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era un talento, pisar una habitación y sacarle todos los colores. las comisuras de kenji cayeron progresivamente, hasta llegó a rodar los ojos para luego, girarse hacía sophie. a quien, sin mucho esfuerzo, solo con gestos faciales exagerados, hizo reir con una imitación del regaño de leyla. ah, sophie. con ella no tenía que fingir simpatía. ‘ no es para tanto, ’ agregó entre un resoplido, dedicandole una mirada de soslayo al llevar el pico de la botella de cerveza cerca de sus labios. ‘ estaba llorando desconsolada al lado de los juguetes y.. ’ apuntó con el mentón, para dejar en evidencia que a pesar de mejillas sonrojadas, rulos rubios desordenados y una manchita en su vestido, estaba tranquila. se hizo cargo y lo solucionó, sin su ayuda. ¿no era la discusión que tenían siempre? ¿que tenía que hacer su parte? ‘ con todo lo de la dentición. el frío ayuda a las encías inflamadas ’ o es lo que leyó de casualidad en el libro de papás primerizos que encontró en el cuarto. asintió, sin moverse a pesar de recibir una orden. ‘ buena idea. tengo las manos pegajosas. ’ y tras un sorbo de su bebida, la dejó de lado y se levantó para dirigirse al bolso. tomó una para sí mismo y le alcanzó el paquete. ‘ esa cosa rosada que le pusiste está sucia. ¿debería traer la camiseta de los dallas que le compré y ponérselo? se vería adorable ’
un respiro profundo no es suficiente para contener su exasperación. está segura de que los dejó solos no más de diez minutos, sólo el tiempo necesario para darle indicaciones a los meseros, y ahora su sobrina está hecha un desastre. por todo el cielo, ¿es que él realmente no podía tomarse nada en serio? "esa cosa, como lo llamas, es un vestido de casi trescientos dólares" refunfuña entre dientes casi por mero impulso. o quizás con la esperanza de que escuchar el precio por fin logre concederle algo de perspectiva. su expresión consigue suavizarse cuando se encuentra con la mirada de la pequeña y tiene que forzarse a sonreír. se recuerda que están en medio de una fiesta infantil y que sus vecinos siempre parecen demasiado interesados en seguir cada uno de los movimientos de ambos. "además, cubos pequeños de hielo también habrían bastado para la comezón. tanta azúcar es pésima para los bebés" continúa reprochando mientras frota un par de toallitas contra la mancha. "y no. de ninguna manera le pondremos esa cosa" es su turno de usar la palabra justo con el mismo tono que había sido empleado por su... ¿colega? ¿conocido? ¿amigo...? no, definitivamente ella y kenji no son amigos. un par de frotadas más contra el delicado tejido y tiene que rendirse. es inútil, esa mancha no saldrá ni un poco a estas alturas y leyla tiene que ahogar un gritillo de frustración. ¡era el atuendo perfecto y ella lo había planeado toda la semana! "¿puedes ayudarme a llevarla al auto?", pide —o casi demanda, en realidad—, mientras levanta con cuidado a sophie y se la extiende a él. "creo que tengo un cambio de ropa extra en el maletero."
para junseo nunca fue un problema cargar con el apellido de los han. se había acostumbrado a la prensa, las fiestas, las preguntas y hasta a sentirse observado. sin embargo, por alguna razón que desconoce, su corazón se aprieta en su pecho cada vez que horang vuelve un mérito cualquiera de sus talentos. ‘ a ella no le hace falta nada, pero seguro que un jun estaría más que feliz de acompañarla ’ mueve la galleta hacia la izquierda y luego a la derecha, al menos unas tres veces, antes de dejarla de vuelta en el platillo. no hablaba solo de la galleta. acomoda a la pequeña horang entre las estrellas, a un lado de un pino navideño. sin embargo, su atención abandona la loza tan pronto como sus palabras entraron por su oído. carraspea un poco, ¿por qué su corazón comenzaba a latir tan rápido de pronto? no era primera vez que se quedaba en casa de alguien más. tampoco de una chica. pero era la primera vez con ella, solos. el sofá. la habitación de emily. ella. él. solos. los dos solos. ‘ sí ’ la afirmativa sale antes de que pueda detenerla o elaborarla más. no tenía sentido ir y volver, tenía razón. pero no se quedaba por eso, sino porque quería aferrarse a cada segundo a su lado. quería escuchar la manecilla del reloj a su lado, moviéndose como si se tratara de una bomba que estaba a nada de explotar. ‘ sí quiero quedarme ’ carraspea un poco y saca el valor de bajar su mirada para verla. lleva sus manos hacia la cinta que ataba el delantal de cocina en su espalda, y lo saca por sobre su cabeza. no tarda en dejarlo sobre la mesa del centro de la cocina y camina hacia ella, suponía que habían terminado de decorar. ‘ ¿por qué escapas? ’ la molesta entre un par de risas. como si él no tuviese las mejillas tan rojas que subió el color hasta sus orejas, provocando que ardieran más que el horno. se detiene tras de ella y se permite abrazarla por la cintura, dejando que sus brazos se enredaran allí por un segundo. temía que su corazón se escuchara a través de su caja torácica y dejaran en evidencia que no estaba tan relajado como aparentaba. ‘ pero prefiero dormir en el suelo de tu habitación ’ murmura, apoyando su frente justo en su hombro. le gustaba sentirla cerca, saber que era real y no una invención de su cabeza. le gustaba la idea de que alguien lo quisiera por ser junseo. por ser él. ‘ no quiero despegarme de ti, sabiendo que no podré verte en un mes más ’ estaba acostumbrado a tomar un tren para ir a verla. sin darse cuenta, había monopolizado cada fin de semana. cada segundo libre. cada minuto. tanto en su cabeza como fuera de ella. ‘ por favor ’ en ese instante, sintió cómo su corazón se apretó del pánico. no quería que lo alejara, pero tampoco quería incomodarla. anhelaba darle su espacio, respetar cada una de esas barreras que se había encontrado en el camino, por más que no las decía en voz alta. horang era inteligente y astuta; lo suficiente para haberlo tenido a raya durante semanas, pero lentamente se dio cuenta que había algo más. algo que no se atrevía a preguntar en voz alta. al final del día, junseo han seguía siendo el mismo cobarde de siempre.
"estoy muy segura de que ella será feliz con un jun a su lado, no te preocupes", le sigue el juego mientras continúa enfocada en comenzar a dibujar la silueta de la decoración de la galleta con ayuda de un pincel fino. es inevitable que las palabras de junseo le saquen una sonrisa y la hagan sentir cálida en su interior. quizás horang podría atribuir a aquel nivel de concentración el 'desliz' que le sigue, cuando las palabras brotan de sus labios en forma de invitación con la facilidad característica de alguien que creció sin temor a decir o hacer lo que realmente sentía. sin embargo, es la aprehensión y nerviosismo que le siguen lo que delata aquello que le ha sido arrebatado desde hace años: su seguridad. no sólo en lo que le rodea sino también en sí misma. y lo detesta; casi tanto como detesta a esta nueva persona en la que se ha convertido, acostumbrada a caminar de puntillas entre cascarones, temerosa de lo que provoca en los demás, en las intenciones que reflejan sus palabras y acciones. asiente despacio mirando sobre su hombro apenas una fracción de segundo cuando escucha aquel 'sí quiero quedarme', como si no fuera la gran cosa. finge que es más interesante recolectar tazones y utensilios, no porque se arrepienta de lo que ha dicho sino en un intento por recobrar el control sobre sí misma. tiene que recordarse que es lo único que todavía posee. "no escapo" le contradice con una suave exhalación que vibra entre las sílabas haciendo imposible definir si es debido al nerviosismo o a la diversión que parecen debatirse en el centro de su pecho. una cosa es segura: no quiere hacerlo, no de él. "estoy intentando mantener el área de trabajo libre para evitar accidentes, ¿acaso nunca viste ratatouille?" su mano queda congelada a medio camino hacia la llave del grifo y se permite reconocer toda la presencia de junseo a sus espaldas; la calidez que emana en aquella cercanía y la fuerza que siente que le rodea al estar así, entre sus brazos. el mundo y su corazón parecen detenerse en un largo segundo mientras lo escucha para luego retomar un ritmo ligeramente acelerado. un particular efecto que sólo él parece tener sobre ella, incluso si no se ha dado cuenta. "no voy a dejar que duermas en el piso, jun" dice con suavidad tras un instante. intenta mirar sobre su hombro, pero todo lo que puede ver es el cabello ajeno así que, despacio, gira sobre sus talones, teniendo cuidado de no romper aquel abrazo. "quiero que duermas conmigo, en mi cama, pero sólo si dejas de actuar como si estuvieras a punto de ir a la guerra o de ausentarte una eternidad." sus dedos se mueven con suavidad sobre el rostro ajeno, delineando apenas de forma perceptible sus facciones con las puntas y no puede evitar sonreír cuando por fin deja que sus manos descansen sobre el pecho de junseo. "sólo serán unas semanas, y hablaremos todos los días." es consiente de que está tratando de minimizar todo, volverlo más ligero de lo que es para que el asunto deje de sentirse como un pequeño elefante en la habitación, tal y como se ha sentido desde que ella se negó a acompañarlo de vuelta a corea; pero también para convencerse a sí misma de que no hay nada de malo en ser la que se queda a esperar. "y estaré justo aquí para cuando vuelvas, ¿de acuerdo?"
No es mentira. Dhav era un hombre supersticioso y tenía un sin fin de experiencias personales para creer en ello. La única razón por la cuál ha sentido su llegada a ese lugar lo más similar a un calvario es por la creencia que alguien le está haciendo algo a propósito. Se rehúsa a ponerle nombre a su trastabillo y su falta de cuidado al correr. ¿Perder sus habilidades? ¡Imposible! ¿Es por comer demasiado pan de esa panadería? ¡Nah! ¿Los turnos interminables en ese horrible restaurante? Quizás. Mantener su fachada le está costando más en ese lugar que cualquier otro en el pasado. Hay vestigios de su agilidad tras agarrar estabilidad en otra figura, parpadea con la sensación de una bolsa vacía en sus manos. El pan debe estar polvoriento o peor, arruinado. La contusión en su frente comenzó a palpitar e intentó erguirse, todavía no se puso de pie. Su mirada viajó de la persona a quién falsamente acusó y a la criatura. “ ¿Qué es eso? ”, se siente extrañamente observado por sus ojos felinos. “ ¿Fuerte en qué aspecto...? No he sido yo, algo me ha empujado ” está seguro de ello. Debe haberse peleado con alguien que tiene costumbre por el chamanismo. Ya le pasó una vez, una supuesta bruja alteró su sueño por semanas. Miró la palma de sus manos con la piel dañada y rojizas a punto de estallar. Las limpió con la tela de su ropa. “ ¿Me veo bien...? Este pueblo es el culpable de todo ” puede sentirlo aunque su radar esté averiado y por el mismo mareo, se vio obligado en aceptar su ayuda. “ ¿No lo has notado? ”
el ruido sordo que hace aquel desconocido al caer de bruces contra el piso ha sido bastante fuerte y provoca que la fugaz oleada de culpa recorra el interior de haoran como prueba de que pudo haberlo evitado de haberlo querido. el problema es que, entre tantos turistas y nuevos habitantes, no está seguro de frente a quién estaría haciendo gala de sus reflejos poco humanos. "es una manul, tiene colmillos afilados y no le gusta cómo la estás mirando," explica y advierte al mismo tiempo. yuányuán es una criatura temperamental por naturaleza, pero también tiene un excelente instinto, y que mantenga toda su atención en el contrario no es algo usual. sin embargo, tras un par de segundos, el felino parece relajarse y se acerca a olisquear una de las hogazas de pan que han terminado desperdigadas en el piso mientras haoran hace un poco de fuerza para ayudar al contrario a ponerse en pie. "te ves como alguien que está a punto de tener un enorme chichón en la frente." comenta desestimando el recelo que aquel chico ha expresado contra el pueblo. a primera vista le parece un humano normal, pero ¿y si no lo fuera? "dime, ¿te sientes mareado? ¿o te duele mucho la cabeza?"
El movimiento de sus manos mantiene el ritmo a pesar de encontrarse con la presencia seelie, tallando concienzudamente a medida que la curva en sus labios va cobrando vida, ensanchando línea al imaginar a las chinchillas decepcionadas por falta de un souvenir. Al ser un fae, la naturaleza es parte de su existencia así como relacionarse con animales; a quiénes se acostumbra mucho más que otras especies. “ Una lástima, mis ojos fueron torturados todo el día, ¿y ni siquiera una funda? ” pronunció en voz alta, sin rastros de mal humor; o bien, queriendo entonar una broma. Con respecto a su siguiente pregunta, detuvo el tallado. Pausó el movimiento de la lámina de la obsidiana en el ébano.
Essien soltó una risita, suave e inesperada. “ Era, en efecto, una broma. No soy una hada madrina ” que regalaba protección a cualquiera. “ ¿Esto? Estoy dándole forma a un rodillo ” algo que el hierro no pueda romper y que no contamine la masa. Su panadería no tiene cerraduras de hierro; todo es reemplazado para no tener interferencias. “ Todos los utensilios están hechos por mí ” desde charolas, palas, moldes… Es muy metódico en su trabajo por no decir, desconfiado. “ ¿Qué hay de ti? ¿Mucho trabajo...? ” refiriéndose a la particularidad de convivencia con los humanos, cada uno limitándose a lo que puede soportar.
"nope, ni siquiera eso. tuve que escucharlas lamentarse tristes por tres días seguidos", confirma asintiendo varias veces porque aquello no era del todo mentira. diya y siddu, sus chinchillas, han sido sus constantes compañeros en el último par de años y, tal vez, las tiene demasiado consentidas. "estoy pensando seriamente en tejerles unos cojines de marmota yo misma." o al menos lo haría... si supiera cómo tejer. toma nota mental de la nueva habilidad que le gustaría aprender ahora que vive en aquel pueblo y, casi en seguida, vuelve su atención al contrario. su repentina risa y la propia curiosidad que juhi posee, la guían a terminar de cerrar la distancia y tomar asiento al otro lado de la mesa donde él esta trabajando. "parece que realmente sabes lo que haces", comenta con una ligera nota de genuina admiración luego de escuchar la explicación del unseelie. "supongo que podrías ser un hada madrina, si quisieras. a los humanos les gusta mucho ver pequeñas demostraciones de magia y, al parecer, tienen fe ciega en los amuletos", se permite bromear mientras sus ojos continúan siguiendo los movimientos ajenos, maravillada por lo rápido que comienza a tomar forma aquel rodillo. "hm, yo trabajo en el hospital. recibo llamadas, contesto preguntas sobre qué médico está en qué piso..." ahora que lo dice en voz alta, seguramente suena muy aburrido. "me llamo juhi, por cierto" se presenta, ofreciéndole la mano a través de la mesa.

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Es inevitable rodar los ojos ante el despliegue de cinismo. Aun así, no le molesta realmente, menos cuando ya está paseando libre sobre el asfalto y su mente ha decidido apagar todo pensamiento no relacionado con la cita del día de hoy. Algo increíble para ella, si se lo preguntan; en particular, tras semanas enteras sumida en un silencioso sufrimiento que la carcome al no culminar como desearía. "Si dejas que yo decida, no saldremos nunca del acuario". Anuncia, casi orgullosa, pero sobre todo, inusualmente contenta. Se nota en la suavidad de su expresión, en los músculos relajados y la mirada impaciente, en el lenguaje corporal que la invita a comportarse impulsiva, incluso un poquito caprichosa. No ha perdido de vista el actuar ajeno ni tampoco ese teléfono contra el cual sí que tiene algo personal. A pesar de que el semblante risueño se aviva poco a poco, una punzada de molestia la atraviesa apenas Yuxin dirige su atención al aparato. Cuando tira de su mano, en son de apremio, una sonrisa ladina comienza a asomarse. "No soy una mujer de ultimátums. Pero si decides prestarle más atención a tu teléfono que a esta cita, tendré que dejar de frecuentarte, ¿sabes?" El anhelo se hace presente frente a la taquilla, mientras observa a cada visitante pasar: niños con sombreritos, señoras con paraguas transparentes, hombres relajados tras jornadas enteras de trabajo. Ayaka se siente igual de tranquila en este espacio; el peso invisible de Lautersee y la agobiante sensación de estar atrapada se desvanecen en medio de un entusiasmo que, hace años, no sentía. El instante en que el panorama cambia, simulando una estancia bajo el océano y el agua que les rodea refleja una luz oscilante que enmarca las figuras, su corazón finalmente es liberado... Aunque sea un instante, aunque dure una sola tarde. Cada paso resuena en el espacio, como un eco silencioso que se produce en conjunto. Risas lejanas y exclamaciones de asombro llegan desde el final de ese primer pasillo. Mientras tanto, simplemente se acerca hacia el cristal más cercano, procurando seguir con la mirada el nado de un pequeño pez entre los corales. "Nada en particular". Admite, la sonrisa poco a poco creciendo en sus labios hasta culminar en un gesto sincero cuando voltea a observarlo. "Solo me encantan los acuarios. Todas mis citas han sido memorables en ellos". El comentario se emite sin malicia o intenciones ocultas, no hay insinuaciones de ningún tipo. Aunque sí existe cierta nostalgia implícita que se cuela en sus ojos cuando habla del tema y recuerda épocas que parecían mejores. Se pregunta entonces si tal vez cada una de esas citas desarrolladas en exactamente el mismo tipo de lugar han sido la bocanada de aire fresco que su vida necesitaba en aquellos precisos instantes.
"mandaré cerrar el acuario completo para ti, si es lo que quieres", asegura con un deje de solemnidad y el atisbo de una sonrisa sobrada una vez que han dejado atrás el paso apresurado que les ha llevado a la entrada del recinto. no sería tan difícil: una llamada, realizar una donación… el mundo de la cultura pública no suele cambiar mucho, sin importar el país en el que se encuentren. "pero me parece que es un poco extremista que quieras terminar conmigo sólo por mi teléfono", concluye, elevando el pequeño aparato hasta la altura de la mirada ajena, sólo para que quede constancia de la pantalla apagándose. no habría esperado que el acuario estuviera vacío, incluso a mitad de semana, pero el grupo escolar que les rodea apenas al entrar, consigue descolocarlo por un fugaz segundo, cuando aquella vista le recuerda de inmediato el verdadero objetivo que le ha traído a suiza. ¿a ian le gustarían los acuarios? espera tener la oportunidad de preguntárselo pronto; pero por ahora tiene que conformarse con la fugaz ilusión que aparece en su mente antes de que aquel grupo escolar quede lejos de su vista, una vez que ingresan al primero de los estanques. ahí, se obliga a fijar la atención en su entorno inmediato mientras sigue a ayaka y se acercan al enorme cristal donde la vida marina se percibe activa y vibrante al otro lado. incluso hace el intento de ubicar uno de los especímenes que está nadando cerca de la superficie en la placa informativa de la sala, mas son las siguientes palabras de ayaka las que logran hacer que aparte su atención de los datos taxonómicos, al tiempo que enarca ligeramente una ceja. es inevitable que la duda aparezca en su mente, no con respecto a personas del pasado de ella y su posible presencia en el presente, sino por lo que parece reflejarse en su mirada antes de que vuelva a encontrarse con la propia. "oh, así que éste es tu juego de conquista…" pretende concluir con suspicacia, como si acabara de obtener un vistazo de las 'verdaderas' intenciones ajenas. "los traes aquí y los seduces con tus conocimientos sobre vida marina." le cuesta un poco de trabajo no sonreír ampliamente ante sus propias palabras; pero lo consigue. si va a tenerla toda la tarde para él, no va a dejar que sea en vano ni que nada los interrumpa. ya se lo ha dicho antes: no le gusta compartir la atención. "aunque, ahora tengo una duda..." aprovecha que el área ha quedado parcialmente vacía y el agarre de sus dedos entrelazados para tirar con suavidad de ella y atraerla un poco más hacia él mientras frunce el ceño con fingida curiosidad. "¿cómo los convences de venir contigo si ni siquiera regalas flores al inicio de tus citas, hm?"
sonríe al ver como le ofrece la mano y no tarda en apretarla con la suya, sellando la presentación, ay, como si fuesen dos empresarias importantes, a veces con su apellido vienen momentos divertidos. ‘ ¿hace mucho que vives aquí juhi — dhawan? ’ copia con gracia su forma de decirlo, sonriendo con amplitud, relajada y fluyendo en el momento, mook no se preocupa demasiado. ‘ bueno… son importantes de donde yo vengo. ’ allí con solo un vistazo seguro le reconocerían. ‘ phuket. ’ ahora viaja por el mundo, explora, conoce, sigue a su esposo en sus travesías laborales, pero adora su hogar en tailandia. ‘ digamos que el dinero y la promoción no les falta. ’ vivir una vida de lujos es emocionante y, muchas veces, una prisión dorada también.
la mano que termina estrechando la de juhi se siente suave y cálida, agradable, y eso de inmediato la hace sonreír. ¡su primera vez presentándose ha sido todo un éxito! quizás esto de vivir entre humanos sea mucho más sencillo de lo que inicialmente anticipó. "acabo de mudarme hace un par de semanas, en realidad", admite con un leve encogimiento de hombros, y aunque tiene toda la intención de devolver la pregunta, la mención de aquella región del mundo capta su atención de inmediato, haciendo que abra los ojos con genuina sorpresa. "¿el mar de andamán? ¿vienes del reino de siam?" ya había notado la diferencia lingüística del apellido de la castaña con respecto a la mayoría de los que había conocido en su trabajo en el hospital, pero le parece increíble encontrarse con alguien que proviene de un lugar tan cercano al que ella misma llamó hogar durante gran parte de su existencia. "hm, entiendo." no, de hecho, no lo hace. comprende que el dinero es importante para la supervivencia de los humanos, pero no le queda muy claro por qué tendría que conocer a aquellos hombres que mook menciona sólo por eso. "¿tú también eres alguien muy importante, entonces? ¿a qué te dedicas?", pregunta de forma sucesiva y con genuino interés, volcando su atención completa en conocer a quien tiene enfrente, preguntándose si se tratará de una futura vecina.
está cansada de caminar, y tiene hambre, y se siente sucia, ¡todo es un horror! no se arrepiente de haber acompañado a jiah, es la única persona con la que quiere estar, sin embargo, cada paso no hace más que volver las cosas aún más hostiles para una chica de ciudad como yebin. hace una mueca cuando se detienen y ve una casa con muy poco gusto. ladrillos rojos son un espanto. aún así no está derruida y supone que es buen indicio. debe bajar sus altas expectativas. ‘ necesito descansar. ’ admite pues sus pies duelen y no por caminar en el centro comercial. quiere empujar sus limites, no ser débil, más el fin del mundo se interpone, esta pudiendo con su espíritu. ‘ no es la mansión de mis sueños pero servirá por hoy. ’ da un nuevo paso hacia adelante, envalentonada hasta que se detiene abruptamente. ¿y si…? ‘ jiah, ¿crees que haya infectados ahí dentro? ’
"te prometo que la próxima vez te conseguiré una mansión sólo para ti", asegura con el atisbo de una sonrisa apareciendo en sus comisuras luego de escuchar aquella crítica. por supuesto, no se lo toma a mal. aunque para otras personas las palabras de yebin pudieran sonar fuera de lugar, jiah prefiere quedarse con lo que, en su perspectiva, es mucho más importante: que, sin importar lo fuera de su elemento que se encuentra ni las terribles cosas que han tenido que pasar para sobrevivir, yebin no deja de intentarlo. es una de las cualidades que ha comenzado a realmente admirar en ella. "es poco probable", responde con honestidad a la inquietud ajena, sus propios pies deteniéndose antes de completar el primer paso. "observa" pide, señalando la fachada. "se ve intacta. no parece tener ni puertas ni ventanas rotas." lo cual resulta en una ventaja en sí misma, o al menos eso quiere pensar. "puedes esperarme aquí, si quieres. entraré a echar un vistazo y te avisaré si es seguro, ¿te parece bien?"
De alguna manera, su mano ha enzarzado la manga de su chaqueta con el mango de su maleta. En el proceso para liberarse de propia enredadera, se van destapando sus oídos y el sonido de las voces cada vez se vuelven más nítidos. A medida que avanza, el aeropuerto se convierte en una imagen familiar de las veces que ha llegado para visitar a su hermana menor en el pasado. Sin embargo, esta ocasión es diferente. La razón principal para tomarse unas pequeñas vacaciones de su demandante trabajo, hizo acto de presencia con aquel único timbre de voz llamándolo y se giró buscando hasta encontrar su figura. " ¡Horang! " saludó con evidente alegría, dejando maleta en pausa para extender sus brazos y devolverle el abrazo. " ¿Me estás leyendo la mente? Lo pensé... Estuve a punto de cancelar pero luego recordé que no ibas a perdonármelo " decidió bromear con el tema antes de darle un último apretón. Aunque una pequeña verdad había en sus palabras; con lo sucedido en Suiza, experimentó una especie de vergüenza con todos. " Y ahora que lo pienso —necesitamos un respiro. Si te soy honesto, siempre odié ese clima infernal. "
"¡claro que no te habría perdonado! no dejaré que te arrepientas cuando estoy lista para darte la mejor experiencia bobo en mi ciudad" responde con una risita, usando el apelativo, algo despectivo, pero muy cariñoso de la experiencia bourgeois-bohème de los arrondissements de parís. una realidad que, definitivamente, es muy lejana de lo que fue su vida mientras estuvo en lautersee. no le pasa desapercibido el particular uso de palabras de eren, su búsqueda de un respiro, y le es imposible no recordar el cambio no tan sutil que notó en él en los últimos días que convivieron en suiza; pequeños detalles que le hacen pensar que, quizás, no sólo habla del clima. sin embargo, decide no hacer preguntas incómodas —de momento— y concentrarse únicamente en darle la bienvenida. ya tendrán tiempo de hablar y ponerse al día más tarde, lejos del bullicio de montones de desconocidos a su alrededor. "bueno, justo por eso hiciste bien en hacerme caso y visitarme. créeme, soy la mejor distracción que podrás tener" se vanagloria con una expresión de fingida arrogancia en su rostro que termina rompiéndose en una sonrisa divertida cuando se acerca para tomar el mango de la maleta ajena. "¿tuviste un buen vuelo? ¿qué quieres hacer primero? podemos ir a mi apartamento a que te instales y después vamos a buscar algo de comer, si quieres."
Enarcó una ceja. " ¿Ver mi rostro en primera fila no es razón suficiente para atravesar todo un continente? " Se quejó en voz alta, tronando la lengua en señal reprobatoria. Se trataba de una de las actividades favoritas del británico, a la cuál solo designaba el asiento de acompañante para algún miembro de su familia, y una que otra aparición especial. Lo cierto es que Archie no solía hacer amigos a menudo, o al menos no desde su código personal en el que le daba acceso a otro ser humano a conocerlo de verdad. No es lo suficientemente egocéntrico para designar una función de manera superficial, solo es estrictamente reservado. Quizás es el hecho que desde el inicio Yuxin dio en el clavo con sus gustos al conocerse, o es la masoquista (probablemente) forma de ser que atribuyó todos esos gestos como una señal. " ¿Soccer? " Detuvo su andar, golpeando brevemente el pecho del otro para que comprenda la gravedad del asunto. " Por tu bien, no vuelvas a decir esa palabra despreciable. Es fútbol... Fút—bol. Ni siquiera venir con Thompson te va librará de insultos y tendré que dejarte a tu suerte " añadió con su característico tono bromista, haciendo un ademán de reanudar la caminata para entrar al estadio. Ah, se sentía muy animado. " ¿Qué tan cooperativo vienes? Normalmente no me gusta la cerveza, pero aquí... es parte de la tradición. "
"tienes toda la razón, cualquiera cruzaría un continente completo para ver ese bonito rostro. no sé cómo pude pasarlo por alto..." cede con una sonrisa entretenida tan pronto como escucha aquella queja. aunque, quizás, valdría la pena decir que él no lo habría hecho por cualquiera. su claustrofobia suele convertir los vuelos largos en torturas a las que no se expondría de poder evitarlo y, sin embargo, si algo caracteriza a yuxin es el esfuerzo que hace por otorgar su preciado tiempo a las personas cuando realmente las considera cercanas. tal vez no haga una declaración en voz alta, pero sus acciones siempre terminan hablando por él para quienes saben leerle entre líneas. "¿ah, no? ¿me dejarías a mi suerte en medio de este mar de fifas? acabas de romper mi corazón, archie." lleva la diestra al lado opuesto de su pecho con fingido pesar y sacude la cabeza. mostrarse agraviado le resulta demasiado difícil cuando sólo quiere sonreír ante la reacción del rubio, justo la que buscaba su imitación estadounidense previa; un acto que decide dejar de lado mientras su mirada se centra en la afluencia de aficionados que hace vibrar la atmósfera que les rodea. "no eres el único que sabe mezclarse entre plebeyos, ¿sabes?" añade, aunque ciertamente no había pisado nada remotamente cercano a un estadio deportivo desde sus años en la universidad. "una cerveza no va a matarme y, por lo visto, a ti tampoco. lo único que pido es que no sea una guinness" es la única experiencia que ha tenido con cervezas del reino unido y, debe admitir, no ha sido la mejor para su paladar.

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amaia lo observa mientras explica, avanzando a su lado con paso tranquilo, como si la tormenta y el caos del aeropuerto no fueran con ella. cuando menciona los catres, las ventanas, la falta de privacidad, sus labios se curvan apenas más. “media docena de catres y público constante…” repite con falsa solemnidad, como si estuviera evaluando seriamente la propuesta. luego lo mira de reojo. "suena encantador." bromea. pero no hay burla real en su voz. solo esa ligereza habitual, esa capa que siempre interpone antes de decir algo que importe, porque la verdad es que hay algo más profundo dando vueltas en su mente.
se detiene cuando él lo hace, junto a la camioneta, y su mirada se suaviza apenas, lo suficiente como para que quien la conozca bien lo note. “no me incomoda la incomodidad, jordan.” dice con calma. "me incomoda incomodarte." admite finalmente aquella preocupación en forma de trabalengua. inclina apenas la cabeza, estudiándolo como si intentara descifrar cuánto de su ofrecimiento es obligación, por ser el mejor amigo de su hermano, y cuánto es elección. "así que iré a donde prefieras que esté." termina por ceder, esta vez no con la sonrisa de hermana menor que provoca por deporte sino con una más honesta.
una pequeña exhalación divertida se le escapa entre dientes al escucharla usar aquel adjetivo. definitivamente, una estación de bomberos estaría lejos de ser 'encantadora', en especial durante las fiestas decembrinas, cuando todo es caos y las emergencias están a la orden del día.
"si me incomodaras, no estaríamos teniendo esta conversación, amaia", responde con tranquilidad. sostiene la puerta abierta del lado del copiloto, apoyando el antebrazo en el tope mientras su mirada encuentra la de la rubia y no puede evitar sonreír al comenzar a comprender un poco mejor la perspectiva ajena. "si lo mencioné fue porque, se supone, debería ofrecerte algo mejor que pasar la noche en el aeropuerto, ¿cierto?"
después de todo, aunque siempre ha sido parte de su naturaleza extender una mano cuando alguien la necesita, jordan sabe que, de tratarse de otra persona, probablemente no se habría tomado mayores molestias más que las de acercarla a un lugar donde pudiera hospedarse en la noche y habría dado un paso de lado tan pronto como ella se negó a aceptar su ayuda la primera vez.
"pero, si no te importa esperar un par de horas en un lugar donde hay demasiados desconocidos a tu alrededor, entonces puedes venir a la estación conmigo" ofrece encogiéndose ligeramente de hombros. lo de menos sería explicarle al capitán la presencia de amaia; el hombre tiene debilidad por las fiestas y es fiel creyente de que nadie debería de pasarlas solo. "mi única condición es que, si alguien de ahí te pregunta por alguna historia vergonzosa mía, finjas demencia. ¿trato?"
asiente por inercia al escucharlo repetir sus palabras. todavía está intentando asimilar la idea de tenerlo ahí, a tan poca distancia, cuando durante años se convenció de que no volvería a verlo jamás. su mirada no se despega realmente de sus facciones; como si no pudiera, o no quisiera. se ve más grande, más tranquilo… más estable, aunque sigue siendo él. pelea consigo misma para mantener a raya la respuesta natural de su cuerpo que reconoce demasiado bien su presencia. cuando él se acerca un paso, por reflejo retrocede medio, casi imperceptible; no como rechazo, sino como instinto. como si necesitara preservar una línea invisible que la mantenga a salvo.
se aclara la garganta, despegando por primera vez la mirada apenas medio segundo, como si necesitara ordenar algo por dentro antes de volver a hablar. “sí, bien.” un resumen preciso si no profundizaba demasiado, ¿qué esperaba que le dijera?, sus hombros se relajan apenas al pronunciarlo, aunque el ceño se le frunce con fugacidad, gesto traicionero en medio de su propia reconstrucción interna. “¿tú?” pregunta entonces, como si realmente quisiera saberlo y así era. "¿has estado bien?" completa, más bajo, las demás preguntas se agolpan detrás de sus dientes, insistentes, punzantes. ¿por qué te fuiste? ¿qué te pasó? ¿por qué me dejaste? pero las contiene. las guarda. no es el momento. lo mira con algo que no es reproche, no todavía.
se mantiene quieto en su sitio, incluso cuando lo primero que ha pensado es en acercarse y envolverla en un abrazo. asegurarse de que es real. no tendría nada de raro, ¿cierto? es algo que las personas suelen hacer cuando se encuentran con un conocido después de mucho tiempo sin verle. el asunto es que ella no sólo es una conocida y la forma en que las cosas terminaron entre ellos vuelve como un golpe en el rostro poniéndolo en su lugar y destruyendo aquel pensamiento intrusivo. "es bueno saberlo, pero—" la respuesta tan corta no es lo que busca, claro que no. desea escuchar detalles de lo que ha hecho en todos estos años, cada cosa pequeña que ella quiera compartir con él; pero sólo recibe la misma interrogante de vuelta hacia él. "¿yo? sí, sí, he..." no alcanza a formular un 'he estado bien' porque, en primer lugar, quizás eso no es del todo cierto; pero, más importante, porque se da cuenta de que aquel reencuentro podría ser más efímero de lo que desea si no consigue deshacerse de la sensación incómoda que repta por debajo de su piel. así que, actuando casi por impulso, termina de avanzar la media docena de pasos que les separan, apenas deteniéndose antes de entrar en su espacio personal. "¿te gustaría... no sé, ir por un café?" ofrece con algo de duda al buscar la mirada de la rubia, esbozando una pequeña sonrisa que esconde una muy sutil nota de esperanza. "quiero decir, si no estás ocupada. realmente me gustaría platicar un rato contigo, jude."
deja que gracia y familiaridad se asienten en su estómago, ambas casi al mismo nivel; una sensación relativamente extraña para alguien que se empeñaba en mantenerse, de una u otra forma, inalcanzable a cualquier cosa que le hiciera bajar sus ya acostumbradas barreras. su mirada va un momento a su nombre escrito sobre el vaso, permitiéndose también, por un pequeño instante, que el entorno y las situaciones aconteciendo al mismo tiempo distraigan sus pensamientos. al menos hasta que la voz del pelinegro la trae de vuelta. entonces alza la vista; la duda se refleja en sus facciones mientras lo observa actuar, y algo parecido al entusiasmo termina por ocupar ese espacio, elevando apenas las comisuras de sus labios con sutileza. quiere preguntarle si habla en serio, pero en su lugar se contagia de aquel impulso y se levanta de la mesa. "¿sabes que no podrás retractarte luego, verdad?" cuestiona, alzando la mirada para encontrarse con la ajena, como si quisiera detectar en sus ojos algún atisbo de arrepentimiento que necesitara descartar.
el aire cambia ligeramente a su alrededor tan pronto como la propuesta se asienta volviéndose una realidad. puede reconocer en sí mismo uno de esos escasos momentos en los que se permite ser impulsivo con alguien a su alrededor, lo que ya de por sí sería una anomalía, pero que ahora lo parece aún más dadas las circunstancias. quizás es justo por eso que lo necesita. "por supuesto, lo mismo va para ti. así que espero que no seas una mala perdedora" dice con humor renovado, dedicándole un guiño divertido y el atisbo de una sonrisa arrogante antes de comenzar a guiar el camino fuera de aquel café. una de las ventajas del lugar es que no les toma más que unos minutos de caminata salir del centro comercial de lautersee y después llegar a la entrada de las jaulas de bateo, parte de las atracciones del día en día en la región, supone. "¿ya lo has hecho antes?" pregunta al detenerse frente a la entrada de su destino mientras hace un ademán con la mano para invitarla a pasar primero. "porque necesito prepararme si estoy ante una profesional," se permite dramatizar, sosteniéndole la mirada con diversión.
Compostura. Es lo que se repite mentalmente. La divertida situación, incitada gracias al velo de secretismo que el par comparte, provocó que bajara la guardia sin percatarse del grave error. Fue un alivio que el niño fuera tan ágil y astuto como un zorrito, escabulléndose diestro entre la vegetación. Honestamente, eso debería alertarla del comportamiento temerario que Ian tiene a espaldas de su padre; mas al no ser una figura de autoridad o familiar para él, poco o nada puede hacer. Se limita a cuidarlo a su silenciosa manera, tal como acaba de demostrarlo al orquestar un alboroto entre los arbustos para que Yuxin no le siga la pista. "Agradezco su preocupación. Me encuentro—" Le toma pocos segundos notar una leve herida en la diestra. El rasguño minúsculo apenas provoca un ardor, pero cambia su mano de inmediato, dificultando la ayuda que su esposo ofrece. "Bien". En el instante en que trata de tomar impulso, su brazo izquierdo se estira, generando un dolor que soporta como una profesional, presionando sus labios con fuerza hasta que se encuentra de pie y disfraza el sentir contestando a la pregunta. "Salí a contemplar conejos lunares". No es hasta ese instante que su atención recae en la presencia del fiel acompañante y sus párpados se abren de par en par en señal de vergüenza. "Es una noche perfecta para su descenso. Últimamente, los jardines están repletos de ellos". Ayaka respira profundo, dirigiendo la mirada hacia su esposo para no tener que cruzarla con el consejero una vez más. Su aspecto 'desprolijo', mano herida y cabello despeinado no la ayudan a sentirse la princesa digna que constantemente pretende ser; pero tendrá que improvisar.
aún con el ceño ligeramente fruncido, aguarda paciente mientra sigue los movimientos de ayaka con la mirada. de todas las posibles circunstancias que pudo haber imaginado en las que se encontraría con su esposa, ésta ciertamente no se le había pasado por la mente. una vez que siente el peso de su mano en su propia palma, cierra los dedos a su alrededor en un agarre firme y tira de ella con suavidad para ayudarla a ponerse en pie. se mantiene cerca, atento; ha percibido una sútil tensión en su brazo así que no se aleja hasta asegurarse de que ella ha recuperado el equilibrio. "ah, ¿de verdad? ¿viene aquí a menudo entonces?" pregunta antes de poder detenerse. no la juzga por hallar una forma de entretenimiento tan inusual, por supuesto; quizás sólo no la entiende del todo. "puedes retirarte, qianye" ordena con tranquilidad, apenas mirando sobre su propio hombro, luego de notar que ella está observando en esa dirección. "yo acompañaré a la princesa de vuelta a su pabellón." no presta mucha atención a la respuesta protocolaria que recibe de su consejero antes de que su aura se desvanezca fuera de su percepción mientras se aleja, lo que de nuevo le confirma que no hay nadie más a su alrededor. "lamento decirle que los conejos ya no se acercarán ahora que yo estoy aquí, así que no tiene caso que continúe por esta noche." busca aclarar entonces, incluso cuando sabe que no tendría que hacerlo, porque se ha dado cuenta de que sus palabras quizás han sonado como un mandato para terminar con la distracción de ayaka.
"Sí. Tan lejos que..." Ni siquiera sé dónde estoy. ¡Pero no puede revelar eso! Ha perdido la cuenta de todas las veces que lleva metiéndose en problemas a causa de comentarios demasiado ingenuos y honestos, de su confianza desmedida en personas que ni siquiera conoce, pero la han tratado con gentileza (sea o no fingida). "A veces no recuerdo todos los sitios por los que he pasado". Se corrige con increíble destreza, manteniendo esa suave sonrisa y la calma en el semblante, aunque el autoregaño resuena en su mente. Muy bien, un paso dado en la dirección correcta; uno que no sirve para nada cuando se siente emocionada ante la inesperada propuesta. "En realidad... No estoy esperando a nadie". No puede caer en el mismo truco todas las veces, ¿verdad? Y aun así, ¡ahí está otra vez! Su escaso instinto de supervivencia, pese a la infinita experiencia, es todo un caso de estudio. "Por supuesto que podemos ir juntos". Acepta. Sin pensarlo demasiado, cegada por la intrigante compañía y por un encuentro que parece destinado, como habría dicho su hada madrina (espera). Esa sonrisa tímida se extiende un poco más y confirma su respuesta al asentir, antes de dar un par de pasos en dirección al camino que indicó. "Espero ser una compañía adecuada mientras esperas por tu familia".
no va a negar que puede verse plenamente reflejado en el sentir de las palabras ajenas cuando justo ahora no puede recordar la última vez que pasó más de un par de semanas durmiendo en la misma cama, o paseando por las calles de un sitio lo suficiente como para familiarizarse con su disposición. "creo que puedo entenderlo," comenta con una pequeña sonrisa que aparece con sinceridad en sus labios mientras sigue con atención los movimientos de la contraria, como si no quisiera perder detalle de su expresión. "se vuelve un poco cansado con el tiempo, ¿no?" entonces su expresión cambia un poco, mostrando una ligera sorpresa cuando la escucha aceptar su invitación. ha asumido que una muchacha como ella no podría estar viajando por su cuenta, mucho menos con este clima ahora que el invierno ha llegado; así que resulta un agradable golpe de suerte recibir aquella respuesta, una que abre la puerta a interactuar un poco más con ella. así que no duda en seguirla cuando reinicia el camino de vuelta al pueblo. "ya lo estás siendo, de verdad— permíteme" admite con suavidad mientras alcanza la cesta que ella lleva en el brazo y acompasa sus pasos a los ajenos. "por cierto, me llamo hayul" se presenta, frotando su mano contra la tela del costado de sus pantalones antes de ofrecérsela para completar la presentación.

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La respuesta positiva llega y con ello, esa incomodidad dentro del pecho se desvanece de inmediato. Sin embargo, es la curiosidad latente aquella que se apodera de su mirada, intentando descifrar a qué se está refiriendo con tal declaración. Con el tiempo, ha aprendido que la indiscreción no es la manera correcta de conocer a las personas, aun cuando nunca ha sido una persona entrometida; en especial, al tratarse de Hayul. "¿También admirabas a los caballeros dracónicos cuando tenías esa edad?" Inquiere, la dulzura y gentileza de la pregunta emana tan natural como el propio desconocimiento acerca de él y su vida. Pues no importa cuánto tiempo haya pasado junto a su protector, aquel pasado está envuelto en un velo de misterio que no se atrevió a indagar; nunca lo creyó necesario cuando su fe ciega en el muchacho no hace más que aumentar día a día. Sumida en la ingenuidad, aguarda ansiosa la respuesta, hasta que sus propias intenciones son tergiversadas. "No era mi intención avergonzarte". Se defiende con prisa. Aunque nota el tono bromista bastante inusual, la apenada resulta ser ella, quien inevitablemente acaba sonrojándose. Es imposible sostener la mirada cuando sus mejillas se tiñen de carmín y la aparta con delicadeza hacia un costado, negándose a profundizar más en sus intenciones (aunque el resultado fue satisfactorio). "Pero— creo que tienes razón. La próxima vez, me encargaré del discurso". Por instinto, una sonrisa empieza a dibujarse casi al instante, ensanchándose despacio. Resulta complicado esconder la risita que se cuela entre sus labios, ligera y divertida, a pesar de que los cubre con el dorso de su mano. "¿Compren algo sustancial? ¿Por qué le dirías algo así a unos niños?" Entonces, el sonido de su risa se intensifica apenas, sin que Crystal pretenda que aquellas palabras tan firmes, como las de un adulto responsable, no le han causado gracia desde que las escuchó.
"no, realmente" dice con honestidad tras un nuevo instante en el que ha dejado que el silencio ocupe espacio entre ambos, quizás un par de segundos más que antes. "creo que a su edad me preguntaba cómo se sentiría ser alguien digno de admiración y respeto." decir que su infancia había sido difícil sería endulzar lo que había tenido que vivir mientras crecía por su cuenta en las calles. la aprehensión y el rechazo que han rodeado a su estirpe por generaciones no tardaron en caer en él como una pesada sombra tan pronto como dio señales de su verdadera naturaleza y, después de eso, no sólo tuvo que preocuparse por sobrevivir, sino por recordarse a sí mismo que debía hacerlo, incluso si el mundo no dejaba de decirle que sería un lugar mejor sin él. con la mirada perdida en algún punto lejano, la sensación que empieza a deslizarse bajo su piel, ante el pasado dibujándose en su cabeza, lo toma tan desprevenido que la brisa se agita ligeramente a su alrededor; aunque no con la intensidad suficiente como para parecer sospechosa, al menos no para quien no ha visto su poder de cerca. parpadea una, dos veces, y entonces es como si por fin pudiera volver a sentirse en el presente. la voz de crystal le insta a enfocarse en ella y lo agradece, porque así no pierde detalle de la tierna contrariedad que se dibuja en su expresión al reconocer el tono de sus palabras previas. el sonido de su risa suave tintineando como campanillas a su alrededor, haciéndolo sentir más ligero casi al instante, incluso cuando ahora es su turno de ser presa del humor ajeno. "lo dije porque… es importante, ¿bien?" retoma, buscando despojarse de los últimos remanentes que aún hormiguean en su interior. "tú misma lo dijiste, son niños y deben preocuparse por su bienestar. la salud es lo único que poseen." se da cuenta de que lo que dice vuelve incluso más ridículo su intento por justificarse, aunque no le importa demasiado. "de todas formas, los escuchaste, sólo piensan en dulces y golosinas— lo que me recuerda..." la frase se desvanece mientras se gira un poco para alcanzar el pequeño saco de cuero que lleva atado en la cintura. de su interior, saca entonces un paquetito cuadrado perfectamente envuelto en papel que extiende hacia ella. "son para ti. recuerdo que dijiste que eran de tus favoritos."
monólogo foráneo no le sorprende, sino que contrario a pronóstico, curva labios en una sonrisa. ' ¿eso significa que no te crees capaz de sostenerla a largo plazo? ' no tiene intención de herirle, tampoco de atacarle en base a una conversación que no posee grado de seriedad. solo le molesta, pretendiendo golpear un punto sensible que ni siquiera tiene certeza de que exista. ' creí que eras más competitivo. ' chasquea lengua, manteniendo vivo un pesar que carece de veracidad y fuerza. nadie sabe mejor que ella lo efímera que resultan las victorias, aunque a diferencia del mayor, no ha encontrado fichas que no fuesen dispensables en su tablero. para ella, en mayor o en menor medida, todas lo eran. quizá debido a ese ambiente tan competitivo que ha frecuentado al crecer, vínculos se han manifestado como una simple herramienta de beneficio que a algo meramente emocional. una vez que su utilidad desaparece, no duda en cortar lazos. prefiere no cargar con el peso de una relación que no ve razón para cultivar. a pesar de lo fácil que le resulta fingir carisma, son los sentimientos sinceros los que parecen dificultar su día a día. suiza estaba arruinándole.
le observa desde su lugar, delineando aquel camino que contraparte traza con tranquilidad, hasta alcanzar carro de hierro. ninguno, quiere decir, pero logra mantener labios sellados en lo que procura delinear etiquetas, botellas de exquisitos y finos licores seleccionados para ser expuestos. ' coñac. ' se decanta por la única opción que resulta levemente tentadora, preguntándose si un trago a esa hora le haría más sencillo conciliar el sueño o, por el contrario, acabaría manteniéndole en vela por el resto de la noche. acepta vaso, agradeciendo gesto con una pequeña inclinación de su cabeza. lo eleva, olfateando contenido antes de ofrecer una efímera mueca. no le sigue de inmediato, sino que le toma unos segundos decidir, avanzando sin prisa y con su elegancia característica hacia el ventanal que separa el interior del jardín. opta por no salir, pero se queda lo suficientemente cerca para interceptar pregunta que plantea. ' no con ella. ' aunque no ha tenido una conversación con su hermana, mención superficial ha aparecido al conversar con otra persona. exhalación es pesada, mirada desciende a bebida que sostiene en su mano y finalmente degusta amargura de líquido, antes de movilizar con lentitud su cabeza hacia el mayor. ' parece que se le han zafado todos los tornillos desde que detuvieron al abuelo zhou. ' no lo llama suyo, nunca se ha sentido parte de aquella familia y no comenzaría a involucrarse ahora. única persona con quien ha mencionado superficialmente arresto, ni siquiera está relacionada al apellido que comparten. ' pero no veo razón para hacerlo, no nos corresponde cargar con las consecuencias de lo que hagan otros. ' o quizá sí debería preocuparse por cómo se tornaría situación a largo plazo, pero no era la primera vez que reputación se encontraba en la línea de fuego por otra persona. ' el negocio puede ser un barco difícil de salvar, quizá lo más inteligente sería abandonarlo antes de que acaben hundiéndonos también. ' ahora sí, se voltea anatomía en su dirección, observándole con más facilidad. ' ¿dejarás que te arrastren con ellos? ' le observa con detenimiento, mostrando una genuina curiosidad por conocer postura contraria. ' tal vez no valga la pena. ' murmura, fijando iris en el exterior una vez más.
"creo que hay una pequeña, pero importante diferencia entre ser competitivo e impulsivo" o es lo que diría zhou li. sin embargo, yuxin reconoce la falta de malicia en aquella interrogante y no duda en sonreír de lado, quizás parte de él casi agradeciendo la ligereza de la interacción antes de decidir que ha tenido suficiente del bendito tablero. mientras sirve ambos vasos, no emite ningún comentario sobre la elección de la bebida de la menor; aunque sí, le parece algo curiosa, pero si ella estaba ahí por culpa del insomnio, supone que es la adecuada buscando conciliar el sueño. o al menos lo será dentro de un par de tragos. "espero que solo estés hablando al respecto con alguien confiable." no es su intención poner en duda el juicio de jiayi y, quiere creer, al menos ella, a diferencia del otro menor de los zhou, tendrá mejor criterio para elegir con quién compartir información sobre la situación familiar. en cuanto a la mayor ausente... debe admitir que jia ha dado una buena descripción sobre su comportamiento en el último tiempo. "si te soy honesto, a mí me parece un poco más libre," replica con una sutil nota de humor. le resulta imposible no dedicarle una última mirada al tablero dispuesto en su camino hacia las puertas francesas que dan al jardín. al final del día, ha llegado a la conclusión de que lo único que debe interesarle es que su hermano y hermanastras se mantengan en los límites del tablero, como piezas lejos del alcance de su madre. al menos hasta que él termine de leer la jugada que se está desarrollando. aunque, claro, aquello parece más fácil de decir que de hacer y es, en parte, lo que le ha mantenido despierto a tan altas horas de la noche. "quizás no, en teoría. pero te puedo asegurar que el mundo no lo ve así. en especial porque, hasta antes de esto, quieras o no, has vivido de los beneficios que otorga este apellido" responde mientras deja salir despacio el humo del cigarrillo, formando una suave nube ante él que se desvanece con la brisa nocturna. su comentario no tiene más intención que la de reconocer un simple hecho: la razón por la que ellas adoptaron el apellido de su madre y no al revés. sin embargo, la inquietud ajena le parece genuina en aquellos breves segundos de silencio, y son sus siguientes palabras las que terminan por confirmárselo, así que se permite ofrecer algo de sinceridad. "¿arrastrarme?" la media sonrisa se asienta en la comisura de sus labios por un fugaz instante mientras bebe de su whisky, y hay algo de obviedad en su mirada cuando vuelve a centrarla en el rostro femenino. "no es la primera vez que una empresa de moda termina inmiscuida en un escándalo que involucre algún asesinato y, ciertamente, no estaríamos en donde estamos si el apellido no pudiera soportar unos cuantos golpes mediáticos." a él, al menos, aquello le parece evidente. "entiendo que te inquiete, pero el abuelo en prisión no es el mayor de tus problemas justo ahora, ¿sabes?"