Este año se me ha hecho más largo de la cuenta, con un nudo en el estómago desde enero. 2023 ha sido un año en el que la tristeza se instaló en mi vida sin previo aviso, dejando cicatrices que, con el tiempo, se han convertido en marcas de aprendizaje que espero me valgan algún día en los terrenos empresarial, laboral y sentimental.
En estos largos meses, he sentido el amargo sabor de la despedida y el terrible dolor del desengaño. Personas en quienes confiaba me han decepcionado y, desde entonces, para mí, la confianza no tiene el mismo sentido.
2023 pasará a la historia como el año en que perdí más de lo que gané, como una puñalada directa al corazón. A veces la vida pasa por delante, a veces de largo, a veces por encima. Pero ojalá que siga pasando por donde sea. Eso significa que estamos viviendo.
Ha sido un año en el que he aprendido que está bien detenerse, parar en seco, cambiar de rumbo y permitirse caer hasta tocar fondo, pero he encontrado la forma de levantarme una vez más. He redescubierto el incalculable valor del apoyo familiar y de la amistad. Gracias a esas personas que me han levantado, alentado y animado, les debo un agradecimiento eterno.
2023 se ha convertido, sin duda, en mi "año de las personas", enseñándome quién está a mi lado en las buenas y en las muy malas, y mostrándome el verdadero significado del cariño y el apoyo. Gracias por mostrarme quién me quiere bien.
Mirando hacia 2024, no pido un año perfecto sino sinceridad, días amables y menos piedras en el camino. Busco la felicidad en miradas sinceras, en nuevos comienzos, en historias con finales felices y en principios que enamoran.
2023, me has dolido. Me has jodido. Pero, oye, no te guardo rencor; simplemente te mando a tomar por culo.





















