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@x1th3r

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engañoso y malicioso, no tarda demasiado en acudir a una pequeña artimaña que acompaña su propio entretenimiento. "¿tienes idea lo difícil que es ver algo en ésta época cuando te sacan el ciberware de la vista?" atina a buscar punto sensible, empatía, lástima, lo que sirviera para que oportuna intrusa le pidiera disculpas. gafas eran una mera farsa de estilo, funcionaba para reafirmar su falta de visión. pretende no notar aquello que se le acusa, sin embargo el sonido del desgarro le puede dar un indicio. "¿eso te preocupa? ¿morir de frío?" inquiere desviando la mirada, como si realmente no pudiera enfocar en la fémina cercana. avanza un pie en dirección opuesta. se queda. "estamos en algo más importante que tener frío de mentiras" porque todo era una simulación, un invento, una creación digital. "el frío es mental" recuerda la frase de su propia infancia cuando no siempre podía conseguir algo para abrigarse por las noches.
"¿Y tú la tienes?" Inquiere devuelta. Ignorando por completo la presencia de anteojos en la acciones ajenas. Poco impresionada por el flojo esfuerzo ajeno de apelar a su sensitividad. Considerando le han apagado las emociones cual interruptor, cosa que el otro claramente no sabe. Pese a haber sido despojada del mismo dentro de la simulación, su cerebro aún no parece asimilar del todo el desajuste emocional que comienza a transformarse en su química. "Mis implantes no eran para corregir la ceguera, pero uno se acostumbra después de tantos años a tener una visión que sobrepasa los límites humanos." Admite. Sinceridad es incluso palpable, extrañando las pequeñas ventajas de su ciberware, pero claro, qué iba a saber él. Cuando ni es capaz de fijarse que están prácticamente atascados el uno al otro. "Me preocupa no poder completar mis tareas, y tú me estás estorbando." Vuelve a insistir, tajante. Halando de una la manga atrapada en el broche de la chamarra y dejando un montón de hebras tras su paso. Observa exasperada la prenda arruinada. "Lo que tú digas." Responde, apoyando una mano en el pecho masculino para proporcionar un leve empujón. "¿Tienes algo más interesante por decir además de que no ves nada? Intuyo tu... incapacidad te ha impedido avanzar en tus tareas."
En medio de una multitud tan abarrotada de personas, emociones y borrachos especialmente molestos — no es la primera vez que esto le pasa. Pero sí la primera en que encuentra tanta molestia y calidez a la vez, después de todo es una participante así como él. El límite entre realidad y simulación es tan fino en este juego al que se ha metido que no sabe si es el reclamo femenino el que le da vida al mismo, o más bien le quita. "Venga, has de estar acostumbrada. ¿O vienes de alguna simulación cálida de la que nos hemos perdido el resto de nosotros mortales?" sólo por el afán de molestar habla sinsentidos, destejiendo abrigo ajeno de entre los dientes del cierre de su campera. No es sin romperlo un poco, claro, la delicadeza jamás ha sido su fuerte. "¿Robarle el abrigo a alguien era otro conector y me lo perdí?"
Sacude su brazo con floja insistencia en un intento tosco de liberarse del otro, viendo esfuerzos en vano hasta que es ella quien, sin quererlo, se siente desubicada. "¿Simulación... cálida?" Le observa entre desconfianza y confusión, porque... ¿a quién se le ocurre? "He tropezado con miles de personas y la mayoría tiende a insultarme de vuelta." Es a lo que está acostumbrada; recibir tratos fríos e indiferentes, que la simple idea de alguien extendiendo una mano hacia su persona sin un interés de por medio le resulta fantasioso a más no poder. Y es tras esa pequeña revelación mental cuando encuentra sentido a sus palabras, o eso supone, aunque sabe de antemano se refiere al clima. "Y llegas tú con preguntas absurdas." El reclamo no se hace esperar. Sin tiempo ni cabeza para responder trivialidades. "¿Eres así todo el tiempo?" Atina ahora a preguntar ella, al menos así sabe con qué clase de persona está tratando.
Cuando la manga por fin es liberada, una mueca casi imperceptible se hace en sus labios al ver cómo realmente ha roto su suéter. "No es el conector, es el medio." Corrige con calma, cubriendo con una mano enguantada la evidencia de su brusquedad. "Tal vez un noble caballero se apiade de mí y me invite a su apartamento." Eleva los hombros, desinteresada. "A diferencia tuya, claro. Con ese tacto difícilmente vas a conseguir algo." Remata, sólo porque sí.
le mira de arriba a abajo para intentar descifrar de quién se trata, la única pista que obtiene es el número que le identifica como parte del programa. nova iba a distraída, maquinando cómo hacerse con la prenda de christina aguilera y, aunque lo más sensato sería reconocer su error y seguir adelante, el reclamo la impulsa a lavarse las manos monumentalmente. ‘ deberías darme las gracias, a nadie le gusta un suéter feo. ’ habla con calma, siendo el polo opuesto de la actitud que la castaña demuestra. contrario a sus manos, que trabajan con rapidez para deshacerse del nudo. ‘ busca otro o prueba suerte con las condiciones extremas, dudo que te dejen morir en una simulación. ’ para ella, el clima ni siquiera está tan helado como para provocar una baja. ‘ ¿ya cumpliste con todos los conectores? porque es irrelevante preocuparse por un suéter cuando tenemos trabajo que hacer. ’ cuestiona, consiguiendo liberarse de la prenda.
"Muchas gracias, ¿de qué manera podré compensar tan altruista acción?" Inquiere sin ápice de emoción en su tono al hablar, siguiendo la corriente por el simple hecho de hacerlo y no porque en realidad le interese. Ciertamente, Aither encuentra placer en pocas cosas, por no decir ninguna. Culpa de los supresores neuronales que tan amablemente le implantaron, y aunque en la simulación ha sido despojada de éstos, parece que su cerebro aún no percibe la ausencia.
"De hecho esa es una excelente idea." Reconoce con seriedad una vez deja de lado su insulsa dramatización. Observando atenta la agilidad de las manos contrarias para deshacer el nudo, y eleva una ceja con evidente curiosidad ante las últimas palabras. "Eso intentaba hacer hasta que te atravesaste en mi camino." Le recuerda. "Trato de encantar a alguien para que me bese una vez el reloj marque las doce." O le lleve a su apartamento, preferible las dos. "Pero ahora temo nadie querrá hacerlo por culpa de mi horrible suéter." Suspiro dramático le regresa esos aires teatricales que ha decidido adoptar durante la simulación. Aún y cuando beneficio aparenta ser nulo. "Ahora sólo falta me restriegues en cara que ya has conseguido todos los nodos."
Si tiene que ser sincera, no siente el golpe en su brazo izquierdo como lo hubiese sentido en su brazo derecho, así que las palabras solo la toman por sorpresa. Se ríe suavemente, tragándose la incomodidad ante el toque en la prótesis que no le gusta para nada. Quién diría que acabaría apreciando y extrañando su chatarra inservible de Tserkonis. "¿Cómo vas a morir de frío?" La pregunta es genuina, porque no sabe si es la simulación o qué, pero no ve la prenda dañada, ni siquiera cuando solo con ayuda de su mano derecha la desenreda de su botón. "¿Podemos cambiar de chaqueta? ¿Me quedo con esta y tu con la mía?" Después de todo no cree que los dejen morir. No sería... provechoso para nadie.
"Hmm." No le gusta la gente racional, así como ella, es inevitable ver su reflejo en otros y matar la diversión de su pobre esfuerzo por simular apariencias también. "¿Te cuento un secreto?" Continúa, echando un breve vistazo a las personas a su al rededor. Figuras que van y vienen sin prestar atención a sus presencias intrusas, incluso habiendo quienes les hacen mala cara por estorbar la pasada. "Trato de mezclarme con la gente, es obvio que no voy a morir de frío." Lleva una mano enguantada a la zona donde se ha atascado su abrigo, cerciorando que no tenga algún daño aún y cuando nunca ha cuidado de una sola prenda en su vida, sólo para confirmar un par de hilos sueltos. "Pero la euforia colectiva tiene un efecto interesante en los individuos, resulta que besar a alguien a la media noche es considerado romántico." Explica, regresando su atención en la otra después de examinar los daños. "¿No opinas lo mismo? Se llama coqueteo." Sin embargo, su voz no tiene ni un ápice de emoción. Porque, claramente, no entiende la euforia. "Gracias por la sugerencia pero la voy a declinar, no podría vivir con la culpa de que alguien... murió por mí."

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Camina con rapidez hasta el puesto de souvenirs, ¡quién diría que conseguir unos lentes sería tan complicado! Este es el tercer quiosco al que se dirige; espera que no le digan «agotados, lo siento», porque a este paso tendrá que robarlos o esperar que, milagrosamente, alguien los tire al suelo. ¡Mierda! Tiene que morder el interior de su mejilla para no soltar cualquiera de los insultos que pasan por su mente. ¡Justo lo que le faltaba! Debe detenerse para separar las prendas y, mientras la escucha, su entrecejo se frunce. ¡Qué absurdo! “ No te vas a... ”. Se queda en silencio, viendo cómo se llevan el último par de lentes que quedaba en el stand. Puede sentir su rostro calentarse a causa de la rabia. “ Y yo perdí los lentes, me arruinaste la oportunidad de tachar algo de la lista ”. Habla con severidad, posando la mirada en ella. Frustrada. “ Así que estamos a mano ”. Sentencia, incapaz de disculparse; no hizo nada malo. ¿O sí? “ Además, he visto a personas mucho menos abrigadas y están bien... No te quejes ”.
Pestañea un par de veces con una entremezcla de emociones que no puede —o no sabe— identificar, sin embargo, solo atina a catalogar aquél malestar como poco placentero cuando presta mayor atención a las facciones de quien ha caído víctima de su mal genio. Frunciendo el entrecejo en respuesta, se indigna más por la reacción contraria que por el incidente en sí. "Yo no arruiné nada." Responde con gobernada calma, demasiado acostumbrada a los conflictos, que si no fuera porque técnicamente está trabajando, ya habría dicho algo más. "Si un solo empujón te ha hecho perder la oportunidad de conseguir unos simples lentes, bueno..." Deja el resto de la frase en el aire, sugiriendo nada y todo a la vez. Alejando el brazo antes enganchado de la presencia ajena, observa con hastío la manga dañada. "¿Así que esto es una competencia ahora?" Bufa una risilla, fingiendo evocar algo que ni siquiera está ahí. Culpa de su rutina conflictiva.
Pero es el último comentario lo que termina por descolocarla, regresando su atención al par de ojos azules con una expresión difícil de descifrar. ¿Le está tomando el pelo? "¿Así como tú lo estás haciendo?" Inquiere. Volviendo a sentir el burbujeo incómodo en la boca de su estómago, debe detenerse una vez más para calmar sus nervios antes de negar con la cabeza. "Olvídalo, no vale la pena." Agita una mano enguantada. "¿Por qué no mejor me ayudas a conseguir un abrigo nuevo y yo te ayudo a buscar esos lentes? Así estamos 'a mano'." Menciona entre comillas, buscando sacar provecho de tan infortunado choque.
Con pasos decididos camina por las calles llenas de confeti sin rumbo fijo, un semblante que haría creer a cualquiera conoce su destino, pero lo cierto es que no. Besar a una persona, robar un artefacto, infiltrarse en un apartamento, todo suena relativamente fácil, y sin embargo, no sabe siquiera por dónde empezar.
"Fíjate por dónde vas." Espeta, como si no hubiera sido ella quien ha estado avanzando sobre el asfalto a base de empujones. Observando cómo la manga de su suéter ha quedado enganchada en prendas ajenas, deteniendo su andar. "Oh, genial. Lo has arruinado." Prosigue. Negándose a asumir la culpa en todo momento. "¿Qué voy a hacer ahora? Moriré de frío." Exagera, por último, sólo por incordiar o tal vez conseguir una pista. El papel de damisela en apuros no le caería mal en un momento como ese.