importarle. en estas cuatro paredes, existen solamente los dos; mientras esté enamorado de la californiana y esta le corresponda, en el mundo de baz no hay nadie más que casey. mención de gómez lo saca un poco de su ensueño, recordando la conversación que mantuvieron días atrás, cuando su compañero mencionó que le agradaba más cuando estaba sobrio y que lo que hace —lo que casey y baz hacen— no es algo que aprueba. y, aunque el francés no es muy de perseguir la aprobación de nadie, algo de la conversación comienza a hacerse eco en su mente en tanto la joven maneja los utensilios. por un segundo, piensa que todavía está a tiempo de arrepentirse, de convencer a casey que no es necesario hacer nada de esto. sin embargo, sus vacilaciones desaparecen en el momento en el que la californiana revela que él es el amor de su vida: si tuviese que saltar de un acantilado al vacío solo para oírlo otra vez, lo haría sin protestar, así que deja que ella le tome el brazo y haga lo que quiera con él. además, solamente están probando algo nuevo, y de todos modos, baz piensa que puede dejar las drogas cuando quiera. o eso es lo que se repite para calmar los nervios, el horrible presentimiento de que cometen un error. se recuerda que, en cuanto esa aguja se clave en su piel, todas sus preocupaciones quedarán atrás. “te amo, cas” se atreve a decir, sosteniendo su mirada justo antes de que la rubia le inyecte, para que no le queden dudas de que es algo que siente de verdad y no una mala broma o algo que ha dicho por mero impulso. cuando la rubia lo pincha, el dolor lo toma un poco por sorpresa, al igual que las náuseas, y tiene que apoyar la espalda contra la pared porque teme que perderá el equilibrio de mantenerse en su posición actual. no obstante, el subidón que le sigue segundos después eclipsa cualquier malestar que pueda estar sintiendo — este es el sentimiento que baz ha perseguido toda su vida y el hecho de que venga de la mano de casey capaldi solamente lo hace todo más perfecto: los demás pueden joderse, si él es feliz así, ¿qué importa lo que diga el resto? a baz solo le interesa lo que piense casey y nadie más. “¿haz considerado volverte enfermera?” bromea, palabras escapando algo atropelladas de sus labios en tanto la chica le acerca el contenido restante. intenta ser cuidadoso, pero la verdad es que no esperaba que la sustancia le pegase tan rápido y tan fuerte, así que le toma un poco de tiempo extra imitar todo el proceso de casey. bajo otras circunstancias, se avergonzaría por su torpeza, pero ahora no le importa nada más que lo que tiene enfrente. delicado, presta atención al brazo de la muchacha y, en un último esfuerzo, lleva la jeringa a su piel. inhala cuando la introduce, porque solo ha acertado al punto correcto de pura suerte más que por su propia precisión. “me puse nervioso, es mi primera vez” bromea, limpiando la sangre de la californiana con cuidado antes de volver a acomodarse junto a ella. “casey, yo… ” respira profundo y exhala. “lo que dije antes, no tienes que corresponder” dice, aprovechando un último instante de claridad, y la toma del rostro para besarla de nuevo. sus labios se mueven algo lánguidos y, con los brazos algo aletargados, es algo torpe al sostenerla entre sus brazos. “gracias” no lo dice por el estupefaciente. le agradece por ser su amiga, por escucharlo, por quererlo.