Primer encuentro con la fiesta del Barrio de San Miguel.
Los que me conocen saben que no soy una persona muy devota o religiosa, pero siempre he sido llamado por el folclor de la religión con la que fui criado.
Está ocasión fui invitado a Celaya, justamente al barrio de San Miguel, cuna de la mismísima Freckless, el barrio que la vio crecer y donde creció la Sra Martha, madre de la belleza Celayita. Ya me habían hablado de dicha fiesta, lo más parecido que conozco yo a esta pachangota, sería lo que vienen siendo los pedorisisimos Barrios Tradicionales de la metrópoli Fresera, Irapuato, todo es prácticamente lo mismo, la gran diferencia radica en que la fiesta va dedicada a un santo catolico.
Aquí algunas de las cosas más llamativas de esta visita al barrio de San Mike.
Estas delicias visuales son realmente una granada, pero a diferencia del arma belica o la fruta, están llenas de confeti, papel picado y globos, cuando pasa el santo por debajo de este artefacto hay una persona que activa el dispositivo para que este suelte la granada que lleva dentro. La experiencia visual es mucho más bonita que la de las imágenes, la verdad siempre he creído que este tipo de fiestas de barrio/iglesia vale mucho la pena seguirlas fomentando, como ya lo dije no soy una persona que esté bendecida con el don de la fé, pero son tradiciones bonitas que unen a una comunidad, y a parte están llenas de garnacha, tema que tocaré más adelante.
Diría que es impresionante ver la devoción de la gente a este santo, pero la verdad es que viniendo de una familia sumamente católica no es nada sorprendente, pero es bonito ver cómo la gente que viene cargando a San Mike lo presenta y hace reverencia frente a cada altar y cada familia que lo espera con globos, confeti y porras al por mayor, la gente que acerca a sus enfermos, a sus viejitos, etc. toda la gente con alegria esperando la llegada del su santito favorito, la verdad si está padre ver todo esto.
¡Lets get ready to the garnacha! Ir a Celaya se ha convertido en un viaje gastronómico de ley.
En primera tendría que llenar tres entradas completas de fotos y experiencias de las comidas de la Sra Martha, sorry pipián de mi Abuela Chole, pero aquí solo hablaré de la experiencia engordativa de esta fiesta.
Cuando llegue a Celaya fui bien acogido con un mole con pollo bastante rico, 2 platos fueron suficientes para que no pidiera más, retocados de pollo, mole y arroz, qué más pudiera pedir. Después de eso fuimos a recibir a “Miguelito” (léase con tono cantadito como en la canción de Natalia la Fourcade). Caída la noche fuimos a dar la vuelta a los puestos del barrio de San Miguel, la primer parada fue en unos deliciosos esquites con tuétano, también vendían equites con camarón, ambos estaban riquísimos, el plan no era llegar aquí, pero por destino divino llegamos a ellos, la verdad yo tenia aún el mole en la garganta y necesitaba dar otra vuelta para que la digestión hiciera efecto, pero Marisol ya quería que empezara la fiesta culinaria, y si vamos a darle pues le daremos bien, ¡deme unos esquites con tuétano para llevar comiendo!, yo iba enfocado en comprar unos pambazos, o como los conocí en mi infancia “Guajolotas”, así que mientras compartía los doritos con tuétano y esquites con Marisol, buscábamos el puesto perfecto de pambazos, caminamos y caminamos para llegar al lugar indicado, que para nuestra suerte estaba Justo a un costado de los esquites que ya nos habíamos devorado, así es caminamos para volver al inicio, pues bueno ya ahí compramos unos tacos dorados y unos pambazos, debo admitir que no eran los mejores del mundo pero estaban mejor que los que venden en la capital.
Al día siguiente paso lo bueno de esta fiesta, nos paramos a las 5:30 de la mañana para llegar a las tradicionales mañanitas del barrio, cuando llegamos a la explanada de la iglesia, aún veíamos gente con cerveza en mano, cara de borracho desvelado, que claramente se la amanecieron con la banda musical y sus amigos. También iban llegando las familias cargadas de comida, café, champurrados y atole, aquí empezó lo mero bonito. Toda esta comida con la que llegaba la gente era para regalar, la gente llega y da comida al por mayor durante todo el día, de 6 de la mañana a 10 de la noche la comida no para de llegar y la gente no para de comer. Mi primera fila fue para tomar un café de olla delicioso y una conchita riquísima, después de eso me formé por un pozole, después por pan y café nuevamente, después por un atole, después regresamos a casa para descansar, y minutos después regresamos por más comida, ahí llegue a saciar mi antojo de meses de un chicharrón de puerco con salsa y frijoles, Yumi yumi, después de eso nos formamos en el menudo pero se acabo a tres personas de nosotros, lo cual fue muy triste, y para finalizar nos comimos unos ricos tacos de carnitas. Así es aquí fue donde acabo la travesía de las comidas de san miguel, y aún no comíamos 🙊