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I been on my own for long enough, maybe you can show me how to love, maybe. I'm going through withdrawals, you don't even have to do too much, you can turn me on with just a touch, baby. I look around and Sin City's cold and empty, no one's around to judge me. I can't see clearly when you're gone
nirvananegra:
sacar fotografías en uno de los locales más antiguo del pueblo, había sido idea de su jefe de la revista, para luego mostrarla en la nueva edición de la revista. el viento no es agradable y no hablemos de todas las personas que están pasando al frente del local, pero la castaña siempre ha podido sacar buenas tomas.―sí, estoy tomando fotografías del local. pueden moverse a otro lado.―dice alzando un poco hacia los peatones.―que para la próxima pondré un par de carteles.―murmura. sabía que hasta algunos antiguos vecinos estaban observando su trabajando, y hasta haciendo un par de rumores al final de cuenta. @reunited-sts
“Mmm...Mira nada más.” Reconocer a la mujer detrás de la cámara captó la atención del castaño de inmediato. Cruzó la calle únicamente para ver a qué se debía tanto alboroto y por supuesto, no podía evitar sentir la necesidad de joderla mientras la tuviera cerca. Le debía mucho. “Y, ¿qué tiene de especial este edificio? ¿A quién piensas chantajear con esas fotos esta vez?” Inquirió, monótono, achicando la mirada cuando alzó la vista hacia arriba, el sol estaba caliente. “Aburrido.”

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beccaestrada:
La cubana sintió como toda la sangre de su cuerpo comenzaba a hervir tan solo al escuchar la voz del contrario. No solo quería amargarla cuando no estaban cerca sino que últimamente siempre se lo cruzaba en sus peores momentos y, obviamente, no hacía más que fastidiarla. Becca cerró su mano derecha, apretando el puño con cierta rabia solo para un par de segundos después suspirar y acabar por dedicarle una amplia y falsa sonrisa. “¿Piensas seguir arruinando mis días durante todo el tiempo que estés aquí? En el pueblo, digo.” Preguntó arqueando una de sus cejas y cómo si nada se colocó delante del carrito, inclinándose hacia delante y estirando la mano para sacar la botella del mismo. “Me la llevo, a no ser que quieras decirme por qué estás tan empeñado en hacer mis días cada vez más horribles.”
Sonrió con sorna, ¿en serio creía que era tan importante? Rodó los ojos, divertido, observando a la mujer enojada agarrar la botella de su carrito, lejos de estar enojado, estaba divertido con la situación y aunque dijera que había sido mera casualidad, que ni la había visto cuando tomó lo que había sido su objetivo desde que bajó del auto, no le creería, así que era inútil intentar decirlo, no le creería. “Eso implicaría que tendría algo contra ti, que no tengo... ¿Te hice algo para que estés tan molesta? Porque digo, de las últimas veces que nos tratamos en antaño, la pasamos más que bien...” Sonrió coqueto, acercándose a la fémina hasta posar una mano en su cintura antes de alejarse de su carrito. “Puedes llevarte la botella, si eso quieres... O, puedes acompañarme a una aburrida cena familiar y compartirla conmigo.”
prescottsxdie:
Su disculpa parece… sincera. Bueno, no le extrañaba. En su adolescencia si había algo que había aprendido de Harvey era que podía llegar a ser un auténtico camaleon. Con ella era una persona bastante distinta a la que era cuando solía estar en su grupo de amigos. Creía que era algo lógico de su juventud, todos al fin y al cabo buscaban pertenecer en aquellos años. Pero con Harvey aquello parecia haber perdurado. Sonríe de medio lado cuando el admite que debía haber sido lo justo. ¿Le habría dolido que ella fingiera olvidarlo? Escucha sus palabras y Sadie relame sus labios, bajando levemente la mirada antes de volver la vista a él. —Bueno, te fuiste buscando algo mejor y por lo que se ve, pudiste conseguirlo.— Se detiene con mas claridad a observarle las facciones ya adultas, las pequeñas líneas de expresión que se le han dibujado parecen solo hacerlo mas atractivo. El vuelve a hablar y Sadie hace un esfuerzo por salir del trance en el que se ha quedado mientras lo observa detenidamente. —Ver para creer.— Le dice y corresponde suavemente con una sonrisa. Las siguientes palabras la hace ponerse mas seria. ¿Sus servicios? Eso si no se lo esperaba. Su mirada se mantiene fija en los ojos de Harvey que se disparan hacia el interior de la casa, tal vez esperando ver a algún hombre deambular. —Mi marido se fue hace un par de años ya.— Le indica, abriendo un poco mas la puerta y dejandolo entrar. Morgan salta del sofá y se acerca a Harvey a olfatearlo. —¿Quiéres café? Estaba preparando uno cuando me interrumpiste.— Le dice indicandole que la acompañe a la cocina. —Entonces, a todo esto… ¿a cuál de mis servicios te refieres? ¿A mis pinturas, a la decoración o a… lo otro?— Inquiere mirándolo de reojo con expresión seria, aunque por dentro se divertía de solo verle la cara al insinuar que tenía un trabajo mas nocturno.
Asintió con la cabeza, lentamente. Dado a la actitud de la joven mujer, se llevó sus manos de vuelta a sus costados y buscó esconderlas dentro de los bolsillos de su pantalón en señal de control de ´si mismo, aunque aparentaba seguridad, estaba muriendo de nervios por dentro. Sabía que había una alta probabilidad de sacar las viejas heridas del pasado a flote, heridas que él había ocasionado, ¿o es que se hacía ideas? Tal vez no era tan importante para ella cómo en efecto, la morena lo era para él. “Si, supongo que lo hice...” Sonríe entonces, más genuino, su sonrisa sigue siendo igual de hermosa que antes, una sonrisa que le hacía pensar en un futuro mejor. Parpadeó ante el mal viaje, ¿qué le pasaba? ¡Estaba loco! Sin duda volver al pueblo le estaba afectando de sobremanera. Aquello último sacó de su trance al hombre, ¿habían pasado dos años? Sacudió la cabeza sin comprender, entonces lo hizo y sintió un gran alivio. “Vaya, yo... Lo siento.” Ni de cerca. “El café suena bien.” La siguió al interior de la vivienda, esperaba ver tal vez niños o algo pero el can que se acercó a olfatear captó su atención de inmediato, haciendo que el hombre se ponga de cuclillas para extender su mano, dejar que le olfatee y después acariciar su cabeza. Siempre le habían gustado los perros, impropios, claro, él no era capaz de tener mascotas, jamás las había tenido. Por la presencia del can en casa, suponía que habría niños cerca, ¿no los padres hacen ese tipo de regalos para educar emocionalmente a sus hijos? Entre otras cosas, el sentido de responsabilidad y apreciación por la vida. Alzó la mirada, de nuevo confuso. “¿Lo otro es...?” Miró al can confundido y luego a ella, su mente viajaba lejos y lo que le venía a la cabeza, le dio miedo, ¿qué carajos?
talivb:
— en realidad me refería más bien a la modernidad de tener una cafetería de una franquicia tan grande como esa. la gente aquí suele tener la idea de que lo local es mejor, esta es una economía local y una cafetería de starbucks rompería con ese esquema. y este establecimiento se iría a la quiebra si somos honestos. - para talia eso no es problema, decir lo que piensa así sea brutal, aunque sobre ella misma sea hermética. como dueña de una cafetería sabe que el encanto debe ser no sólo el buen café sino un lugar acogedor con magia propia, ambas cosas de las que carece este preciso lugar. acomoda un mechón de cabello tras su oreja mientras observa fuera de la ventana, su comentario le causa una risa seca. — el mío siempre lo fue. de no haberlo sido me habría quedado a vivir aquí. - su ambición la llevó fuera del hogar de su madre, nació en una ciudad movida y jamás pudo cambiar eso, le gustaba el movimiento continuo y quedarse en el pueblo significaba para ella una vida de aburrimiento que no toleraría. la rubia achica la mirada apenas ante las palabras no dichas, se conocen lo suficiente como para saber que hay algo … pero no va a insistir, al menos no ahora. — supongo que es en realidad cuestión de apego. - y ella no es alguien que suela aferrarse a los lugares.
“Si pegaría pero como dices, este lugar se iría a la quiebra. Aunque... Esto abriría paso a la modernización del pueblo, ¿no?” Alzó la ceja en dirección a la atractiva mujer, tamborileando los dedos sobre la madera del respaldo de su asiento acojinado. Giró la vista cuando escuchó el clásico campaneo de la puerta al abrirse, identificando a las personas que entraban, en un pueblo como aquel, todos conocían a todos. Regresó la mirada hacia su interlocutora y sonrió de lado. “Si, si, sin duda... Sólo digo que no nos conformamos como el resto. Pueblo chico, mente chica, ¿o cómo era? ¡Ah, no sé! Quiero volver a casa, a NY, pero los trámites con el edificio que quiero adquirir aquí, no termina.” Comentó, divagando y se encogió de hombros, quería cambiar el tema rápidamente, conocía a la mujer y sabía que habría detectado algo y él, solo quería fingir normalidad, tampoco es como que quisiera escucharse admitir que su pasado le había movido el tapete. Él no era así. Frunció los labios ligeramente y dio otro sorbo a su café. “¿Te parece si salimos de aquí? Podemos volver al hotel o... Sólo buscar que hacer en este aburrido pueblo.”
Benjamin Greene in Gold Digger || Billy Russo in The Punisher
(requested by anon)

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talivb:
arruga la nariz mientras devuelve la taza de porcelana a su lugar, ahora recuerda por qué siempre pedía un té en este mismo lugar, ni siquiera algo tan terrible como el sabor del café local había cambiado. los ojos claros de la mujer se levan para ver a su acompañante y suspirar, aunque suena más a un resoplido. — este siempre ha sido un lugar rústico, poner una cafetería como starbucks es impensable. - se ríe, porque cualquiera de los lugareños pondría el grito en el cielo si algo como ello se le ocurriese a alguien. — me cuesta creer que haya alguien que realmente eche de menos este lugar.
“No todos los Starbucks tienen fachada moderna y elegante, hay algunos muy rústicos y pintorescos. Edificios antiguos que fueron remodelados por dentro únicamente para los servicios de la franquicia pero que por fuera, armonizan con el estilo del lugar. De ejemplo están Paris, Milán, Venecia... Y hasta en lugares más pequeños.” Recordaba en uno de sus viajes a México haber encontrado un Starbucks en un pueblo. Se lleva su taza de porcelana a los labios, dando un sorbo a su todavía caliente café y mira hacia el resto de los comensales. “Nuestro paladar se volvió exigente, ¿no, cariño?” Recordaba que en antaño, la cafetería era de los lugares más concurridos por su generación, incluyéndose. “Los que se arraigaron a sus raíces, sí. Los que no salieron del condado todavía más. Lo único que podría echar de menos...” Frunció los labios al darse cuenta de que iba a decir y sacudió la cabeza. “No, nada, no hay nada.”
prescottsxdie:
Negar que las palabras de Harvey no le habían destrozado la psiquis esa semana sería mentira. Se descubrió a si misma pintando bocetos con bastante enojo, como si las mismas emociones que muchas veces la habían inspirado para cuadros cargados de pinceladas finas y colores claros, ahora le despertaran los trazos mas oscuros y bruscos. Un auténtico Pollock. Se había encendido un cigarro mientras se preparaba algo de café, dispuesta a sentarse a atender a algunos mails que le habían llegado. De repente el fuerte ladrido de Morgan le avisa que han tocado la puerta. —Quieto chico.— Le indica al canino que desde el sofá la mira con curiosidad. La puerta se abre y sus orbes no creen realmente lo que ven. Nota el gesto de trabar la puerta con la mano. Hombre astuto. El corazón le late con fuerza, pero no sabe con certeza si es de las ganas que le han quedado de gritarle un poco mas o… mejor no pensarlo. No llega ni a poder preguntar qué es lo que demonios hace allí. Las palabras de arrepentimiento llegan solas. El sonríe y Sadie no puede evitar olvidarse un poquito, solo un poquito, del enojo causado. —Ya…— Murmura ella asintiendo algo aturdida por aquella disculpa. —No es como si yo no hubiese sabido donde me metía.— Le dice con una mueca. —Tal vez debería haberte llamado Harry y todo hubiese sido… menos agresivo.— Se encoge de hombros sin saber bien que decir o hacer. ¿Invitarlo a entrar? ¿Querría hacerlo? —¿Los recuerdos eran tan malos como para ponerte tan incómodo?— Pregunta de repente, buscando tal vez algo de honestidad, dada la circunstancia.
“Mmh... Lo siento.” Repite más sincero, no puede evitar recorrer a discreción la mirada de la fémina. La madurez en sus facciones, el profundo esmeralda en su mirada. Los años no le han pasado en vano y tenerla así de cerca, con la claridad del día resaltando aun más la nitidez, sentía la necesidad de no apartar la mirada. Se vio obligado a parpadear y apartó la mirada, avergonzado, curvó los labios hacia un lado, irónico y asintió con la cabeza. “Sí, bueno... Probablemente hubiera sido lo justo.” Se balancea sobre sus pies, nervioso, no puede evitar carraspear la garganta que comienza a picarle, ¿por qué ahora? “No, no todos. No realmente. Fue una noche pesada, es todo. Muchos rostros que no veía desde que... Desde que me marché.” Decir aquello dejaba la puerta abierta para que la morena arremetiera contra él, ¿le reclamaría también por haberse ido solo así hace quince años? “Probablemente me esforcé mucho la otra noche y todos creen que sigo siendo el mismo idiota pero, la verdad es que no del todo...” Sonríe algo divertido esta vez, encogiéndose de hombros. “La cosa es que... También he venido a contratar tus servicios, me comentaron que eres muy buena en lo que haces, no sé si puedo pasar o... ¿Te invito un café, una copa? Claro, si no te ocasiona problemas con tu marido o lo que sea.” Apartó la mirada entonces, fijándola hacia el interior.
— en realidad, si lo pienso bien, este lugar no ha cambiado en nada. - talia suspira, no hay nostalgia ni añoranza en su voz sino un tono monótono, ni siquiera hay sorpresa en sus palabras. el pueblo nunca había sido de su agrado, no que lo despreciara, simplemente, no era donde quería estar. la rubia ríe con cierta diversión, más sobre sí misma. — como sea, el café sigue siendo pésimo.
“Ni que me digas...” Coincide con la rubia, recargando la cabeza en el respaldo de su asiento en aquella cafetería. Incluso, la pintura en las paredes era la misma. Los mismos cuadros adornaban los mismos espacios, lo único que había cambiado era el personal. Al entrar se enteró que el dueño había muerto hacía unos meses. “Para cafés, Sabarasky en New York. De perdido, ya debería haber un Starbucks.” Respiró hondo, monótono. “No extrañé nada en particular.”
Habían sido unos días de lo más ajetreados. Estar de vuelta en el condado no significaba estar de vacaciones, sino que debía hacer todo el trabajo fuera de la oficina. Aquella noche quería adelantar un par de casos pero claro, no lo haría sin la compañía de una buena copa de vino. Ese supermercado al que había acudido era pequeño, por lo que no fue sorpresa que al llegar al área de las bebidas alcohólicas solo quedase un ejemplar de su vino favorito. Tras echar una ojeada al resto de bebidas, estiró su mano para agarrar la botella, teniendo que ponerse de puntillas al hacerlo pero en ese momento sintió que alguien tiraba de la misma hacia otro lado. “Eh… la vi primero, suéltala.” Pidió frunciendo ligeramente el ceño antes de girarse hacia la persona que también sostenía la botella. | @reunited-sts
Tres días y ya estaba harto. Estar de vuelta en la ciudad implicaba estar en contacto frecuente con su padre y su familia, se lo había topado dos días atrás —porque pueblo pequeño—, sorprendido el hombre mayor de ver a su hijo en persona después de, al menos, unos cinco años. Desde que dejó el pueblo, el castaño no había regresado y el hombre había hecho una que otra visita a New York para ver a su hijo. Las llamadas eventuales, una o dos veces al año —si el ex-alcalde tenía suerte— eran más que suficientes para él. Para su mala suerte, había sido invitado a la casa donde creció a cenar así que requería de alcohol para llevar amena la velada y un buen vino como buen invitado. En el carrito, ya había colocado al menos un par de botellas de whisky, ron y bourbon, también necesitaba abastecer su barra. “La agarré primero, lo siento.” La tomó con facilidad debido a su altura y la colocó en su carrito de compras. “Tendrás más suerte para la próxima, Becca.”

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Le había tomado un par de días tomar esa decisión. Había sido un asno, estaba consciente, un idiota. Tratarla así fue... Bajo, incluso tratándose de él. No podía culparlo, ¡lo había tomado desprevenido! Jamás visualizó un reencuentro con ella o al menos, jamás pensó que la mujer aun siguiera poniéndolo nervioso. Ella tenía razón, era un cobarde. No le costó averiguar donde vivía, la ventaja de ese pueblo era que todos conocen a todos. Una vez ahí, meditó un par de segundos antes de tocar la puerta, escondiendo sus manos dentro los bolsillos de su pantalón. Bajó la mirada, sintiendo el bombeo de su corazón latir con fuerza cuando escuchó unos pasos detrás de la puerta. Alzó la mirada, encontrándose con la —seguramente confusa— mirada de la castaña. “Hola, yo...” Apoyó la mano en el marco de la puerta, por si ella atinaba a querer dar un portazo, después de todo estaba en su derecho. “Lamento lo de la otra noche, tenías razón. Recordaba tu nombre.” Falseó una sonrisa, avergonzado y soltó un suspiro, rascándose la base de la nuca. “Estar en ese ambiente trajo muchos recuerdos, encuentros incómodos y estaba predispuesto —y tomado. No es excusa por mi comportamiento, Sadie.” @prescottsxdie
albraxton:
“Tú me hablaste.” Interrumpió con gesto aburrido, sin mirarlo. De haber sabido que lo utilizaría como vehículo catártico, se hubiera movido de allí en cuanto lo reconoció. Desafortunadamente, su título era en leyes y no en psicología como para pensar en cobrarle la maldita sesión. Ya bien lo dijo él: no eran amigos y no había deuda alguna. Sin embargo, allí estaban, como perros y gatos. Porque hay cosas que nunca cambian, no importa cuánto vello les crezca y la edad que aparentan. O a qué se dediquen. El contrario seguía con el ego inflado – aunque del tamaño de un arroz– y él, ¡por favor, el mundo es libre!, se acercó a beber, y planeaba seguirlo haciendo. No porque Harvey era un fastidio para sus oídos significa que se levantaría. Desde un lugar de su retorcida lógica, prefería que se agarraran a golpes a continuar solapando su idea de que todo es accesible. Y, ¿por qué? Porque podía hacerlo y punto. Los títulos universitarios colgados en la pared de su oficina no estaban de adorno. Porque los corruptos, sádicos y drogadictos en su archivo de clientes hacían sonar el parloteo del moreno como el quejido de un cachorro. Porque nadie, ¡absolutamente nadie!, lo había frenado. ¡Ni un profesor, fiscal, juez, periodista! ¡Nadie! Ni siquiera sus padres. Porque afuera de la oficina y de la corte, por fin se hizo de un mundo para él, con sus propias reglas y moral, y su voz era la única que escuchaba. Pero principalmente porque no tenía y nunca tuvo derecho de hablarle en ese tono. No si lo único que insinuó fue la verdad. Pestañeó un par de veces y fingió bostezar, ocultándolo con la diestra. “Gracias, viejo.” Dijo al barman cuando pasó otra ronda de tequila. No quería la suerte de su otro ex compañero: víctima al principio y después testigo de una discusión inútil. “Vamos viendo…” Depositó con suavidad el tequilero sobre la barra y finalmente, se dignó a ver al moreno. “En verdad que disfruté escuchar tu historia.” Marcó una cínica sonrisa en los labios. “Mira que he leído un montón de novelas y cuentos, pero esa ficción en la que te envidio es la más interesante, por no decir adorable que he escuchado.” ¿Tan falto de amor hay que estar para suponer algo así de ridículo? ¿Autoproclamar admiración en los ojos de un nemesis? Ahogó una risilla. “Y luego con ese giro shakespeareano donde te guardo rencor por cogerte a una de mis chicas es la cereza en el pastel.” Inclinó la cabeza hacia un lado, achicando la mirada. Esbozó una sonrisa. “¿Quieres que ponga el té sobre la mesa? Bien. Voy a ponerte el té sobre la mesa para no herir más tus sentimientos: Tienes razón. Soy moralmente ambiguo.” Hizo un puchero y alzó los hombros, desinteresado. “Sí, sí, sí… ¿Y qué? Mínimo no estoy buscando a mamá en cada mujer que me cojo.”
“No.” Corrigió al castaño, encogiéndose de hombros. “Yo hablé, jamás me dirigí hacia ti. Honestamente, no me había percatado siquiera de tu presencia.” Y así era, había hecho un comentario al aire y nada más. De todos a los que esperó encontrarse esa noche, el abogado no era ninguno de ellos. Se rió en seco, mirando hacia el techo con fastidio a medida que el otro hombre exageraba sus palabras. “Si, si, claro... Un cuento digno de novela.” Siguió, alzando las cejas sugestivo. La verdad es que había hecho una suposición, como lanzar una moneda al aire. No recordaba un momento, en antaño, en donde sus versiones más jóvenes hubieran iniciado a esa rivalidad que se traían, cuando quería ir al génesis de su enemistad, no encontraba un momento en específico. Habían sido enemigos naturales en donde el castaño era el chico popular del que todo el mundo agradaba y él, el chico popular del que todo el mundo temía y detestaba pero que las chicas encontraban atractivo. Iba añadir algo más pero escucharlo reconocer que era quién él decía, le hizo curvar una sonrisa de autosuficiencia que se congeló ante la mención de su madre. Parpadeó, quedándose con la palabra en la boca. Respiró hondo, dominando ese impulso que sentía por golpear al castaño en ese momento. Si a su padre no le permitió ensuciar su memoria, ¿a esté idiota? Menos, pero no era el lugar. Tras un par de segundos, se enderezó en su lugar, asintiendo con la cabeza lentamente. “Es curioso, minutos atrás dijiste que yo era el inmaduro y has metido a mi madre en una oración para qué, ¿joderme, ofenderme? Porque si es un intento barato de terapia... No te la pedí.” Dicho aquello, sacó de su billetera algunos dólares y se los aventó sobre la barra. “Parece que con ser abogado no te es suficiente. Buenas noches.”