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﹝ H𝐢l𝐨s C𝐫u𝐳a𝐝o𝐬 ﹞
𝐒á𝐛𝐚𝐝𝐨 / 𝟭𝟬 / 𝟬𝟱 / 𝟮𝟬𝟰𝟱 “ ⏳ “ 🔑...
•°🐶. 𝑇𝑎𝑟𝑑𝑒 𝑜 𝑡𝑒𝑚𝑝𝑟𝑎𝑛𝑜 𝑖𝑏𝑎 𝑎 𝑝𝑎𝑠𝑎𝑟... ^~
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W̶e̶r̶e̶w̶o̶l̶f̶ ̶—̶ ̶C̶r̶o̶f̶t̶——̴Q̴u̴i̴l̴l̴
Rᴇsᴜᴍᴇɴ:
🖊️La casualidad tiene un sentido del humor bastante peculiar, y el encuentro entre Emma y Peter fue prueba viviente de ello. Todo comenzó en los pasillos mundanos de un supermercado. Emma caminaba tranquilamente hacia la sección de embutidos cuando su teléfono vibró con el mensaje de un número desconocido. En el texto, una pregunta directa: ¿qué cereales debía comprar? Asumiendo de inmediato que se trataba de su tío Baloo —quien tenía la molesta costumbre de cambiar de número telefónico a cada rato—, Emma respondió sin dudarlo, pidiendo unos *"Choco-Crunches"*. Al otro lado de la línea, en el pasillo de los cereales, Peter leyó la respuesta, y decidió no darle vueltas al asunto; contestó con un simple *"está bien, espero no equivocarme"* y guardó el teléfono, convencido de que le había escrito a la persona correcta.
Mientras el destino tejía ese invisible lazo telefónico, ambos continuaron con sus compras por separado. Cuando Peter llegó a la sección de mascotas. El costal de alimento para perro que necesitaba estaba en el estante más alto, fuera de su alcance. Fiel a su impulsiva forma de ser, Peter no buscó a un empleado: prefirió trepar a las rejillas de su propio carrito de supermercado, sacar una navaja para abrir el embalaje y jalar el pesado costal.
Y como era de esperarse, La gravedad no perdona. El peso del costal venció el equilibrio de Peter, el carrito se deslizó y él terminó en el suelo en una aparatosa caída, trayéndose abajo una avalancha de costales de alimento que sepultaron su dignidad, como la mitad de su cuerpo. Fue justo en ese ruidoso segundo cuando Emma, doblando la esquina del pasillo, llegó al lugar y presenció el desastre completo.
C𝐨n𝐭i𝐧u𝐚c𝐢ó𝐧:
𝐸𝑚𝑚𝑎: 🐺
Guardé el teléfono en el bolsillo de mi pantalón con una media sonrisa, sin darle ya mucha importancia a mi tío Baloo y su afán por cambiar de número a cada rato y sobre mi antojo sobre ese cereal de "Choco-Crunches". Continúe mi caminar por los pasillos y cualquier pensamiento sobre cualquier cosa que no fuera la escuela termino por esfumarse de golpe cuando doble la esquina hacia el pasillo de mascotas. Un estruendo masivo de metal, plástico y bolsas pesadas azotando el suelo hizo detenerme en seco, abriendo los ojos de par en par.
En medio del pasillo, sepultado a medias por una montaña de costales de alimento para perro y con un carrito de supermercado volcado a un lado, un hombre intentaba procesar su dolor y su orgullo herido. Me quedó estática un segundo, debatiéndome entre la preocupación y la enorme tentación de echarse a reír. Di unos pasos tentativos hacia el desastre, esquivando una de las bolsas que había rodado cerca de sus pies.
—Oye... —comente, alzando la voz para hacerme escuchar sobre el eco del desastre, mirándo desde arriba con una ceja arqueada—. No sé mucho de estrategia, pero creo que el alimento para perros te acaba de ganar la primera ronda. ¿Estás entero o llamo a una ambulancia?—observando los costales que rodeaban tu cuerpo y con algo de esfuerzo empecé a mover algunos.—La próxima vez, tal vez sea más fácil pedirle ayuda al chico de los pasillos...—
💫 @awesomegalaxysavior
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“Ay.… mmmhg”. Apreté los dientes y cerré los ojos con fuerza, llevándome una mano a la nuca. No era la primera vez —ni sería la última— que me daba un golpe tan fuerte en la cabeza. Aparte del dolor evidente, no podía sentir humedad alguna que pudiera indicar alguna herida; lo cual era sorprendente, ya que claramente había podido sentir cómo mi cerebro había rebotado dentro de mi cráneo al golpear el suelo.
A mi izquierda escuché una voz femenina—tenía una ligera sordera en mi oído izquierdo, por lo que el sonido era algo débil y distante—y abrí un ojo para encontrarme cara a cara con una joven rubia que, para mi mala suerte, seguramente había sido testigo de mi propia estupidez que me había llevado al piso. Fabuloso. Entre el dolor de cabeza —así como en el hombro, el codo y la rodilla derecha—, el fuerte olor a croquetas y el aturdimiento, no llegué a entender bien sus palabras, salvo algo sobre como hubiera sido mejor que hubiera pedido ayuda.
“Esos pendejos siempre desaparecen cuando los necesitas”, refunfuñé mientras me incorporaba y apoyaba en mi brazo menos dolorido, y después le murmuré un apresurado “gracias” a la chica después de que me quitara de encima una bolsa que había caído sobre mi cuerpo.
Mientras el dolor se calmaba, me quedé mirando el desorden que tenía delante y encima de mí y suspiré, algo divertido. “Bueno. . . ¿Tienes perros?” Levanté la vista hacia la chica con una sonrisa burlona durante un breve momento y luego señalé los montones de bolsas. “Porque me equivoqué de cálculo y agarré más de las que puedo llevar.”










