Day by the sea. | Claire + Zac
Asintió una vez y entró justo detrás de él a su bungalow, con sus manos en la espalda del chico —Si tenemos todo el día pero quiero disfrutar cada minuto ¿tú no?— respondió ya dentro de la habitación del chico. Se sentó en la orilla de la cama del rubio y esperó pacientemente a que se cambiara de ropa, cuando el chico estuvo listo ella se puso de pie para salir, no podía esperar a llegar al barco, le hacía mucha ilusión poder vivir una experiencia así, en Australia varios de sus amigos eran dueños de pequeños yates en los que salían a dar paseos y a decir verdad esta era una de las actividades favoritas de Claire, siempre esperaba el verano por eso. —Te ves bien, me gusta tu gorra— comentó con una sonrisa al tener al muchacho en frente de ella, sabía que esto lo haría sonrojar pero no podía no decírselo. —De hecho, creo que me la voy a robar— soltó con una risita y se puso en puntillas para poder quitarle la gorra de la cabeza y colocarla en su propio cabello —¿Como se me ve?— preguntó con una sonrisa pícara en el rostro, sin esperar una respuesta del rubio —No importa, de todas formas me la quedo— bromeó encogiéndose de hombros. —Si ya estas listo vámonos— dijo tomando el brazo del contrario para dirigirlo hacia afuera y ponerse en marcha hacia el muelle del hotel.
Sintió como su corazón dio un vuelco de alegría ante las palabras de la chica —Yo también— intentó esconder lo entusiasmado que estaba por pasar el día con la hermosa australiana que lo volvía loco. —Gracias— se encogió de hombros, posando su mirada en el suelo con timidez al escuchar el cumplido de la contraria, apenas comenzaba a sonrojarse levemente, cuando la chica se adueñó de la gorra que el rubio había acomodado cuidadosamente en su cabeza unos momentos antes e hizo que el color en sus mejillas se intensificara, se rió un poco antes de contestar a la pregunta de la contraria —Te ves preciosa— confesó sin poder evitar que las palabras atravesaran sus labios, estaba tan rojo como un tomate pues siempre le causaba vergüenza admitir sus sentimientos, en especial cuando éstos iban dirigidos a la chica que le gustaba —Creo que te la voy a regalar, te queda mejor que a mí— agregó sin poder alejar la mirada de la morena, le encantaba la idea de que la joven usara una de sus prendas —Estoy listo—asintió repetidas veces y se permitió tomar la mano de la chica y entrelazar sus dedos con los de ella pues, a pesar de que Claire lograba que se sonrojara como loco, también lograba que un aire de confianza inundara su pálido cuerpo, siempre se sentía en plena comodidad cerca de ella y esa era una de las razones por las cuales la australiana le gustaba tanto.














