Chifuyu no salía de su sorpresa, más allá del desconocido y esta peculiar situación, le parecía sumamente increíble que el gato sólo respondiera a un nombre que él no había logrado adivinar. “Peke J.” repitió, mirando al gato reaccionar como nunca lo había hecho. Quizás aquello le causaría risa más tarde. Ahora mismo, parte de su atención estaba en el chico y aquella sonrisa suya que le provocaba quedarse sumamente quieto… como un gato sorprendido, considerando si la persona enfrente de él era confiable o no.
Chifuyu no confiaba fácilmente en las personas, todos tenían motivos ocultos y traicionaban fácilmente, Sin embargo, no podía negar la curiosidad que sentía por el otro chico. ¿Qué clase de persona se portaba así de bien con un gato desconocido? “Pues…” miró a Peke J, y luego al chico, y asintió. “Está bien.”
La escena que ocurrió después no era desconocida a sus propias experiencias, pero era una sensación peculiar verlo como un tercero en escena, a decir verdad. Chifuyu dejó a Peke J en el piso, y el gato subió unas escaleras, esperando a los otros dos. “Ese fue un buen golpe.” reconoció. “No lo reconozco, ¿Es de otro distrito?” se refería al tipo en el piso, al que miró con desdén para concentrarse en los nudillos del chico. “Puedes pasar a limpiarte a mi casa antes de ir con tu mamá.” Hey, ¿Por qué le estaba ofreciendo ayuda?
Baji devolvió una enorme, orgullosa, sonrisa. Quitó su cabello del rostro, encogiéndose de hombros ante la pregunta. “Supongo. No lo había visto antes por aquí”. Y si lo volvía a ver, le daría otro recordatorio de no meterse en su camino. “Hey, eres buena persona”, Baji sonrió. Había visto como Peke J se daba en sus brazos, además ahora le ofrecía ayuda. No creía tener más razones, pero le agradaba el nuevo chico. Además, su arete estaba cool.
Tomó sus bolsas de las compras, acomodándolas para tener espacio y tomar a Peke J, pero el gato no aceptó ser cargado. Baji no enojó, el pequeño estaba en todo su derecho de decidir lo que quería. Ahora, ¿a qué casa iría Peke J? “Gracias... ¿Cómo te llamas? Baji Keisuke”, dijo señalándose. No sabía si el chico había oído su nombre antes, porque tampoco pasaba tan desapercibido con todos los líos en que se metía. Siguió al chico, haciendo pregunta tras pregunta. ¿Qué música te gusta? ¿De dónde vienes? ¿Cuándo adoptaste a Peke J?
Al llegar a la casa, tomó nota del número por si quería visitarlo. No estaba mal llevarse bien con alguien de su edad que viviera en el mismo edificio. En el baño limpió bien sus nudillos, notando el pequeño enrojecimiento que quedaba. Podía inventar alguna excusa, aunque no le sentaba bien mentir a su madre. No en este caso. “Oye, mira quien viene”, señaló al gato en el pasillo, caminando con tranquilidad hasta ellos. “Irás a comer a mi casa, ¿no? Puedes llevarlo, a Peke J”, se preguntó si sus madres se conocían, Recordaba vagamente a su mamá diciéndole que iría a saludar unos nuevos vecinos. Su teléfono sonó, ya sabía quién era. Mikey tenía un sonido especial. Contestó, diciendo que no podía y cortó. Más tarde podría juntarse con ellos, no había problema.