Desde que empezaron a salir, Stiles tiene una obsesión con las axilas peludas de Derek 🥵
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Desde que empezaron a salir, Stiles tiene una obsesión con las axilas peludas de Derek 🥵
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Stiles apreciando la vista đź¤
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Theo fue a la playa con sus amigos para bajarse el estrĂ©s. HabĂa pasado una horrible semana en el trabajo, asĂ que todos decidieron darse una escapada.
Decidieron jugar un rato con el balĂłn que uno de ellos se llevĂł, Theo apartĂł la vista de sus amigos un momento y fue allĂ cuando se diĂł cuenta de aquel chico en la orilla de la playa, tenĂa una tabla de surf, pero lo que más llamĂł su atenciĂłn fue ese traje todo ajustado que tenĂa muy bien pegado a su figura.
Tan concentrado estaba que no sé percató de que uno de sus amigos golpeó el balón y fue directo a su cara, cayendo a la caliente arena.
—Perdón hermano —Dos de ellos le ayudaron a levantarse.
Pero ni pizca de atenciĂłn les prestaba, seguĂa concentrado en un punto fijo.
—El golpe te dejó más estúpido de lo usual o como.Unos dedos tronaron frente a sus ojos sacándolo del trance.
—Miren nada más que preciosura, chicos.
Todos vieron en la direcciĂłn a la que Theo tenĂa sus ojos.
—Será una estupenda noche para pegarle al asterisco.
Y no fue para nada mentira. Aquella noche fueron a una discoteca, encontrándose nuevamente con el mismo chico. Se acercó cuando fue la pista a bailar, resultaba que su nombre era Liam, hablaron, tomaron, una cosa llevo a la otra y terminaron en la habitación de Liam.
Theo acostado en la cama con Liam saltando encima suyo, devorando su polla con esas grandes montañas de carne, que rebotaban con cada embestida. Llevo sus manos a esta para abrirlas, aumentando sus movimientos y por sus corridas anteriores era más fácil ya que embarrutaban su polla y la entrada de Liam.
El sonido de sus huevos golpeando su piel era mĂşsica para sus oĂdos, pero más los gemidos que soltaba ese jugoso chico sobre Ă©l.
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Stiles es un aclamado fotógrafo en el mundo del deporte, cada foto tomada es un éxito rotundo, es aquà cuando el equipo de fútbol americano “Los Sabuesos” deciden contratarlo para una sección de fotos en grupo, pero una en especial con su mejor estrella y capitán del equipo, Derek Hale.
—Tomemos un descansó de cinco minutos en lo que cambió la bateria de la cámara.
Derek asintiĂł a lo dicho por el fotĂłgrafo sonriĂ©ndole, dicha sonrisa se volviĂł más afilada cuando estĂ© se girĂł para buscar la baterĂa y cambiarla. Era su oportunidad de hacer su cometido.
—Estaba pensando en cambiar un poco lo cotidiano de las tĂpicas fotos para diferenciar.
Stiles seguĂa viendo a la cámara configurandola nuevamente, ya que se habĂa apagado al cambiar de baterĂa, pero concentrado en lo que decĂa el deportista.
—Claro, siempre estoy a favor de que quieran hacer algo diferente.
—¿Qué le parece as�
LevantĂł la cabeza de la cámara para ver a Derek, la sonrisa en su rostro desapareciĂł, el capitán Hale se encontraba sin nada, haciendo una posĂ© tras otra, con cada cambiĂł su polla y huevos se movĂan a la par, hasta ver aquellas montañas de carne peludas.
—Creo que... Que lo mejor serĂa.
Y Derek se acercĂł hasta Ă©l parq plantarle un arrollador beso, de esos que te quitan el aliento. No habĂa tenido acciĂłn desde aquel entrevistador de noticias le estaba haciendo una entrevista para la secciĂłn de deportes. De la nada sintiĂł unas manos en su cuello hasta quedar con la cara pegada en la pared y el roce de la pelvis de Stiles con su trasero. Esto no era para nada lo que Ă©l tenĂa en mente.
—Muy bien jugado Hale —Le dio una fuerte nalgada—, pero a mà no me va eso de recibir.
Tragando saliva, Derek nada más volvió a sentir otro golpe más fuerte del lado derecho.
—Querias jugar con fuego y saliste quemado.
—Pero...
Stiles se arrodillĂł y abriĂł aquellas enormes bolas de carne y la vista del orificio peludo de Derek le hicieron salivar. Derek seguĂa en shock preguntándose donde habĂa quedado aquĂ©l sumiso y tĂmido fotĂłgrafo.
Las horas pasaron, ya ni sabĂa cuáles eran exactamente, lo Ăşnico que podĂa pensar era en como la gran barra de Stiles revolvĂa su interior, en como lo llenaba de maravilla y daba en el punto exacto. Sus rodillas dolĂan por la posiciĂłn en la que estaban con Stiles detrás suyo, sus cuerpos brillantes por el sudor y los sonidos generados por la uniĂłn de sus cuerpos llenaban el estudiĂł.
—Aquà viene.
Una fuerte embestida le hizo voltear los ojos y gritar por lo alto, gritĂł que se vio interrumpido cuando Stiles lo tomo por la garganta y los hizo darse un beso baboso. Era como la sexta o sĂ©ptima vez que recibĂa la potente carga blanca, cremosa y caliente llenarle.
SaliĂł del interior y Derek cayĂł de pecho al suelo con el trasero al aire, chorreando todo lo que dejaron en su interior.
—Mirá nada más como la super estrella está vuelta nada y solo por recibir la carga de un verdadero macho.
Quedando frente suyo lo tomo del cabello y lo hizo quedar arrodillado para darle unos golpes en la cara con su polla.
—Para que todos huelan la esencia de tu macho.
Y es que Derek no estaba solo sudado, tambiĂ©n habĂa marcas de todo lo que hicieron por horas, no sabĂa que dirĂa al dĂa siguiente que tuviera que estar en los vestidores con sus compañeros y vieran como estaba, pero valĂa por completo la pena.
—Espero ganen mañana —se hincó para quedar frente a frente—. Gana y tendrás tu recompensa.
—Si señor.Respondió todo atontado y feliz dejando un beso en los labios de Stiles.
Derek saboreando todo lo que se va a comer 🤤

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El catorce de febrero llegĂł y lastimosamente para Scott y Kip que serĂa su primer San ValentĂn tuvieron la suerte de que un partido importante se debĂa de dar fuera de Nueva York. Kip pensĂł que podrĂa ir, pero a su posgrado no le interesan las fechas especiales como para cancelar sus clases.
No tuvieron otra opciĂłn que hacer una vĂdeo llamada. Kip se preparĂł una cena, habĂa comprado el vino para la ocasiĂłn, asĂ que no lo iba a desperdiciar, el caso de Scott era diferente, no era muy bueno en el arte culinario a diferencia de su novio, y como estaba en un hotel no podĂa usar la cocina, asĂ que pidiĂł un menĂş parecido a lo que hizo Kip y tambiĂ©n un vino.
En cuanto acomodaron los telĂ©fonos y activaron las cámaras para la llamada una gran sonrisa bobalicona apareciĂł en el rostro de Scott y es que Kip era el dueño de sus suspiros, de su corazĂłn, de absolutamente todo, además de que tenĂa puesto su saco, adobada ver a Kip usando su ropa.
—Como me tientas usando mi ropa, cariño —no pudo evitar pensar en voz alta.
A lo que se ganĂł una sonrisa pĂcara de Kip.
—No tanto como te gusta quitarmela.
No podĂa negar aquella acusaciĂłn, si ver a Kip con su ropa era hermoso, verlo sin ella era un deleite para sus ojos.
—Me conoces tan bien —luego vió la comida en la bandeja frente a Kip—. Es un castigo no poder verte, como también el hecho de no poder degustar lo que preparaste.
—Cuando vuelvas te mimare tanto que prepárate tu comida favorita, amor.
Los dos siguieron hablando por un buen rato, Kip lo felicito por haber ganado el partido, que la prĂłxima vez estarĂa allĂ para apoyarlo, asĂ hasta que empezaron a tomar vino. Kip no pudo evitar soltar un suspirĂł triste, preocupando a Scott.
—¿Qué ocurre, nene? —dejó la copa en la bandeja.
—No es nada, solo, solo es que... —sus dedos jugaron su propia copa—. Ojalá estuvieras aquà conmigo.
Scott se sintiĂł mal al escucharle decir eso, Ă©l tambiĂ©n querĂa pasar San ValentĂn con Kip, pero el partido fue corrido para ese dĂa.
—Yo tambiĂ©n te extraño, cariño —se acerco más al celular—. Te prometo que no volveremos a pasar ningĂşn San ValentĂn de este modo.
Y asĂ fue, cada año que caĂa el catorce de febrero Scott lo reservaba para pasar el dĂa completo con Kip, ya sea que fuera en algĂşn otro paĂs, en casa, hasta en un parque, pero nadie podĂa volver a tocar ese dĂa.
La discusiĂłn entre Scott y Kip habĂa llegado al punto de que hasta los vecinos del piso de abajo muy seguramente los estaban escuchando gritarse el uno al otro.
—¡Cómo vas a entenderme si ni siquiera escuchas lo que te digo!
—¡El que no quiere entender aquà eres tú, sabes que esto es mi vida, Kip!
—¿Y nosotros que somos? ¿Tu pasatiempo?
—¡No! ¡Eso no es lo que quiero decir!
—Claro que sĂ, solo somos tu pasatiempo fuera de la cancha, de tus compañeros, de tus amigos, nada más.
Scott se pasĂł una mano por la frente y la otra la coloco en su cadera, estaba entrando en desesperaciĂłn.
—¿QuĂ© es lo que quieres que haga, Kip? ¡Solo dĂmelo!
—¡QUE DEJEMOS DE SER TU SUCIO SECRETO!
—¡QUE NO!
Kip no podĂa seguir un minuto más en ese apartamento, si seguĂan asĂ no iban a llegar a nada.
—Te quiero Scott, pero sino puedes comprender que nosotros no merecemos seguir viviendo asĂ, se terminĂł.
Los New York Admirals se encontraban en un partido en su propia casa, y todos los fanáticos estaban emocionados por el marcador, iban ganados por cuatro puntos con el equipo contrario y Scott, el capitán de los Admirals no solo se estaba luciendo con el público, sino también con su novio, Kip, quien se encontraba junto con las parejas e hijos de los compañeros de Hunter.
En eso la gran pantalla sobre la pista se centra en Kip y es allà cuando prácticamente todos los espectadores gritan de emoción al ver como se apoyan en cada uno de sus trabajos. Kip al verse en las pantallas se quita la chaqueta que tiene encima y se da la espalda para mostrarle a todos la camiseta con el Hunter y el número veintiuno, unas de las camisetas de juego de Scott, lo que ocasiona más gritos, haciendo que los jugadores se detengan un momento y Scott tenga una gran sonrisa al ver a su novio usando su uniforme.
—¡Vamos, cariño! —grita Kip lo más fuerte que puede para que Scott lo escuche—. ¡Hazlos comer hielo!
Y los fanáticos de los Admirals gritan en coro apoyando a la pareja. Carter que está cerca le da un golpe en el hombro de forma burlona.
—Tu novio tiene más atención que nosotros, ahora me siento celoso.
Y el juego se reanuda después de aquella interrupción. Scott ahora está decidido a demostrar aún más que no por nada es el capitán del equipo por lo que anota dos puntos más, ganando seis a dos. Los Admirals se despiden de los contrincantes por un buen juego. Las parejas e hijos los llevan al hielo y Scott rápidamente pátina hasta llegar a Kip, tomarlo entre sus brazos y besarlo como sino lo hubiera hecho la noche anterior o en la mañana y antes de entrar a los vestidores.
—Esos dos puntos fueron para ti, nene —beso las mejillas.
—Y todo por mostrarme con tu uniforme ante todos.
—Asi se lo pensaran dos veces antes de que alguien quiera coquetear contigo, eres mĂo.
—¿Celoso?
—Cuido lo que es mĂo...
—¡Oye Hunter! —grita Huff para llamar su atención—. ¡Déjalo respirar y tu Kip, no lo vuelvas más egocéntrico de lo que ya es!
Ante eso todos se rĂen y Scott no duda de besar un poco más a Kip para molestar a Huff.
—Estas sudado, ve a bañarte para ir a casa.
—Para que, allá vamos a seguir sudando toda la noche.
Kip se sonroja por las palabras de Scott y le da un leve golpe en el brazo derecho.
—Ya, ve a bañarte —acaricia la mejilla de Scott—. Y no te demores, estoy ansioso de llegar a casa.
Hunter sonrĂe y se va a los vestidores con el resto del equipo.
Dylan O'Brien in "Send Help" (2026)
Scott Hunter no es solo un jugador de Hockey, no, es el capitán del equipo de los New York Admirals, Toma su trabajo como lĂder de su equipo muy en serio, tratando de que no exista discordia entre ellos, siempre se esfuerza por dar el ciento diez por ciento en cada juego para ganar.
Es una buena vida, fama, dinero, lujos y más, pero siempre hay algo, ese sentimiento de soledad al llegar a casa y no tener a nadie que lo reciba o que después de un partido vea a sus compañeros con sus parejas e hijos sin importar si han sido victoriosos o perdedores.
Como todas las mañanas antes de ir a entrenar con el equipo, sale a trotar y asĂ poder despejar la mente de todo el estrĂ©s que carga dĂa a dĂa tanto de su vĂa personal, como laboral. Es en ese momento que se encuentra justo frente a un local de batidos, al que siempre mira de reojo cuando pasa casi todas las mañanas. No sabe que lo hace entrar por primera vez, pero lo hace y al entrar, un ambiente cálido y acogedor lo recibe.
Como pasan de las nueve casi no hay clientes, por lo que puede pasar un momento tranquilo sin tener que esconderse o pedirle amablemente a las personas que lo reconocen que le den un momento para poder estar tranquilo. Camina hasta el mostrador donde encuentra un empleando de espaldas, con una revista y sus auriculares puestos.
—Hola.
Aquel empleado no lo escucha por lo que extiende la mano, le toca el hombro para llamar su atenciĂłn, pero ante la repentina acciĂłn este se asusta y tira la revista, pegando un leve grito por el susto.
—Lo siento, lo siento —Scott se preocupa y trata de disculparse—. PerdĂłn, yo solo querĂa...
Sus disculpas se ven interrumpidas al ver ya al chico frente, aĂşn un poco asustado, pero con una leve sonrisa en la cara.
—No lo escuché —se rasca la nuca—. ¿Qué le puedo ofrecer?
Pero Scott no puede escuchar nada a su alrededor, mucho menos lo que el guapo chico le está diciendo, solo se puede centrar en la belleza de aquel completo extraño, que lo ha cautivado.
—¿Se encuentra bien? —se rĂe un poco tĂmido por la mirada de aquel sujeto.
Scott se derrite internamente ante la sonrisa tĂmida que le están ofreciendo.
—¿Ya te han dicho lo hermoso que eres?

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DespuĂ©s de la muerte de Claudia, los ánimos en el rancho Stilinski no eran lo mismo, aquĂ©l calor que unĂa a esa pequeña familia se habĂa ido, Noah perdiĂł a su esposa y compañera, su hijo perdiĂł a su madre, eran muy unidos, ese par siempre le sacaban canas verdes, pero eran su luz, no podĂa perder ambas, por eso decidiĂł que irĂan una temporada a la ciudad.
Al ser dueños de las tierras fĂ©rtiles del rancho tenĂan mucho dinero.No era sorpresa que tuvieran un lugar en la ciudad. Dejo a cargo a Parrish, su mano derecha que lo mantendrĂa informado de todo. Fue obvio que Stiles no querrĂa irse, pero era lo mejor.
—No nos iremos para siempre, niño —lo abrazĂł para calmarlo—. Solo necesitamos estar un tiempo fuera, tu madre estarĂa de acuerdo con esto, necesitamos sanar y estar aquĂ lo hace difĂcil.
Fueron las palabras que Noah le dio a Stiles para que se logrará calmar y se fueran a la ciudad. Al llegar algo nuevo que hizo fue inscribirlo a una de las mejores escuelas del lugar, Stiles tenĂa escuela en casa, pero era un chico extremadamente inteligente, asĂ que entrar casi a mitad de ciclo fue inconveniente.
Lo difĂcil fue tener que soportar las burlas de algunos chicos del instituto por su lugar de origen y su forma de hablar, por lo que se ganĂł el apodo “Rancherito” como significado de burla. No todos eran horribles, un chico rubio y su mejor amigo le dieron la mejor bienvenida, asĂ que por lo menos no pasaba solo.
Un grupo de adolescentes ubicados en el estacionamiento veĂan con burla una foto en el telĂ©fono, habĂan logrado encontrar el perfil de Stiles, o comprarĂa mucho, la mayorĂa de cosas que tenĂa eran del campo, con los animales del rancho y una que otra foto suya.
—¿De dĂłnde habrá sacado ese celular? —Matt se reĂa a todo pulmĂłn.
—MĂnimo se lo robo ese muerto de hambre —Jackson era el tĂpico hijo de papi y mami clasista.
—DeberĂa darle vergĂĽenza a ese pobretĂłn —rematĂł Derek.
Justo en ese momento vieron a Stiles bajar de una camioneta vieja, la vieja camioneta de Noah, no habĂa podido traer el Jeep de Stiles, ya que estaba en reparaciĂłn, pero apenas estuviera Parrish lo enviarĂa.
—Miren nada más, ya decĂa yo de donde venĂa ese olor a estiĂ©rcol —Jackson grito a todo pulmĂłn.
Pero Stiles ni mofa le hizo, siguiĂł caminando a la entrada del instituto, cosa que le enojo por ser ignorado.
—Mugroso, tienen los oĂdos llenos de mierda de vaca o es que no conocen de higiene en tu charco.
—Deberias ponerle empeñó a tus clases en lugar de molestarme, intento de rubia oxigenada —todos se empezaron a reĂr por el comentario de Stiles—. No queremos que Harris te vuelva a comparar con el “Rancherito”.
—¿Quién te crees que... —Derek intento defender a su amigo.
—Estoy hablando con el dueño del circo, no con sus payasos —lo que se ganó otra ola de burlas—. Las sombras como tú no valen nada, tu lugar es ser el inepto musculoso faltó de cerebro, pero veo que todos tienen excremento en lugar de cerebro.
Jackson y Matt quedaron enojados por recibir tal humillaciĂłn de aquel pueblerino, pero Derek, bueno, Ă©l no entendĂa cuales eran esos sentimientos que llegaron desde la primera vez que vio llegar a Stiles. Nadie le habĂa mirado, ni hablado de la forma en la que Stiles lo hacĂa desde su llegada y eso le carcomia la cabeza.
Stiles se quedĂł durmiendo en la casa, luego de un largo haber estado dos semanas en un caso importante en el FBI. Antes de irse y dejar a su marido descansar le dejo una merienda por si se levantaba antes de que volvieran del parque.
—Descansa, papi —Eli le dió un beso en la mejilla de su papá.
—Gracias, cariño —le revolvió el cabello—. Vayan con cuidado.
Derek se acercĂł, imitando un poco a su hijo, le robo un beso a Stiles.Al salir de la casa, activo la alarma, subiendo a Eli al carro, sentandolo en su sillita para bebĂ©s y fueron en direcciĂłn al parque. Eli tenĂa tan solo cuatro años, pero gracias a los genes de lobo de su padre, su desarrollo era más acelerado y parecĂa un niño de al menos seis años.
Ya estando allĂ, Derek le puso un poco de bloqueador a Eli para que el sol no le quemará y pudiera jugar, no sin antes decirle que cualquier cosa gritará su nombre. PasĂł una media hora y el lugar estaba lleno de niños jugando por aquĂ y por allá, Derek nada más le prestaba atenciĂłn a todo lo que Eli hacia. Estaba concentrado viendo a su hijo, que sus instintos de lobo no se dieron cuenta que una mujer se habĂa sentado hace tan solo unos segundos a su lado en el banco, quien lo veĂa como un filete andante.
—Me alegra que tu niño tenga un padre presente —soltó de la nada.
Derek la vio de reojo y siendo amable le dio una sonrisa y asintiĂł a lo dicho por aquella desconocida, quien no le fue suficiente tal acciĂłn.
—Ojala mi esposo fuera asà de atentó como tú —se acomodó la ropa—, además de muy guapo.
El aroma a deseo y calentura que desprendĂa le estaba sofocando y quemando la nariz a Derek, como si fuera el olor más desagradable.
—¿Qué tal si vamos a los baños de por allá? —soltó de la nada, sorprendiéndolo un poco.
Derek iba a responder, pero en eso Eli llegó a su lado con una cara de pocos amigos, mirando a la extraña mujer que no dejaba en paz a su papá.
—Oh, hola cariño —fingio, pero estaba molesta por ser interrumpida—. ¿Cómo te llamas, cariño?
—Eso no le importa —casi, casi que lo dijo rugiendo—. Deja de molestar a mi papá.
—Para nada cariño, estamos hablando cosas de adultos, no lo entenderĂas.
—Tengo cuatro, casi cinco años, no soy bobo —gruño—, y si no dejas a mi papá en paz, mi papi se va a molestar y no quieres aun papi molestó.
—¿Eres gay? ¡Que desperdicio!Tapó los ojos de Eli, para que no la escuchará y mucho menos lo que él le iba a decir.
—Ni aunque no lo fuera estarĂa con una persona tan desesperada como usted —la mirĂł con desprecio—. Usar a tu hijo para hacer estas cosas, simplemente asqueroso.
Tomó sus cosas y con su mano libre agarró la mano de Eli para irse al otro lado del parque, no iba a dejar que la tarde de su hijo se arruinará por aquella mujer.
Stiles no podĂa evitar reĂr con lo que dijo su bebĂ© de “alejando a las muerta de hambre” de su papá.
—Bien hecho, cariño —choco los cinco con Eli—. A cuidar a papá de la gente mala.
A Derek no sĂ© le hacĂa raro la posesividad de su hijo, era un cachorro de hombre lobo, los niños siempre eran demasiado posesivos de sus padres a esa edad, pero aumentado por los genes de Stiles, era innegable que eran padre e hijo.
Derek no supo en quĂ© punto tenĂa a aquel rubio teñido entre sus piernas comiendole el fundillo como si fuera su Ăşltima cena.
—Ese fundillo tiene hambre —se levantĂł y se acercĂł a su oĂdo— y yo le darĂ© hasta para llevar.
Para terminar con su agujero chorreando aquella caliente y espesa leche.
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Derek sale del gym y cuando está en su Camaro le manda un vĂdeo a Stiles
Derek walking into the gym and seeing Stiles hit the punching bag.