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This story was made in spanish.
The character is not created by me, only the story.
Al entrar me la encontré sentada en la silla escribiendo en su escritorio activando la insonorización y bloqueando las ventanas que dan hacia la oficina.
—¿Me llamaste?— pregunté.
—Hola, guapa, te estaba esperando.—me confiesa mientras sale de su escritorio y se sienta en el sillón gris de enfrente, sus tacones haciendo eco por la habitación.—Estoy hasta la madre de unas personas con las que estoy tratando. El negocio será internacional pero no me quieren dar todos los datos de la compra, estoy harta.—Admite mientras suspira y se para una última vez para avisar a las personas de afuera que no iba a atender propuestas en una hora y que se la dejara tranquila, al terminar se desplomó en el sofá cansada.
Aunque, ahora que lo pienso, no la había visto bien. Le di un repaso con los ojos, desde sus puntiagudos tacones negros subí a su pantalón negro de traje a la medida, este abrazaba sus curvas de una manera espectacular y empezaba en su cintura, tenía una camisa blanca de botones que fajó en el pantalón y desabrochó cuatro botones en este momento para aliviar la presión en el pecho, causando que se viera el encaje negro del brasier. Tragué duro.
—Ellie, ¿quieres que te haga un masaje en el cuello?—pregunté, un poco acalorada.
—Eres un cielo, por favor, cariño.
Caminé hacia atrás del sillón donde ella estaba sentada, acaricié su cuello suavemente para bajar a sus hombros y empezar a masajear; desde aquí se podía apreciar el encaje bien, lo identifiqué como el bra del conjunto negro que le había regalado hace dos días, debido a que acababa de cerrar un negocio y estaba muy orgullosa, Dios, si sigo recordando esa noche voy a terminar empapada.
—Ah, ahí masajéale más duro, tengo muy tenso ahí— dijo, interrumpiendo mis pensamientos, así que lo hice como ella me dijo.
Empezó a emitir sonidos de satisfacción debido al masaje pero debido a mi pensamiento anterior, no pude evitar removerme un poco al escucharlos. No me di cuenta de que había parado de masajear hasta que Ellie agarró mi mano, guiándome a que me sentara en el sillón donde ella descansaba. —¿Me puedo acostar un rato en ti? Estoy muy frustrada.— asentí, me acosté en el sillón de tal manera que su cabeza quedó recostada en mi pecho; me empecé a sentir nerviosa ya que podía sentir sus pechos a través de la ropa y sentí mi corazón acelerarse.
Después de unos segundos, Ellie alzó su cabeza, mirándome fijamente a los ojos.
—No se me quita el enojo. Tendrás que ayudarme a superarlo, y tus acelerados latidos me dicen que también lo desean.— La miré atónita mientras sentía la sangre subir a mis mejillas.
—Párate.—Ordenó mientras se sentaba de nuevo en el sillón y yo obedecí. Me planté delante de ella.—Quítate la ropa, y pobre de ti que dejes de mirarme a los ojos.—Así que la miré fijamente, un poco tímida ante la intensidad de su mirada pero empecé con quitarme el blazer y mi crop top negros, quedándome en mi balconet rojo que tenía un poco de transparencia, haciendo resaltar mis pezones ahora duros, la escuché suspirar.—Dios, me vuelves loca—añadió susurrando. Ya un poco agitada por la anticipación empecé quitándome el pantalón acampanado que llevaba, revelando el resto del conjunto de encaje rojo que cargaba.
—¿Está bien así, cariño?— Dije a propósito, sé lo mucho que la enciende que la llame así.
—Oh, eso está muy bien, siéntate aquí donde estoy, ya.—Ordenó, a lo cual también obedecí caminando hacia ella pero en eso, ella se paró y me sorprendió, creí que me iba a pedir que me sentara en ella así que solo me senté en su lugar mientras la observaba abrir un cajón del escritorio —¡Ah! Aquí está— anunció mientras me enseñaba un vibrador de color azul claro, me calenté aún más. Empezó a caminar hacia mí, haciendo repicar sus tacones relucientes.
—Abre las piernas— yo, aún nerviosa, lo hice; mientras se arrodillaba ante mí y con su dedo índice acariciaba mis pliegues por encima del encaje.—, estás tan mojada y todavía no te he tocado. Eres una puta desesperada ¿no es cierto?—dijo, maravillada mientras jugaba con mi ropa interior, rozando mi centro haciéndome gemir un poco del deseo. Al fin hizo mi calzón a un lado para jugar con mi clitoris, al principio lo empezó a tocar de arriba a abajo y presionarlo un poco de los lados, justo como me gusta haciéndome emitir otro chillido, esta vez más alto.—Tranquila, linda, todavía no hemos empezado.—comentó alzando su sonrisa en lo que se empezó a quitar la camisa, queriéndome enloquecer con sus pechos grandes y suaves envueltos por ese puto brasier que me detenían de ver lo que más deseaba chupar en este momento, hipnotizándome como siempre.
—¿Qué? ¿Quieres verlos?— dijo burlándose un poco.
—Dios mío, sí. Por favor.— supliqué en voz baja sin quitar la mirada de sus glandes. Aguanté la respiración cuando se lo empezó a quitar lentamente hasta dejarme ver sus rosados pezones, duros también por la excitación del momento y se puso de rodillas, sus pechos a la altura de mi cara.
—Chúpalos.—exigió. Y yo encantada no la contradije, agarré el pecho izquierdo, este se me derramaba de la mano y me metí su hermoso botón a la boca, saboreando el dulce sabor de su piel mientras acariciaba el derecho con mi otra mano.—¡Ah! Sí, así lámelos, eres una perra, llevas esperando esto todo el día, ¿no es cierto?—dijo entrecortadamente Ellie.
—Estoy muy mojada, ayúdame por favor.
Ellie rió con ganas porque era la primera vez en nuestra relación que le decía algo así, así que ató su castaña melena en una cola para agachar su cabeza entre mis piernas y besar mis labios, lo cual me hizo contener la respiración un momento, empezó haciendo círculos con su lengua alrededor de mi clit, haciéndome hacer la cabeza hacia atrás pero Ellie agarró mi cabeza mientras me hacía mirar hacia abajo, obligándome a hacer contacto visual conmigo, haciendo señas para indicarme que me mantuviera así. Por consiguiente empezó a trazar algo con su músculo que no logré entender debido a lo bien que se sentía pero que supongo es su nombre, mientras yo trataba de controlar mi respiración, ella se alejó y solté un quejido involuntario.
—¿Querías más, guapa? Esto no se ha acabado.— avisó mientras prendía el vibrador que había dejado al lado de nosotras en el sillón y lo mojaba de lubricante que en algún momento sacó (supongo que estaba demasiado distraída mirando sus tetas para darme cuenta). De la nada sentí algo vibrar en mi centro mientras Ellie lo empezaba a ingresar en mí, lo cual me sacó un gemido que llenó la habitación por la sorpresa.—Haremos un reto—empezó Ellie—, tú tendrás este juguete dentro unos minutos pero no te puedes correr, o te castigaré. Mientras tienes el vibrador ahí, montaré tu cara y no podrás parar. Acuéstate en el sillón. Ahora.
Obedecí y me acosté mientras la observaba pararse para quitarse el calzón, al mismo tiempo respiré profundamente al ver sin mucha conciencia por el placer que el vibrador me brindaba que los pechos botaban mucho más de lo que ella se movía.
Maravillada, observé como se acercaba lentamente hacia mí y ponía una pierna a cada lado de mi cara y se sentaba en ella, saboreando su esencia descubrí que estaba igual de mojada que yo. Empecé a mover mi lengua sin mucho control por los espasmos placenteros que tenía y la presión de controlar mi clímax pero supongo que estaba funcionando debido a los hermosos gemidos que salían de sus gruesos y suaves labios, cada vez me sentía más excitada, si es que eso era posible, el vibrador y sus sonidos me estaban llevando a la locura y al parecer a ella también porque podía sentirla temblar.
—Oh, Dios—pronunció mientras se quitaba de arriba de mí.
—¿Qué…qué pasó? ¿No te gustó?—pregunté preocupada.
—¿Que si no me gustó? Nena, creí que me saldrían los ojos de tanto voltearlos. Lo que pasa es que nos falta una cosa.—anunció con una sonrisa coqueta mientras sacaba el vibrador de mi interior, haciendo que me relajara un poco.
—¿Qué…—empecé mientras me relamía los labios al ver su cuerpo completo, era tan perfecto…—¿Qué nos falta, cariño?—Ellie deja el aparato sobre su escritorio y comienza a caminar hacia mí de una manera deliciosa para el ojo humano junto con la coqueta sonrisa que tanto la caracterizaba.
—La verdad es que te iba a dejar tener tu orgasmo sola, linda—confesó—, pero te ves tan jodidamente preciosa así de sudada y vulnerable ante mí que todo lo que se me ocurre es que quiero tu coño contra el mío, amor.
Juro que si no me he corrido todavía, es porque la quiero más cerca.
Se subió arriba de mí y subió su pierna derecha al sillón de tal manera que mi pierna izquierda quedara abajo de ella y la derecha ella la detuviera con sus manos. Entonces empezó a acariciar su centro con el mío, causándome una satisfacción inmensa al ver como sus pechos se movían al mismo tiempo que ella. De verdad que verla complacerse es una de las cosas más bellas y vulgares que he visto en la vida.
Ellie siguió rozando nuestros labios cada vez más rápido, provocando que gimiera su nombre múltiples veces y en múltiples tonos hasta que las dos llegamos a la cima y después al nirvana.
—Buen trabajo, hermosa— me felicitó risueña—, ya no tengo más tensiones —terminó. Se inclinó para besarme con gentileza.