Entre cáscaras y sueños
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@beintiuno
Entre cáscaras y sueños

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Un papelito de bolsillo
Agata de rojo
Que avisen
Mi matricula buscaba un aprendizaje del científico y el pedagogo
Go
Ce me diste
Sin relación aprendiste
Aprendiste y desechaste
Armaste y eso basta, ahora mantente casta, si así lo quieres
Eso lo que quieres, no?
No era lo que yo quería, yo nos veía
Y ahora nos veo solo en poesía
En otra ciudad, en otras camas, en otros placeres y adentro mío
Ya no me fio del frio esquivo de tus palabras penetrantes en mi calma
Ni un bálsamo me diste ante la sentencia de mi palma, mal ma’
Si estoy mala mama, pero no te preocupes que voy a estar bien
Cien años no aguanta el tonto que lo aguante antes que se espante
Del cura y el curado de espanto, así ando, sin bando más que el mío
El mismísimo abismo me expulsa porque no soy digno
Mas bien indigno extingo las palabras que queman y los sentimientos que se amontonan
Tal como abotonaste el ultimo botón mama
Sin advertencias ante la consabida verdad que tú y yo conocíamos
Pero que chistando obviamos
Hoy ya olvidamos, pero no en disminución del recuerdo
Mas bien en el reemplazo del ocaso junto a un vaso que si que ayuda
Quiero que se mantenga muda mama, que no haya prisa para este deterioro
Sin moros, ni en la pampa, llanura vieja o costa
Algo de bosta serviría en primavera
Que florezca algo que aquí hay ausencia de un buen porvenir
Que venga para no ir, para vivir lo que perdí
Conmigo mismo, con otra, con ella misma o contigo
Que me cuenten los presentes del cuento cuando pase
Envases junto mientras, a ver si el destino avienta mas que el merecimiento del tinto vino
Esquivo en días festivos, ahora ya sin alivio también vivo lo que sido, sido y seré
Ya se fue, de un jueves, no lo veía y hoy ya lo ves, de tres en tres, y ahora que espere
Hecatombe, derrumbe, cruje y se triza si lo pisas
Del órgano bomba lisa y llanamente, paciente ritmo inconsecuente
O era lo realmente previsto
La consecuencia de lo que visto
Mas no de lo que he visto
De lo que me mostraron y listo
Me lo quitaron todo mama, algo tenía yo
Algo busco recordarme de entre lo que dejo
De entre lo que mi yo pasado escondió
Preparado para este violento momento
De la primavera en sus días de viento
En la lluvia matapajaritos
De esa que hoy vomito
Repitiendo el rito luego derrito lo único que me ata al deseo animal
El lácteo me mantiene reo, es hoy lo que deseo
Me desvío cual segundo crio
Ya llegara el momento cuando de mí mismo me rio
Hoy de mí mismo me lloro, espero no sea lo que de ella atesoro
Porque si hubo planicies plenas de ojos brillantes y sonrisa tímida
De momentos suyos y míos
Entre los 35 milímetros, las horas sobre ciclo dual
No sé hasta cuando estaré mal
Hasta que se pase no mas
Yo creo
Creo y espero
Y espero y ya no creo en lo que dices
O en lo que me digo o dicen
Que ya no pisen
Que cada uno duerma y me avisen
Rap s01e01
Denuevo se me acabaron las paginas blancas
Si no escribo ahora la mente se estanca
Si no compro pilsen, la resma me alcanza
Una por otra, pa poner en la balanza
\
Se que debería encontrar un trabajo
Del super choreo sus quesos y el ajo
Se que no me pillan pero igual rajo
Por estas calles sin arriba ni abajo
/
Llegando a casa me saluda el jabón
Pa visitar a los viejos no queda otra opción
Saludo a los cabros ya sin traducción
Algo que aprendan, nada aprendo yo
\
Desde que migre, emprendo mi camino
Algo hoy logre, no creo en el destino
El desplazamiento aveces es tactico
La migración, depende de mi animo
/
La calle no ensucio y a las 10 en silencio
Tiene sus beneficios, un día sin comercio
Aquí hay menos prejuicios, cuento lo que presencio
En mi hacen caso omiso, aunque he visto los desprecios
\
Que deje de quemarla, a ver si es psicoseo
Miro hacia el suelo cuando no me la creo
Creo no es empleo, es creer en lo que creo
Así que miro hacia el cielo pa buscar lo que deseo
/
Salgan de mi mente, que hacen aquí?
Les cuento otras cosas, hoy ya me decidi
Que valoro a los cabros solo por estar ahí
Por abrir la puerta y verlos sonreír
\
Hablan otro idioma, las bromas se asoman
A veces pareciera que solo pilsen toman
Son sinceros, al menos parecen serlo
Los escucho atento, casi creo entenderlos
/
Cocino y pongo rap, algo pareciera
Que se olvidan del tech, y la nuca movieran
Compartir la casa a veces me desespera
Sin imperativos, que hagan lo que quieran
\
Cada uno con su tiempo, y con sus momentos
Quizás se pase el mío, freno un poco, voy lento
/
Invento personajes cuando Emil me escribe
Archive cada una así el recuerdo vive
Ya partió su novela a ver como sigue
Desde ya lo felicito, eso ya se lo diiiiije
\
Porque valorar el fruto debiese estar exento
Solo que escriban me pone contento
Es como bailar, hoy no tomo asiento
Tomare siempre la mano que me invite a un cuento
/
Quizás no se nada sobre rap ni poesía
A decir verdad, llevo en esto solo un día
Poco me importa por si no te fias
Vacila la tu contradicción, mi hermano decía
En esa situación me encuentro todavía
Pensando que el amor, son solo porquerías
\
Al menos lo es, el que muestran en teve
El que el comercio vende y en un tiempo yo compre
/
No lo vuelvo a comprar busca que te convence
Cada uno con la suya, vamos que hoy lo vences
No es un consejo, solo me hablo a mi
No decir que hacer, eso ya lo comprendí
Tampoco juzgar, no siempre sonreír
A veces la penumbra se posa sobre ti
/
Nada mas rico que llorar cuando se puedE
Abrazar todas las emociones si que debes
Entre el poder y el deber no te quedes
NO son solo sutilezas, pero no te enredes
\
La enredadera es el enredo de la vida
No se de que trata, respuestas no me pidan
Te mando este rap así no me olvidas
Responde con un free o uno escrito, no te midas
/ J. Cole x Nas Type Beat - "Heavy Hustle" | Hip-Hop Guitar Type Beat Instrumental | Prod. By Esko - YouTube

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Carta a mi dealer
Estimado, si, estimado. En mi mente, a veces cuando estoy drogado, te imagino. Pienso en tus rasgos físicos, en tus capacidades y en tus objetivos. Intento hacerme una idea de tus convicciones, de si acaso estas ahorrando para comprar una moto nueva o para viajar con tus amigos por alguna playa lejana. Me pregunto si, en la ponderación de la ilegalidad de cometer el delito, estas consciente de mí. De todo el placer que gracias a ti he suscitado. Me gustaría escribirte para que sepas cuanto te aprecio. Quizás a esta altura para ti sea lamentablemente enterarte de lo que te confesare en unas cuantas líneas más adelante, quizás porque sospechas que mis sentimientos hacia ti son más que extrínsecos, mas no lo son, pero, aun así, realmente te agradezco. Agradezco tu labor, las vertiginosas andanzas de tu vida que han concluido, por ahora, en un muy buen vendedor de marihuana. Y si que has hecho bien tu trabajo estimado, mereces un reconocimiento ya que has sobresalido sobre absolutamente todos tus colegas con quienes he tenido la oportunidad de tratar (ni muchos ni pocos). Las diferencias saltan a la vista con los envoltorios de tus productos, esos trozos de papel listos para jugar y crear la figura de origami que cada uno de tus clientes estime lograble dentro de sus habilidades, son para mi valorables como un verdadero y detallista regalo cada vez que se posiciona sobre mis manos un paquete envuelto por las tuyas. Confieso, con la necesidad clara de expresarlo como una confidencia dado el carácter turbio de nuestro intercambio ilícito, que esperando respuesta de tu disponibilidad de entrega, he bromeado con la posibilidad de hacerte “la mexicana”. Justamente elucubré en esa chance con un amigo de la misma nacionalidad y le tuve que explicar que la expresión “hacer la mexicana” se le llama en algunos países latinos, y en la escena del tráfico, al acto de asaltar al vendedor de los objetos transados al margen de la legalidad. Este acto, generalmente, es hecho luego de prepactar un intercambio y en el momento físico del canje, intimidar con armas para quedarse con los bienes de ambas partes. Tranquilo, que cuando bromeábamos con mi amigo mexicano no habíamos acordado una entrega y solo pensábamos en esto para reírnos y disfrutar de nuestros últimos días juntos en aquí al este de Alemania.
No me extenderé mucho mas ya que puedo entender o predecir quizás, que sueles estar ocupado con cosas mas interesantes que leerme. Imagino que la obtención de variadas opciones en las cepas de tus productos requiere de una dedicación de horas-hombre mayor que a la lectura. Espero equivocarme y me despido de ti, pronto también de lo nuestro.
Deliciosa risa de frambuesa
Deliciosa risa de frambuesa
Ya llevaba tiempo queriendo estar solo así que tome una maleta que tenía arriba del closet y otra que tenía atrás de la puerta y eché algunas pilchas limpias que me quedaban. Llame al Luis que es mi vecino y le vendí una lavadora y el frigider que aun tenían cosas adentro. Me pagó dos chauchas, pero me alcanzaron para comprarme un boleto en bus para allá para el sur a ver si es tan cierta la canción esa del amor bien hecho. Así que con dos maletas partí hasta Puerto Montt y cuando llegué, hablé con unos jóvenes cerca de la estación que iban para la isla y que necesitaban llenar el auto para cruzar. No entendí muy bien porque lo necesitaban, ni siquiera me pidieron plata para la bencina o el ferry así que les di las gracias no más cuando me bajé ahí en Ancud y me puse a caminar por la plaza, bien contento te diré, porque se sentía otro aire, como más fresquito, la gente andaba también contenta, con los cachetitos coloraditos y se notaba que, como yo, eran buenos para el dulce y para la fritura. No andaba con mucha hambre al principio, así que me senté en la plaza y un caballero me dijo que por qué andaba pajareando. Me quede pensando en que cara había puesto para que me dijera eso, pero a pesar de que podía sonar como una ofensa, le dio risa el ver mi cara pasar de pajareando a paveando, se puso a reír echado para atrás y como yo no quería seguir resemblando ningún ave, me paré, lo miré por última vez y me di cuenta de que se le veían las muelas por la risa. De tanto ser el hazmerreír sí me dio hambre, pero más como antojo o ansiedad que se despertó cuando pase por una pastelería. Era una vitrina llena, pero llena de pasteles con crema, berlines, kuchen y mis favoritas, las delicias, que son como alfajores, pero rellenos de mermelada y espolvoreados con azúcar flor, la parte de la galleta de arriba tiene un orificio por el que se puede ver el sabor de la mermelada que lleva adentro. Así que entré y le pedí a las señoras, que también se estaban riendo, que si me daban dos delicias de frambuesa. Se pusieron de nuevo a reír más fuerte, ¿cómo va a ser posible que sea la burla de todos?, pensé, pero quizás era porque ahí se les decía de otra forma así que las apunte con el dedo y les pregunté de que se reían tanto. Mientras le daba una buena mascada a la primera delicia, o como se le llamara ahí, me dicen que había un par de lolos que se fueron recién y que los habían agarrado pal´ leseo, porque decían que los chiquillos andaban medios perdidos, como varios que pasan por ahí, o como yo. Ellas les preguntaron si querían conocer a la Gatita, y ellos preguntaron que quién era, y resulta que Gatita le decían al señor que horneaba y preparaba los dulces, el pastelero. Se echaban para atrás de tanta risa, abrían la boca para encontrar aire, se les veían las muelas mientras cerraban los ojos y dejaban escapar una lagrima risueña. Pegaron sendo grito para atrás a la cocina, ¡Gatita te buscan! Me dio risa a mí también cuando salió el pastelero quien era robusto y con los ojos como que se le salían de tanto esperar que se dejaran de reír. Seguramente era de la capital como yo y a los locales también les daba risa. Seguí caminando mientras me comía la otra delicia y me senté a ver los palafitos y como unos niños jugaban fútbol con un par que se veían mayores. Como el sol estaba calentito, puse una maleta sobre la banca y me eché a dormir. Soñé que me robaban las maletas y cuando me desperté me di cuenta de que no había sido nada un sueño, ninguno de los niños seguía en el parque y empezaba a correr el fresco de la tarde así que me puse a caminar buscando algún hostal para pasar la noche. Me di cuenta de que no andaba mucha gente ya a esa hora, de hecho, me extrañé porque no vi a nadie, cuando de repente paso un tipo corriendo seguido de un grito de mujer que gruñía a todo pulmón, ¡Fresco! Desapareció un par de cuadras más allá y con su desaparición me entro la soledad, ningún ancuditano paseando. Pensé que estaría jugando la selección chilena o algo así y no le presté mucha importancia al despoblado silencio de la vía pública. Encontré
un hostal que tenía todas las luces encendidas. Entré gritando “¡Aló!” pero igual nadie salió así que vi si había una pieza libre y estaban todas abiertas, con las luces prendidas y con las camas bien tendidas. Pensé que quizás el partido aun no terminaba así que fui al baño, y me bañé por presas, principalmente las axilas que ya andaban dando un aroma que me daba hambre, como al pino de una empanadita. Cuando salí del baño y me terminaba de abotonar la camisa, vi que en el comedor había una mesa llena de deleites para el paladar, había vino tinto servido en una jarra grande, un gran trozo de queso de campo y hortalizas. Salía un aroma hogareño que me transporto a mi infancia, como que sentí pertenencia ante el banquete, se veía como una invitación, como si me estuviesen esperando para cenar. Me dejé tentar y encorvé la espalda con ambas manos buscando alcanzar algo del festín. Disfruté cada bocado y al cabo de unos minutos, me eché un poquito para atrás, me desabroché el cinturón y pregunte que había de postre, riéndome para adentro, sabiendo que no había nadie más. Cuando de repente, para mi sorpresa, desde la cocina alguien dice, ¡sólo quedan delicias!, me asusté al principio y cuando me iba a parar para ir a ver quién era, veo que abren la puerta y era yo. Nos quedamos mirando un rato, con los mismos ojos que la Gatita. El yo de la cocina era un poco más viejo, se notaba que llevaba un tiempo ahí en la isla y me preguntó que por qué me había demorado tanto, le dije que me habían robado las maletas y se puso a reír tan fuerte que se pegó en la cabeza con la puerta cuando echo la cabeza para atrás. Me pasó las delicias y se fue riendo para la cocina mientras se sobaba la nuca. Éstas estaban más ricas que las que vendían las señoras en la tarde, tenían más mermelada y en cada mascada me quedaba el azúcar flor en la nariz y en la ropa. Me entró un tuto mortal, me fui acostar con el corazón contento y cuando desperté tenía de nuevo las maletas, una arriba del closet y otra atrás de la puerta.
Descripcion de la casa de Carl von Ossietzky para 2058
Hablo de este trozo no tan antiguo de cemento
Escondido del sol, traicionero, divergente, hospitalario.
Se que busca entre la niebla donde deshumedecerse del barniz matinal.
Solo a veces.
¿O es que de pinganilla se revela y como balsa lo presume buscando soledad?
Teatro, plaza, estación y ex guerrillas.
De apariciones, adoquines, cono doble y puerta verde.
De cambio estacional, viejos de mierda, el perro que muerde.
El trozo de cemento de congenito en parálisis.
Se preguntarán preguntas sin respuestas.
¿Está realmente en el sur? ¿En que trabajaba el pinche vato?
Demuestra del este, quizás cual es la innegable verdad.
Que de entre una carta, una naranja y el negocio de bicicletas
Que enjuicia
Y compra
Y arregla
Y vende
Y deja de ser amigo de la policía.
Si, una naranja, la nieve, el orgasmo hundido entre los ladrillos oblicuos.
Aves en sus orificios solo en primavera que cuando parten dejan caer el cemento en las cabezas.
De la gente que no eran los únicos habitantes,
y los bucan
y aparecen
y vuelven a irse si se esconden de su infierno.
Los nombres son solo eso y se olviden de desprenderse, de adormilar los ojos de los nuevos.
Este trozo de cemento y madera aplastado en sus ventanas, ondea al viento buscando la emancipación.
Cemento y asfalto y ladrillos y esquina ilegal, tropieza en la diversidad no tan amable del que murió creyéndose dueño.
Hoy comparte, come y vomita bilis con su mismos materiales orgánicos que tanto esfuerzo puso y nadie atino a comprender.
Que las cascaras anaranjadas tarden en llevárselo,
que los gusanos lo rechacen y que los pájaros lo coman y lo caguen.
Ahí aun encuentran si buscan.
Pelo, uñas, colillas y semen.
Aun buscan porque encontraron.
Trozos de transportes de segundo, tercero o cuarto pie.
Ya nadie los usa ni sabe de donde originaron su decadencia paulatina pero segura.
Como un desprecio, como una negación y un olvido sutil de un invierno largo y una primavera con maletas listas.
O también de los chubascos cesantes interrumpidos por el gris.
Listo el equipaje junto a las ratas descansa en el que fue de Chile sótano.
Las palabras son momentos
Cuando me inclino hacia adelante buscando escribir algunas palabras vomito.
Vomito todo el teclado.
El teclado queda lleno de palabras.
Salieron directo de mis intestinos.
Algunas palabras aun se pueden comprender, no fueron digeridas.
Otras están en pedacitos, como si ahora el teclado buscara absorber algunos de sus nutrientes.
Me gusta que haya algunas que ya no existen, que fueron ya adquiridas por mi.
Esas son las que quedaron.
Las que se mantuvieron dentro.
Y se secan.
Se secan y se anejan.
Quedan estiraditas, como recién impresas.
Algunas incluso desarrollaron raíces.
Encontraron a otras que parecían primos lejanos pero tenían algunas cosas en común y ahí quedaron.
Apoyándose la una a la otra, formaron algo mejor.
Formaron oraciones completas, algunas con puntos seguidos e intentando otra idea que algo de limitada relación tenia con la anterior.
Los limites entre párrafo a veces se hacen inminentes.
Como si llegara un fin, el punto va, pero no se sabe hasta que punto el punto es punto final.
Estaría bien si lo fuese.
Estaría bien si no lo fuese.
Fuese lo que fuese, será lo que será.
Porque al pan, pan, vino, vino.
Pilsen pilsen rematan algunos.
Tanto brindis que vomitan.
Vomitan sobre un auricular.
Tantas palabras que ya no valen un lamento
Un rencor
Ni una envidia
Que no valen
Todas valen
O valieron.
Valorables van y valerosas bailan en baldosas vomitadas.
De bilis
De meao di gato
Capicci?
En un poema se pueden decir todas las palabras
Hasta “viejo culiao“
como demostró redoles en su momento de mayor lucidez.
Pero hay algunas que no se podrán decir con sensatez
Palabras nuevas tal vez.
No se pueden inventar palabras en un poema.
De la iso, del sic, y el et al.
De esas mismas que alguien invento hay que hablar.
Las palabras ya se inventan y se usan y vuelven a bailar o a veces a ser vomitadas en pedacitos de novedades o milanesas en restaurant argentino.
De milonga de quilombo y guajiros.
De hojarascas al polvo y de los ángeles y macondo, de la inhalación y el respiro.
Y entre respiros la niña que se queja porque no pudo salir con quien quería por que tenia un problema que no lo supo explicar y que se lo entendieron mal.
Y llora, pero que llore, porque si llora es porque quiere llorar.
Vómitos con lagrimas.
Palabras hiladas al pasar, con hilo del set que venden los chinos a dos mangos o dos chauchas
vaya uno a saber.
Que sepan la palabras que su invención espera
Que la inyección se tarda
Que la discusión se prepara
Y que la niña te de la espalda
El violador también hablo de las palabras
O era misogino?
O las dos?
Se puede funar en poema?
Se puede definir en un poema?
De las estalactitas hablo.
Que que son las estalactitas?
Saber que son las estalactitas te enseria
Las estalactitas cuelgan
Las estalactitas no son necesariamente frias
Las estalactitas las he visto
A 2.000 el tour pa quien se ria
Me invitaron y después denuevo me volvieron a hacer una segunda invitación
Un convide
Pero no quedaban garrafas de vino
No vomitamos palabras, ni bilis pero vino y pan
pan pilsen
pilsen vino pan.
Lengua o labio?
Vómitos románticos
Un romance
Un espaldarazo
Y un momento
Tus momentos son palabras
Y las palabras
Existen
Obsesion de viaje
Quizás la casi obsesión con el viaje y el descubrimiento se relaciona con el deseo inequívoco de poseer, aunque sea por efímeros momentos, la vida de otros. Escudriñar por los rincones que ellos caminan, probar sus desayunos, las mismas formas en que ellos almuerzan o que ven sobre el hombro de su acompañante cuando se disponen a cenar. Imaginar por unos días, una semana, lo que sea, que yo soy como ellos, que puedo estar a su altura, porque de donde yo vengo el cuento no es así, es más peor, no tenemos de esas iglesias bien altas, ¿qué vamos a tener el cuidado de los ríos?, acá hay niños tapando hoyos en los pasajes, mientras allá tienen adoquines en calles compartidas. Quizás cuando viajo y en mi deseo por viajar realmente están las ganas de convertirme, caminar sin asombro para que en un descuido no vayan a descubrirme husmeando en los parques donde ellos se sientan a echarse, manteniendo la cordura de la fatiga en el diario vivir. Si me camuflo lo suficiente quizás no distingan mi acento, mis camisas y mi pantalón. Quizás si compro en sus tiendas podre ser como ellos, con sus encantos y con toda su mierda de parafernalia que no me vale para esquivar la inevitable vuelta a mi estructurada oficina en el decimo piso del edificio que esta junto a otro edificio y que entre casi 20 edificios hay un pedazo de pasto donde los trabajadores que construyeron otro edificio se sientan a fumarse un pito a la hora de almuerzo. Quizás la próxima vez que decida a donde viajar elija un lugar donde lo esencial no sea la mirada critica del local, o mi idea egocéntrica de que el local siquiera se preocupa de mí. Quizás no vaya a ningún lado, quizás me quedo acá viendo a donde fueron los otros, así me doy una vuelta en la plaza a ver si pillo a los que son de otro lado.

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Flores sinceras
Nunca conocí a mi mama, pero me encanta el día de la madre. Voy tempranito en bici a ayudar a la señora Filomena con su florería en Irarrázaval. Ella atiende y yo cobro. Me enseñó que a los indecisos se les tiene que escuchar la mirada. Desde ahí muestran las emociones más sinceras que a veces ni ellos mismos conocen. Y aunque aun no entiendo muy bien que tiene que ver con flores, ahora trato de oír a los ojos si es que doy mal el vuelto.
De la capilla al hospital
Por lo general, vivo mi cotidianeidad. Imagino que es lo mismo que todos, desayuno rápido, un par de micros e intentar ser productivo. Pero de noche logro transportarme a donde no puedo ir de día. Entre plumas creo traspasar el concreto e investigar que hay verdaderamente en la calle San Francisco. De día me asomo en las vitrinas de las tiendas, pero con los ojos cerrados podría entrar y descubrir realmente lo que la vidriería ocultaba cuando nos decían que se iban a colación. El problema de soñar son las ilimitadas posibilidades, siempre termina con un Barros Luco.
La contradiccion de la bici
Solo subiendo a la bici encuentro el momento de calma que buscaba. Sin música, claro, para prolongar mi vida, o mas bien no disminuirla en un error evitable por no oír a un distraído conductor que puede alcanzar a este distraído ciclista. Nadie me alcanza, yo soy el que alcanza al resto. Los rebaso en gran velocidad e incluso imito el sonido del viento mirándolos al pasar por algún lado en que hayan dejado un estrecho espacio. La carrera comienza cuando toco sus orgullos. A veces, mi superficialidad emerge a la superficie cuando juzgo al ciclista por su bicicleta, pero suelo pensar que incluso ante aquellos que son apoyados por un motor, tengo una oportunidad. Lo emocionante de la carrera es un camino en común, en calzar en la ruta y en la emoción de que las reglas se establecen de manera no verbal. Por lo general pierde el último en llegar a cada semáforo, pero el verdadero perdedor es el ultimo en ver la espalda del adversario. Después de atravesar la calle a través de un semáforo en rojo, me doy cuenta de que me había subido a la bici en busca de calma.
Ágata de rojo
1
Estoy con Franz caminando al borde del Moldava y los dos vamos mirando el piso buscando alguna piedra que patear. Como cada septiembre el clima varía al igual que las formas de gobierno de los territorios circundantes, si en la mañana unos chubascos nos habían dejado las chaquetas húmedas, ahora el sol nos permite llevarlas colgadas de un dedo sobre el hombro. Él siempre andaba así, cabizbajo, pensativo, sus palabras siempre eran precisas y no se desgastaba con pláticas para matar el silencio, iba incluso más allá, le gustaba solo a él comenzar el dialogo, así podía seguir hilando en sus propias ideas, interrumpiéndose solo para una retroalimentación ajena. Yo, por el contrario, desde agosto que pensaba sólo en Ágata.
2
Podría decir que conocí a Ágata mientras entregaba unos panfletos en la Plaza de la ciudad vieja. Fue hace un par de meses en que acompañaba de mala gana a Franz. No nos gustaba ir mucho a la plaza, al menos a mí, y es que la diversidad de clases sociales que se entremezclaban siempre permitía el escenario perfecto para un conflicto, muchas veces generado por el mismo Franz. Esta vez en cambio, la gente se estaba interesando en nuestras críticas a las últimas políticas del Reino de Bohemia, que restringían aún más la movilización entre regiones alegando los peligros de la guerra, pero la verdad era que la ciudad ya no daba abasto para el alto movimiento migratorio desde la ruralidad. Cuando la policía llegó a dispersarnos, yo supe que tenía que irme de ahí, pero Franz parecía aun no percatarse de lo que ocurría por estar concentrado discutiendo con algunos oligarcas. Me dirijo rápidamente hacia él para advertirle, y en el instante siguiente veo todos mis panfletos volando, un policía tiraba uno de mis brazos mientras otro me azotaba con una luma en el estómago. Lo más doloroso del golpe fue no alcanzar a anticiparme a él, lo que al instante me deja también sin aire en mis pulmones. Me entregué completamente solo cuando me inunda la tranquilidad de ver a Franz que lograba escapar sin mirar atrás. Cuando comenzaba a pensar en cuanto iba a tener que pagar por salir de prisión esta vez, y de donde sacaría el dinero ya que la mina estaba cerrada, escucho un grito, levanto en el acto la cabeza y vi que una chica con cara de batalla, con los ojos muy abiertos, casi desorbitados, mordiéndose el labio inferior y frunciendo la nariz, venía corriendo con una larga falda roja que adquiría un bello dinamismo tras cada zancada. Me pareció que ese instante quedó grabado en mi mente, verla con esa actitud combativa contra la policía y sobre todo el hecho de que corría hacia mí, a mi rescate, pensaba en decirle que me dejara, que no tomara tantos riesgos, que abandonara a este inútil hombre que se dejaba arrestar sin siquiera luchar. El gordo y bigotudo policía recibe un seco codazo en su mandíbula sin siquiera alcanzar a levantar los brazos que aun con fuerza me limitaban, el golpe lo manda al piso, la chica me da una mano tan rápida que no me termina de levantar porque yo ya estaba vencido. Pude ver como sus ojos de fuego cambiaban a un lamento cuando se posaban sobre los míos, como si hubiese descubierto mi ínfima existencia sin sentido, sin esperanza y sin orgullo. Cuando me suelta se echa a correr, ante el caos de la caída del policía y la atención que ella se roba, tomo aire y me levanto. No sé cómo conseguí fuerzas para correr, quizás porque sabía que ella era el amor de mi vida, pero cogí una pierna después de la otra sobre los adoquines para seguirla. Corrí como nunca en mi vida, nunca miré atrás, solo veía su espalda y una leve risa suya cuando miraba sobre su hombro viendo cuantos policías quedaban detrás nuestro. Después de cruzar el puente Manes, atravesamos el parque Spotkanie, y entre la llegada del tranvía a la estación, los perdimos definitivamente. Mientras retomaba el aire y me secaba la transpiración de la frente, ya en pleno centro de Malá Strana, me muestra su primera sonrisa, fue un tanto burlona, como mirándome despectivamente.
—Soy Ágata, me debes una cerveza —me dijo tomándose el pelo con ambas manos.
3
—Claramente la diferencia entre comprar conocimiento y la adquisición de alimentos recae en el carácter subjetivo de no saber que se está consiguiendo cuando compras comida o bebidas, pero con el conocimiento puedes saber objetivamente antes de consumir, si lo que comes es o puede ser peligroso —dice Franz esperando que complemente de alguna manera el inicio de su dialogo.
No entiendo a qué se refiere, estaba absorto pensando en que estaría haciendo Ágata, y si se acordaría que hoy tenía que recoger los panfletos desde la imprenta a tiempo para que luego alcanzáramos a pasar caminando por el Parque Letná. Franz, al caer en cuenta de mi desconexión, me mira decepcionado.
—Tsss —hace un sonido con su boca y poniéndose su chaqueta busca un cigarrillo. Mientras busco unos fósforos para compensar mi falta de réplica, me mira con un sutil desprecio, como si no le interesara.
—Tu noviecita nuevamente se olvidará de recoger los volantes —me dice.
Respondo con una gran sonrisa al darme cuenta de que Franz de a poco la reconoce como parte de mí y como una cooperación en nuestra lucha. Se que a pesar de lo que me dice, que siempre indica poca esperanza en los aportes que Ágata puede tener para la insurrección contra el rey, reconoce su espíritu luchador y su buena capacidad de réplica y contraargumentación a cada discusión que él comienza.
—No te preocupes amigo, si tomamos el tranvía alcanzamos a reunirnos con ella en la imprenta, si no está ahí, te invito unos smažák mientras esperamos que llegue —le digo convincentemente.
Como sé que Franz, tanto como yo, ama ese queso frito, difícilmente se resistiría, incluso con este incentivo él esperaría que Ágata se retrase.
4
Después de la primera cerveza que la invité para pagar mi deuda, compartimos en varias ocasiones que ella me llevaba a distintos bares para probar cada tipo de lúpulo que los establecimientos producían. Cada vez que probábamos algo distinto me decía que teníamos que viajar a Pilsen, que había un pequeño local familiar que tenía la cerveza más refrescante que pudiese existir, que independiente de cuantas tomaras, no se sentía saciedad ni mucho menos hinchazón, algunos incluso decían que poseía efectos medicinales. Con Ágata no creíamos ni la mitad, pero sabíamos que teníamos que probarlas una vez que los viajes interregionales comenzaran a realizarse nuevamente. Yo me reía y ella se reía de mí, como si cada una de mis muecas de placer al tomar cerveza fuera un chiste para ella. Ese verano disfrutamos y reímos como nunca, también nos entregamos en el arte del amor, compartimos la cama innumerables veces, solo para que en cada mañana siguiente ella encontrara una excusa para reírse y burlarse de mí. Yo sabia que momentos como esos no duraban para siempre, por lo que los atesoraba con una inmediata gratificación por su compañía, por habernos encontrado, por reírnos, por correr detrás de ella y por el invaluable codazo que le dio al policía. Dándome cuenta de esa valoración, un día en que ella terminaba de ordenar un par de jarras de cerveza, me acorde de su cara de batalla, y le pregunté:
—¿Te acuerdas el día en que pusiste toda tu fuerza en tu cara? —le dije con naturalidad mirando como se llenaban las jarras —¿Del día que pusiste la cara de batalla? —le terminé de preguntar.
—¿El mismo día que te abandonó Franz? —me contestó Ágata lista para reírse y con una jarra en cada mano.
—No me abandonó, es lo que habíamos conversado en caso de que viniera la policía —me apresuré a responderle—. Ese día, ¿Por qué fuiste realmente contra el policía? ¿Fuiste a por mí?
Su semblante cambió y se alejó de mi buscando una mesa. Le cogí el codo para que me diera una respuesta. Yo creí que no quiso responder porque pensaba que yo no estaba listo para escuchar que realmente no fue a por mí. Yo si lo sospechaba y no tenía ningún problema en entenderlo, pero cuando se voltea con una mirada húmeda que esquiva la mía, veo que algo de cerveza gotea de las jarras de vidrio, las tomo con ambas manos y ella sale del bar.
5
Nos subimos sin pagar al tranvía y nos sentamos en los últimos asientos, donde había menos gente y se podía ver hacia el este y al oeste por las ventanas laterales, mientras que el castillo en la montaña parecía seguirnos por la ventana norte en el fondo del vagón. Franz todavía de pie arma otro cigarrillo y pareciera que tiene toda su atención en el cometido de sus manos, me mira de reojo y me ve mirándolo, se sonríe y me pregunta:
—¿Has pensado en casarte con Ágata? —.
Lo dice con la mayor naturalidad del mundo, como si acabase de hacer cualquier pregunta, algo me molesta de su tono. Le pasa la lengua para cerrar el tabaco dentro del papel y se lo guarda bajo su boina y sobre su oreja. Ante mi falta de respuesta, me vuelve a mirar, levanta rápidamente una vez sus cejas y dice:
—Segunda vez del día que te quedas sin responder, es tan evidente tu enamoramiento que me da asco —.
Busca en su bolsillo los fósforos que yo le había pasado hace un rato y comienza a exhalar humo mientras toma asiento varios puestos alejado de mí. Me acerco, le quito el cigarrillo y lo boto por la ventana. Me quedo mirándolo como desafiándolo a que me golpee, me preocupo de estar tan cerca de él que incluso no tendría que pararse para alcanzar mi rostro con su puño.
—Tsss —pareciera protestar Franz con desprecio.
Levanta su mano derecha para rascarse una ceja, pero en acto reflejo cierro los ojos y aprieto los dientes para esperar el golpe. Cuando los abro veo que se baja del tranvía, las puertas se cierran y dándome la espalda parece buscar algo en sus bolsillos. El tranvía se pone en marcha y desde la ventana norte lo veo prender un cigarrillo.
6
Dejé las dos jarras de cerveza en una mesa cualquiera, la seguí afuera del bar y la encuentro sentada en el borde de la acera llorando. Nunca la había visto así, y mientras lamento ver tan lejana su diaria sonrisa, también me sofocaba la sensación de culpabilidad por su repentino llanto. Me senté a su derecha para contarle sobre la alegría que sentía por ese día, por rescatarme y darme esperanza cuando ya me había entregado ante la policía, le alcancé mi pañuelo y lo tomó con su mano izquierda mientras su derecha se posicionó sobre mi rodilla. Se seca algunas lágrimas y mirándome a los ojos me dice:
—Una semana antes de que nos conociéramos estaba con un grupo de compañeros con los que planeábamos un intento de sublevación contra el rey. Yo fui la primera en llegar ya que era la primera reunión a la que me invitaban. Conocía ya a la mayoría, pero nunca había visto a los lideres del movimiento de insurrección. En la mitad de la reunión llegó la policía. Jamás en mi vida había visto tanta sangre salpicando, la policía era la única con armas y los demás no alcanzaban a responder. Traté de pelear, pero un golpe me llegó en la cabeza y perdí el conocimiento. Desperté con mucho dolor en la nuca y entumida en frio. Estaba en una habitación oscura y muy desorientada. Cuando me doy cuenta de que estoy completamente desnuda veo hacia alrededor que es una celda y que un policía que me resguarda llama a otro. Veo a un hombre grande y obeso acercarse, me grita, pero no entiendo nada de lo que dice, solo me doy cuenta de que se desabrocha su cinturón mientras el otro policía me afirmaba de ambos brazos. Lo único que recuerdo es ese maldito bigote del gordo de mierda. Me tuvieron ahí un día y me soltaron sin decirme nada más. Me habían violado, pero lo único que quería saber era que mis compañeros estaban bien. Al día siguiente me entero de que los lideres fueron apresados y mis compañeros fallecieron por los golpes. Después de una semana de buscar a ese mismo policía lo encontré mientras te retenía. No pensé dos veces y lo golpeé con toda mi fuerza. Pensé mucho tiempo en simplemente matarlo, como si fuese lo único que me quedaba por hacer, pero también tenía un irrefrenable deseo de venganza, de que sufriera tanto como yo sufrí, que sintiera la profunda desesperanza de no saber que hacer ni a quien recurrir. Después de el codazo que le pegué al gordo, y te di la mano para levantarte supe que tú también estabas desesperanzado como yo. Me inundó de felicidad verte correr detrás mío y me volvió a dar fuerzas para vivir la relación que llevamos —.
Me puse de pie, le ofrecí una mano, se para frente a mi esquivando mi decidida mirada y le digo:
—Ágata, gracias por confiar en mí y contármelo, te apoyaré sea cual sea tu objetivo, sea lo que sea que tengas que hacer para estar tranquila y en paz. Construyamos mirando hacia el futuro juntos, con la certeza que puedes apoyarte en mi cada vez que lo necesites, se que no soy el más fuerte pero la verdad es que sin ti también he encontrado lo que me faltaba, quiero seguir conociendo cada parte de ti, además, todavía tenemos que visitar Pilsen —.
Ágata tomó mi mano y con una risa tímida me pregunta donde he dejado las cervezas.
7
Desciendo cabizbajo del tranvía, seguía pensando en mi estúpida reacción con Franz. Cuando levanto la cabeza, veo afuera de la oficina de imprenta un grupo de gente corriendo de un lado a otro. Entro corriendo al patio interior y veo a unas diez personas mirando a Ágata que estaba en el piso vestida con la misma falda roja con la que me había rescatado del policía. Me siento muy incómodo al pensarlo, pero aun envuelta en sangre se ve hermosa. Había sangre junto a ella, salía de su cabeza y la había derramado bajo una de las puertas, como si se hubiese desplazado moribunda hacia el patio de la vecindad. Uno de sus brazos extendidos parece apuntar a las personas que la miraban, algunos tienen expresiones repulsivas en sus rostros, otros discuten quizás para entender que es lo que había pasado. Me cuesta un par de segundos entender porque nadie la ayuda hasta que se me cruza la idea de que ya estaba muerta. El dueño de la imprenta estaba ahí, con sus manos tomadas tras su espalda parece desligarse de cualquier responsabilidad, mientras su ayudante, el más preocupado, creo que explica alguna teoría sobre qué le pasó a Ágata. Me parece muy respetuosa la distancia que tomaban todos frente a ella, un par de metros separa al grupo del cuerpo que está sobre adoquines, como si me estuviesen esperando para que yo entregara la conclusión sobre su vida. De alguna manera logra consolarme la posición corporal de una pequeña niña que mira delicadamente a Ágata, parece darse cuenta como yo de su belleza, de la delicada forma en que se destacaba su clavícula junto a su blusa blanca, como si fuese un modelo a seguir para el resto de su vida, la observa muy bien, casi tratando de recordar cada detalle que le permita alcanzar una belleza que solo conseguiría tendida sobre su propia sangre en el pavimento. Siento que llevo una eternidad apreciando el panorama, que he comprendido las emociones de cada una de las personas que estaban reunidas ahí, pero ¿cuáles son mis emociones? Siento que no necesito que nadie me explique nada, que puedo aceptar lo que veo. De pronto siento una mano sobre mi hombro, giro el cuello para ver que era Franz, sus ojos llenos de lágrimas me hacen caer en cuenta de lo que estaba pasando, me inunda una sensación de injusticia y un vacío vital, vuelvo a mirar hacia el frente y de pronto ya no puedo sostenerme en pie y caigo al suelo sobre mis rodillas, Franz alcanza a sostenerme con ambas manos desde los hombros. Me siento ahogado, no puedo respirar, incluso si trato de inhalar aire no puedo, como si mis pulmones ya estuviesen llenos de algo amargo, doloroso y asfixiante. Cierro los ojos y alcanzo a tomar algo de aire, siento el coraje de la cara de batalla de Ágata mirándome, cojo fuerzas y levanto una pierna sobre la otra, solo es un metro más, caigo junto a ella para gritar soltando todo ese aire que había alcanzado a inhalar, un grito seco y profundo de rabia y desconsuelo, el momento exacto en que caigo en cuenta que mi cuerpo ya no aguanta más, que todo en mí está roto y así quedaría para siempre. Tomo con mis manos la nuca de Ágata, aun estaba tibia, le limpio la sangre que puedo y solo una mirada al ayudante basta para que comience a explicarme lo sucedido. Dice entre balbuceos que había visto a dos policías irse hace unos minutos, uno de ellos muy joven, de tes blanca y delicada, el otro gordo y con un grueso bigote.
Bullita efimero
Compartir una pasión fue lo que me hizo enamorarme de ella. Nos conocimos como compañeros de la universidad y calzamos en un momento de fragilidad emocional, donde cada uno había terminado una larga relación con nuestras respectivas parejas. Quizás catalogarlas de larga es demasiado, pero cuando se tienen 19 años cualquier cantidad de tiempo es considerable. Nos veíamos en clase, y luego también durante las largas ventanas para la espera de la siguiente. A veces estudiábamos, otras íbamos a almorzar o comer algo juntos. Pero la mayoría del tiempo eran risas. Una tras otra nos regocijamos ante lo que no sabíamos que era amor, lo veíamos simplemente como compañía, amistad, cariño, un espacio seguro para desenvolvernos como éramos y donde eso bastaba para disfrutar la juventud. Tal era la seguridad que nos dábamos, que cada uno ampliamente compartía las últimas conversaciones, caos principalmente, con nuestras ex parejas. A veces era un reencuentro amoroso, otras un llamado inesperado. Fuera lo fuese, siempre terminaba entregando algún tipo de garantía de que ya no había vuelta atrás, de que esa relación ya estaba sentenciada, aunque nunca dándonos concretamente una oportunidad, más bien cada uno con una cuota de esperanza a que de una u otra forma las cosas desencadenarían de manera fortuita en algo para nosotros.
Nuestra pasión la compartimos desde nuestra amistad. Comenzó el año 2011 cuando no había partido de la U al que no asistiéramos. Ella tenía una suscripción anual que le entregaba su padre como acompañante del abonado principal, mientras que yo comencé adquiriendo un pase por 3 meses que calzaron justo con el final del campeonato nacional y la copa sudamericana. Recuerdo mi alegría de verla vestida de azul, de su gusto por el maní confitado que decaía a medida que la bolsa se vaciaba, convirtiendo cada maní en un proyectil con destino a las ya víctimas de la calvicie. Atesoro nuestra sorpresa y emoción al acercarnos al Estadio Nacional y ver como se comenzaba a teñir de azul el ambiente. Cada asistente con una camiseta que nos alegraba lúdicamente, tanto por nuestros intentos de descifrar el año en que fue utilizada o por nuestra burla por tener estampados jugadores que finalmente terminaron recalando en un equipo rival o simplemente que no dieron la talla. No puedo olvidar cada uno de los momentos antes y después del estadio, a veces flameando una bandera desde la ventana de la micro o inventando resultados a las personas que nos preguntaban el resultado del partido en la calle. Nos tocó principalmente jubilo. Un goce futbolístico consistente por casi 2 años y un amor que no se concretaba, donde las estrellas del equipo emigraban fuera de Chile y donde cada vez había menos clases juntos. Después de cada partido, al llegar a casa mi padre solía recordarme que disfrutara cada grito de gol y cada triunfo ya que el futbol, tanto como la vida consiste en etapas y que nada es para siempre.
Yo veía tan seguro cada triunfo que jamás podría siquiera disminuir mis expectativas, pensaba sinceramente que de aquí hacia adelante nada podría decaer. Pensaba que las ganancias por cada triunfo o venta de un jugador serian reinvertidas como corresponde, haciendo crecer al club cada día más e incluso algún día cumplir el sueño del estadio propio. La despedida del principal arquitecto de los triunfos fue el primer recordatorio o más bien enrostramiento de que mi padre tenía razón, no fue para siempre, nada lo es. Tampoco lo fue la dilatada amistad que no terminamos de concretar en algo romántico por inseguridades mutuas, por darle una alta ponderación a la opinión de otros, pero principalmente, por no atrevernos a dar el paso que con certeza sabíamos cada uno quería dar.

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