Mi amor por ti es inexplicable, es tan fuerte, tan extraordinario. Comenzó tan natural, tan silencioso y poco a poco se fue apoderando de mí, de mi cuerpo, de mi alma, sin siquiera notarlo. Tan despacito como agua que corre por la ladera en una tarde lluviosa, y te fuiste metiendo a lo más profundo de mí ser, sin pedir permiso, sin medir consecuencias, solamente siendo tú, ese ser maravilloso que me fascinó desde el primer minuto de hablar. No es que inventara cualidades en ti, pues conozco muy bien tus defectos, tus demonios que no te dejan expresar emociones, ¿Qué qué es lo que veo? Un niño indefenso y vulnerable, que desea tanto el cariño y comprensión pero tiene tanto miedo de pedirlo, de si quiera mostrarlo, se que no dices lo que sientes, ni lo que quieres hacer, simplemente dejas que yo lo deduzca. Sé que eres tierno, amas los gatos, te encanta el café pero más la cerveza, no duermes bien y no dejas que nadie te diga que hacer. Sé que mezclas las comidas, te gustan tanto los videojuegos como la tecnología, prefieres mojarte en los días lluviosos, no te sostienes de los pasamanos en el metro y doblas perfectamente las mangas de tus camisas. No platicas mucho, pero cuando lo haces podría escucharte por horas. Conservas cosas que nadie más guardaría pero olvidas las fechas de cumpleaños, eres muy cuidadoso con tus pertenencias pero más aún con tu corazón.
Y ahí estaba yo, presa, sin saberlo, de tus palabras, de tu mente, de tus sueños, de tu forma de ser tan única y peculiar.
Al darme cuenta ya era tarde, no podía y ya no quería alejarme de ti, pero tuve que hacerlo porque me dañaba, me dolía y no entendía como llevar las cosas, como viviría así, contigo pero sin ti. Así lejos, aún estabas, nuca te fuiste, vivías en cada pensamiento, en cada oración y plegaria. Pasaron nueve meses, en los que no pude alejarte de mi mente y menos de mi corazón, pensaba en ti cada día. Preguntándome si estarías bien, si trabajabas mucho, si dormías bien.
Un día de marzo envié ese mensaje que sería el comienzo de una nueva oportunidad para ambos, esa oportunidad que estaría llena de mil emociones, sufrimiento, arranques, decisiones tormentosas, todo claro por mi parte ya que estoy segura que por tu cabeza no pasaba ni la mínima parte de lo que yo sufría. Pues resultó un reto muy grande el volver a acercarme a ti, hasta la fecha no lo he conseguido, quizás nunca lo haga. Han pasado casi 3 años desde que nos conocimos, es demasiado tiempo para mí, nunca ningún hombre me había permitido entrar en su vida por tanto tiempo. Soportaste mis berrinches, mis desplantes, mis enojos. Quizás eso es lo que te hace especial, esa incapacidad de desesperación, esa inmensa paciencia.
Cuando intentaba acercarme te alejabas, entonces yo decidía que lo mejor era no molestarte más y no lo hacía, llegué en una ocasión a eliminarte de mis contactos pero eso no era suficiente, volviste a hablar, sabía que solo con pedirte que dejaras de hablarme lo harías pero no quería. Eso no era lo que quería, dejé que las cosas pasaran y siguieran su rumbo, y así fue, a veces sufría al no saber de ti pero no quería preguntarte, luego tu lo hacías, preguntabas cómo estaba y tus mensajes iluminaban mi mundo, hablábamos y era la más feliz, me sentía tan bien al saber de ti.
Definitivamente creo que hay una conexión demasiado fuerte entre nosotros, pues en los 3 años que nos conocemos nos hemos visto cada año, siempre se ha podido dar la oportunidad de vernos, cuando más te pienso apareces, como si tu alma escuchara a la mía gritando por ti, cuando alguien más muestra interés en mí ahí estás tú, como si lo supieras. Cuando estás en algún plan en mi mente, preguntas, anticipándote a mi petición. Es inexplicable como logras meterte en mi vida, mis planes, como si estuviera escrito que debes estar ahí. Un miedo inmenso me invade, porque a pesar que estás presente en mí vida no puedo evitar preguntarme ¿por cuánto tiempo? ¿Realmente qué sientes por mí? ¿Quién eres? ¿Qué quieres? ¿Por qué estás en mi vida?, porque te vas y vienes como si supieras que siempre estaré ahí para ti