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Wolverinne
¿Porque te gusto?
Ricardo
jeje esa pregunta tiene infinidad de razones , pero resumiendo , porque tu mirada me hipnotisa , tus labios me dejan sediento , tus curvas me enrredan la mente , tus piernas - las caricio - es como si fuera un gato y ellas postes para rascar - las rasguño ligeramente - tu trasero dos masas de pan a los que hay q amasar y tocar con las manos , tus senos dulces a los que hay q morder y chupar para disfrutar cada segundos , tus manos , ooh esas manos q deseo q me toquen y acaricien
El tronar de los relámpagos.
El tronar de los relámpagos que cortaban la calma de la noche como si se tratase de un cuchillo caliente cortando un trozo de mantequilla, esto solamente era el preludio de una noche de desenfreno tal que, únicamente en las más descarriadas fantasías de aquel extraño sujeto eran capases de hallar cabida en este mundo.
La lluvia torrencial acababa de comenzar en todo el lugar mientras un pequeño automóvil pasaba por una lodosa carretera de terracería donde apenas había tocado la mano del hombre en aquel lugar. Una joven pareja se dirigía a un desconocido destino, discutían y parecían perdidos y aquella torrencial tormenta que atacaba el lugar no ayudaba en nada a su viaje ni a su estado anímico.
Ella lloraba porque parecía que el miedo a lo oculto y desconoció la invadían rápidamente, mientras un presentimiento de esos que únicamente las mujeres pueden entender y pueden predecir, le hacía sentir enormes escalofríos que recorrían su delicada espina dorsal de arriba hacia abajo y de regreso. Él no le prestaba atención, solamente buscaba un cartel que le indicara la ruta por la cual iban o al menos algún lugareño que le dijera por cual camino podría regresar a la carretera principal pero era imposible.
Los delicados brillos que las gotas de agua producían al contacto con los fortísimos candiles de auto producían malestar en aquel joven puesto que todo se distorsionaba al paso del auto, y la eterna lluvia que caía sobre el parabrisas no era para nada de ayuda. Ni una sola alma en el camino ni tampoco muestra de civilización a lo largo de la terracería hacía sentir a la joven aún más asustada y aturdida, sentía que debía bajarse el auto antes de que algo malo pasaste, y lo único que podía hacer era pedirle a su pareja que se detuviera.
>> Detente por favor, quiero bajarme, no me importa irme bajo la lluvia pero quiero bajarme antes de que pase algo malo – desesperadamente pedía mientras sus ruegos no llegaban a ningún lugar
>> Cállate y déjame pensar, que si no encuentro ningún retorno tendré que averiguar cómo regresar – le respondía su pareja en un tono tal que sonaba casi como un rugido.
Ella callo entonces y solamente se dedicó a contemplar su pequeño celular que exhibía en su pantalla la falta total de señal que imposibilitaba cualquier comunicación. La lluvia arreciaba más o esa impresión causaba mientras la joven escribía un mensaje que se quedaría guardado en la memoria del teléfono al no tener destinatario al cual ir dirigido.
Él joven parecía estar al borde del colapso mental al no poder encontrar una maldita indicación o un maldito cartel que le diera alguna señal de esperanza para poder hallarse. Comenzó a maldecir mientras se detenía de golpe y comenzaba a golpear con eterna furia el timón de su automóvil. Ella intento calmarlo como podía pero su respuesta fue un tremendo cachetazo que le rompió el labio inferior provocando que la tibia sangre de ella comenzara a brotar.
Ella temía a la sangre más que a otra cosa y solamente el sentir lo cálido de aquel líquido espeso la hacía gritar de terror mientras comenzaba a excitarse, respiraba rápidamente y sus ojos se salían de su cuenca. Sus pupilas dilatadas y su temblar de manos mientras buscaba algo con que limpiarse la sangre la hacían aterrarse aún más. Él le dio, entonces, su pañuelo para que se limpiara, pero su rostro no mostraba remordimiento algo sino que se miraba aun enfurecido a pesar de notar su acto.
Ella entonces se apaciguo al no sentir ya el calor de su sangre cayendo por su barbilla. El viaje prosiguió mientras ella miraba con miedo a su acompañante quien, por el acto de antes, parecía disimular lo que había provocado. En ese momento noto que ella lo miraba y confrontándola con la mirada, le dijo en un tono bastante pesado.
>> ¿Qué demonios me miras ahora? No esperes que me disculpe – esto le dijo mientras seguía concentrado en su camino.
>> Yo no provoque que me golpearas así. ¿Y así quieres que llegue a tu dichosa fiesta? ¿Con el labio roto? – Reprochaba ella mientras seguía secándose la herida – te dije que no fuéramos, pero nunca me escuchas. Ni cuando éramos novios me escuchabas, inclusive aquella vez que te dije que no fueras a aquel viaje con tus amigos me escuchaste, y esa vez recuerdo que casi te mueres – reprochaba ella hasta que él la interrumpió.
Más no fueron con palabras sino con su mano en alto, en clara intención lo que provoco que ella mejor callara. Fue menos de 5 segundos entre que el levanto su mano y que golpeara fuertemente algo en el camino. El muchacho dio el freno al notar que impacto algo pesado que pasaba o que se hallaba estático en el lugar. Ambos permanecieron durante un instante dentro del auto mientras intentaban entender que había pasado.
>> Debemos bajar – sugería ella mientras trataba de abrir.
>> Eres imbécil – la insultaba él mientras la tomaba fuertemente del brazo – No debemos hacer nada ¿entiendes? Te apuesto que fue solo un… estúpido venado o quizás un maldito perro.
>> Entonces debemos ir a ayudarlo – decía mientras se soltaba y lograba abrir la puerta, haciendo oídos sordos a los reclamos de su pareja.
La joven bajo a pesar del torrencial aguacero que acarreaba en ese momento el ambiente, seguida después de unos segundos por su pareja, el cual parecía estar más hastiado que preocupado. Rugía molesto a cada instante mientras su costoso traje de empapaba de pies a cabeza, arruinándole caro peinado y enlodándose sus zapatos de alta costura.
Ella noto que el bulto no se movía desde lo lejos, acercándose aún más rápido intentando descifrar que era aquel extraño objeto que yacía en el lodo debajo de aquella horrenda e inmisericorde lluvia.
>> Tráeme una linterna por favor – gritaba mientras se acercaba aún más – está demasiado oscuro y apenas puedo ver con los relámpagos.
>> Los rayos deben serte suficiente para ver ese pedazo de basura. Te apuesto que apenas es una bolsa de desperdicios que algún imbécil dejo en a mitad del camino – gritaba furioso el joven mientras sentía que toda su ropa se arruinaba.
>> Solo trae una maldita linterna – reclamaba ella.
El joven cedió a esta demanda, regresando enfurecido a su auto, abriendo la guantera y sacando una linterna. Corrió nuevamente y se lo dio a la chica, pero no directamente en sus manos sino que lo dejo caer provocando que la joven debiera agacharse a recogerlo.
Ella alumbro solamente para notar con terror que aquel bulto era un hombre que aparentaba una edad avanzada, no tenía cabello alguno y parecía que caminaba encorvado por la forma de su espalda, llevaba un gran abrigo. Su rostro estaba oculto puesto que se hallaba boca abajo. La chica intento darle la vuelta pero no pudo.
>> ¿Podrías ayudarme, al menos, a darle la vuelta? – preguntaba mientras se levantaba.
>> Este será el último maldito favor que te hare – sentenciaba mientras le entregaba la linterna a ella, agachándose y dándole la vuelta al señor.
Ya desde arriba, la apariencia del sujeto era horrenda en verdad. Su piel presentaba unas extrañas escamas en toda ella, eran asquerosas y parecían ser producto de alguna extraña enfermedad, posiblemente contagiosa. Su rostro tenía una gran cantidad, además, una gran cantidad de arrugas que se esparcían en todo el entorno de su cara pero lo más inusual era, también, unas extrañas ocultaciones en su cuello, como si la piel de su cuello estuviese plegada dando la impresión de ser un sujeto muy anciano.
Su boca era alargada con labios finos y con una extraña apariencia, y sus ojos, a pesar de estar cerrados por sus escamados parpados, denotaban ser bastante saltones. Realmente era un sujeto bastante desagradable.
La pareja retrocedio al ver su apariencia, asi que decidieron moverlo a un costado del camino y retornar al automóvil. Ya en el carro, el joven comenzó a revolver la guantera de forma impaciente, encontrando al rato un pequeño frasco de alcohol liquido, limpiándose sus manos una y otra vez mientras musitaba molesto el atrevimiento de la chica al pedirle tocar a aquel asqueroso sujeto.
Ella solo lo miraba con desprecio mientras se sentaba del lado del copiloto e intentaba calmarse. Al instante decidieron partir, hiendo en silencio en todo el camino, siendo los únicos sonidos dentro del vehículo, el respirar de ambos y el sonido del pañuelo de él sobre el labio de ella, quien intentaba prevenir que le sangrara de nuevo.
El auto corría en aquella lodosa desviación mientras intentaban divisar algún letrero nuevamente, hasta que los faroles del auto lograron señalar un letrero burdo y hecho de forma tosca, el cual indicaba en letras grandes: New Point View – 5 km.
>> ¿New Point View? – Musitaba ella mientras leía el cartel a través del cristal de la puerta – recuerdo que mamá dijo que jamás me acercara a ese lugar.
>> Tu madre es una vieja loca y supersticiosa, que si le dicen cualquier pendejada, se la cree – respondía el joven ante el comentario de ella.
>> ¡Cállate maldito imbécil! Tu no hablaras así de mi madres ¿Está bien? – gritaba ella mientras intentaba ganar algo de respeto para su progenitora.
Él la vio, entonces, con una tremenda furia, deteniendo el auto de golpe y propinándole otra cachetada a la muchacha, quien impacto su rostro contra el cristal ante el golpe recién recibido. Para suerte de ella, esta vez el golpe no produjo sangrado alguno pero si una hinchazón que se hizo presente rápidamente.
>> Nunca… jamás… vuelvas a hablarme así… ¿te queda claro? – Preguntaba él mientras intentaba hallar una respuesta, pero viendo el silencio de ella, tomo el rostro de la joven con su mano y apretándolo fuertemente, la obligo a verla a los ojos - ¡te dije ¿¡si te había quedado claro!?¡
Ella únicamente comenzó a llorar y musito un débil “si”, mientras él la soltaba y proseguía con su camino. Más adelante encontraron otro cartel, igual de rustico, que indicaba: Reduzca velocidad – Paso de ganado. Él joven así lo hizo, tratando de evitar chocar contra alguna desprevenida vaca que se le ocurriese cruzarse a esas horas por aquel lugar. Mientras transitaba aquel camino en dirección a aquel pueblo olvidado por Dios, la lluvia comenzó a apaciguarse, ayudando a la visibilidad del camino.
Pero algo helo la sangre de ambos al notar lo que se hallaba en el camino: Era el mismo viejo que habían atropellado anteriormente, se hallaba parado enfrente de ellos, inmóvil y viéndolos directamente con sus vidriosos y saltones ojos. El muchacho entonces, en un arranque de terror, acelero a todo dar el carro, intentando atropellar de nuevo al sujeto y esperando que esta vez no volviese a levantarse. Pero el sujeto ni se inmuto, sino que se quedó estático en el camino.
Él joven grito mientras aceleraba aún más pero, estando ya a metros de distancia, algo le obligo a doblar el timón, impactando el auto contra un enorme árbol. Ambos muchachos quedaron inconscientes entre los retorcidos fierros mientras solamente el sonido de un pequeño timbre del mal trecho vehículo, sonaba insistentemente.
Ella despertó al poco tiempo, estaba adolorida y confundida, recordando únicamente que, momentos antes, su esposo había acelerado el automóvil para intentar arrollar al sujeto que creían muerto, mientras ella cerraba sus ojos y lloraba de miedo. Recordaba vagamente el estruendo del choque y de ahí, solamente oscuridad. Ahora se hallaba recostada, extrañamente recostada para ser sincero.
Lentamente fue recobrando el sentido pero sus ojos comenzaban a arrepentirse de haber comenzado a ver todo claramente. Estaba ella y su pareja atados de pies y manos con grilletes, sobre unas enormes tablas de madera en algún horrendo cobertizo lleno de ganchos de carnicero, trampas para osos y asquerosas y oxidadas herramientas. Intentaba moverse pero sentía el ardor de los oxidados grilletes al rozar su tersa piel. Estaba asustada y comenzó a gritar pidiendo ayuda.
>> ¿Podrías callarte de una buena vez? – fue lo único que recibió de respuesta.
Era la voz de su acompañante quien apenas estaba despertando. No había notado aun el lugar donde estaban, pero al poco tiempo se percató de su situación, llegando a gritar él también, pero no pidiendo ayuda sino que eran gritos de terror.
Ella comenzó a respirar rápido ante aquella situación tan precaria. En eso el chillido de las bisagras de la puerta se hizo notar, mientras aquel sujeto entraba de forma pesada, arrastrando los pies y caminando algo encorvado, llevando consigo un viejo pero enorme y aparentemente afijado cuchillo y un libro forrado de piel que parecía estar bastante curtida y daba el aspecto de ser un libro sumamente viejo. Él sujeto noto de inmediato que los dos jóvenes habían despertado y les dijo.
>> Despertaron, me alegro – decía mientras se quitaba su pesado abrigo y acercaba su extraña mano al rostro de ella – ¿Qué te sucedió? Bueno no importa, el libro no dice que debas estar intacta.
Dicho esto, clavo el cuchillo sobre la tabla que cerca de la cabeza de ella. La chica volteo y noto en la hoja varias manchas de sangre seca, provocando que sus pupilas de contrallasen y que comenzara a transpirar a mares, sus ojos se llenaron de lágrimas y su respiración se hizo corta y rápida, comenzando a gritar de terror. Él asqueroso tipo volteo irritado, tomando un trozo de trapo todo sucio, formando una bola y metiéndoselo directamente en la boca a ella mientras decía.
>> Él amo no creo que desee escuchar tus gritos, mujer, así que te aconsejo que te calles – dicho esto, saco el cuchillo y abriendo el libro comenzó a hablar.
Era una extraña lengua, incomprensible para cualquiera que la escuchase y que se considerase cuerdo, pero para aquel extraño y horrendo sujeto, parecía ser casi como una segunda lengua, sino es que se trataba de su idioma materno el que pronunciaba. Eran palabras que emanaban un aura diabólica, la sola mención de una de ellas helaba la sangre y que eran tan profanas, blasfemas y mórbidas, que decir una sola de sus letras ya era una clara afrenta a todo lo sacro del universo.
La chica trataba de quitarse con la lengua, aquel horrendo trozo de tela pero era inútil, el trapo era demasiado grande y apenas lograba acomodar su mandíbula con el adentro. Su esposo, en cambio, comenzó a forcejear con los grilletes, en un vano intento de liberarse. El asqueroso tipo finalizo su cantico demencial con una simple pero blasfema frase que era el punto final de aquel carnavalesco y tétrico circo.
>> Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn – dicho esto, acerco el cuchillo al vientre de la chica, quien comenzó a retorcerse de pavor.
El chico vio esto y le grito al extraño ser.
>> Detente… ven, hagamos un trato ¿Qué…qué te parece? – decía, intentando ser diplomático.
>> ¿Un trato eh?... veamos cual trato me quieres proponer, fuereño – Dicho esto, se acercó al joven y se le quedo viendo.
>> Escúchame… te propongo esto… déjanos ir y te prometo que te daré la mitad de las ganancias del mes de mi empresa. Ganamos al mes mucho dinero y te aseguro… que… que caería bien – decía intentando convencerlo.
>> Estúpido y avaricioso. ¿Crees que quiero riquezas? Yo busco complacer a mi amo y tú me ofreces banalidades. Solo por eso, tú serás ahora el primero – diciendo esto, y tomando su enorme cuchillo, se preparó para dar una enorme estocada, pero el joven nuevamente hablo.
>> Por favor… por favor, no me mates… mátala a ella primero, ella sería mejor que yo como sacrificio. ¿Qué tal te suena eso? A… además, dudo que tu amo desee recibir como sacrifico a una basura como yo… así que… mátala a ella que igual… ella… ella es pura. Si me dejas ir… yo… yo prometo no hablar de nada ¿ok? - trataba nuevamente de negociar el nefasto muchacho, provocando el llanto de la chica ante esta traición.
El tipo considero esta oferta mientras jugaba con el cuchillo.
>> Buena oferta me ofreces esta vez… creo que yo – decía. En eso clavo la hoja en el vientre del joven, quien grito de dolor – Creo que rechazare tu traición – comentaba mientras metía aún más la hoja en los tejidos del muchacho – por cierto, hace años leí un interesante libro acerca de una cultura de ustedes, donde los guerreros se suicidaban haciendo un corte de derecha a izquierda en sus estómagos, luego regresaban y cortaba hacia arriba.
Diciendo esto, el tipo comenzaba a hacer este mismo corte, provocando que el joven comenzara a apretar su mandíbula, rechinando sus dientes de manera tal que se escuchaba el crujir de ellos y hasta el sonido de más de uno comenzando a desquebrajarse mientras el cuchillo, el cual no estaba tan filoso como aparentaba serlo, transitaba su camino, cortando la piel, músculos y tejidos por igual, provocando que la sangre cayese por los lados hasta el suelo. La chica solamente gritaba, o intentaba hacerlo de no ser por el trozo de tela en su boca, sabiendo que ese sería su destino próximo.
El tipo termino de cortar, más no dejo la tortura hasta ahí. En lugar de sacar el cuchillo para darle vuela, decidió darle vuelta a la hoja aun dentro del muchacho, quien apretaba aún más la mandíbula de dolor, rompiéndose varios dientes y sangrando a través de los agujeros que hay entre los dientes que aún le quedaban juntos. Sus ojos saltaban de dolor mientras el cuchillo hacia sus cortes finales, llegando al medio de su vientre y comenzando a cortar hacia arriba. Es ese momento, el pobre diablo logro abrir la boca por fin solamente para dar un chillido de dolor que de golpe fue ahogado por un borbotón de sangre que salió disparada de su boca y nariz, inundándole todo el rostro.
El tipo por fin llego al esternón del muchacho, el cual estaba más allá que acá, pero aun sentía cada grito de dolor que sus desgarrados nervios producían, pero ahí no quedo la cosa. El asqueroso sujeto tomo una palanca, y halando de ella, provoco que la tabla se comenzara a levantar, ahora poniéndola en posición vertical y provocando que las vísceras del joven cayesen al suelo, las cuales se mezclaban con el agua que había dispersa en el piso, agua que, al estar aparentemente el cobertizo cerca del mar, era obviamente salada, provocando un ardor y dolor insoportable para el chico, quien utilizaba sus últimas fuerzas para emitir un agudo grito de dolor, teniendo espasmos espantosos y escupiendo sangre con espuma de su ya retorcida boca y tirando sus ojos hacia atrás.
>> Creo que finalizare tu agonía – dijo el tipo, clavándole una enorme estaca de acero en la frente del muchacho, acabando así su miseria.
La muchacha comenzaba a ahogarse en su propio vomito al no poder sacar el líquido que intentaba expulsar en ese momento ante aquella escena. Entonces el asquearte ser se acercó, notando la situación de ella, quitándole el trozo de tela y viendo como la muchacha sacaba todo el contenido estomacal en un solo borbotón mal oliente.
>> Contigo hare lo mismo que con él - comentaba el sujeto mientras la miraba fijamente a los perdidos ojos de ella.
>> Por… por… por favor… déjeme ir… no hablare nunca… no… no quiero recordar nada de eso… por favor – rogaba ella mientras lloraba a mares.
>> Mi rey Dagón me dijo que jamás soltara ningún sacrificio, que mi señor Cthulhu no sería feliz hasta que se completara todo – dicho esto, el acerco el cuchillo al vientre de ella.
>> Por favor… se lo ruego… no quiero morir…por favor – rogaba nuevamente ella.
El tipo entonces halo otra palanca, provocando lo mismo que con el otro muchacho. Ella estaba asustada y solamente se mordía su ya herido labio mientras sentía la sangre brotar desde su recién abierta herida. Él tipo entonces soltó los grilletes y provoco que la chica callera de rodillas. Ella respiro aliviada al notar que su captor la había dejado en libertad. En eso escucho la voz del tipo.
>> A su amigo, señorita, lo sacrifique de esa manera puesto que se notaba que era un sujeto que no era digno ni merecía ser sacrificado para mi señor Cthulhu, así que solo lo asesine. Pero usted, señorita – decía, mientras dejaba enfrente de la chica una estatuilla esculpida en un extraño mineral negro – es algo que mi señor se complacerá.
La chica, al escuchar estas palabras, se estremeció al sentir sus esperanzas de salir con vida volverse añicos ante sus ojos, pero el terror máximo, un horror tan infinito la invadió al ver a aquel ídolo tallado en aquella piedra negra. Era la figura antropomórfica de un extraño ser con apariencia de dragón, pero con cabeza de pulpo. Los tentáculos que coronaban su boca, caían horrendamente sobre su rechoncho cuerpo, sus garras, tanto de sus manos como de sus patas, cubrían el pedestal donde yacía y sus alas, de apariencia membranosa y mal cuidadas, daban el toque final a aquella espantosa criatura que evocaba un mal más antiguo que el hombre o el tiempo mismo.
En eso noto la mano del tipo, quien sujetaba su cabello y halaba su cabeza hacia atrás, dijo algo que nuevamente le helo la sangre a la chica, algo que ya había escuchado pero que, ahora, causaba un efecto de mayor terror en ella.
>> Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn (En su morada de R'lyeh, el muerto Cthulhu espera soñando) – dijo el tipo, acerco el cuchillo al cuello de ella y dando un fuerte jalo, rebajo la piel de la chica, quien solamente abrió los ojos al sentir el calor de su sangre sobre su pecho, comenzó a sentirse taciturna.
La chica, entonces, fue colocada de tal forma que su sangre cállese sobre la estatuilla, posando sus ojos y viendo por última vez a aquel ídolo, sintiendo el terror infinito, encontrando un fin que ningún ser debería hallar jamás, comprendiendo que ni en los brazos de la muerte, hallaría paz alguna, puesto que había contemplado a los ojos, el terror del infinito y el infinito terror.
«Que no está muerto lo que yace eternamente, y con los eones extraños incluso la muerte puede morir» - H.P. Lovecraft – El Llamado de Cthulhu.
Wolverinne;
gracias
Ricardo;
no hay nada que agradecer.
Wolverinne
porque?
Ricardo;
porque debería dar las gracias soy yo.
Wolverinne
por las fotos??
Ricardo;
-niego con la cabeza - por ser mía.
Wolverinne;
no debes agradecer mi es tuya porque quiero.
Ricardo;
lo se , por eso te lo agradezco.
Wolverinne;
soy tuya por voluntad propia.
Ricardo;
y yo tullo por que me tienes amarrado , digo por voluntad propia.

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Tiempo sin saber lo que es amar aun cuerpo con placeres carnales u.u
Wolverinne
Aniversario Perfecto...
El vendo mis ojos con algo suave y terso que acariciaban mis ojos con vehemencia, asustada y emocionada trate de ubicarlo pero solo su aroma, su perfume varonil se encontraba en el aire.
-Deja ya de jugar- Dije riendo y buscando en el aire su presencia, sus dedos tocaron los míos entrelazando nuestros dedos, di un pequeño salto de asombro y el comenzó a caminar lento, tranquilamente mientras acariciaba mis dedos con el pulgar como era su costumbre.
Sin previo aviso su respiración se sintió en mi nuca y oí chasquear sus labios para susurrarme.
-¿Dejaras tu cuerpo a mi merced?- Sus palabras eran como suaves carias entonando en mi oído, suspire al sentir su calor en mi piel, tomando los tirantes de mi ajustado vestido negro.
Mordí mi labio tratando de imaginar lo que por su mente planeaba y pensaba hacer sobre mi cuerpo. Un aniversario de ensueño eso era esta noche.
-Es todo tuyo- Respondí a su insinuante pregunta, beso mi nuca lanzando una advertencia de lo que vendría al resto de mi cuerpo, la lujuria comenzaba a brotar con calor de mi cuerpo.
Sus lábiles manos bajaron el cierre de mi vestido escuchándose un largo y agobiante roce con los dientes de plástico, el suave algodón halago a mi piel con dulces besos de caramelo hasta anidarse en el suelo.
Y ahí estaba casi completamente desnuda, lo escuche dejar salir un resoplido de quizás admiración, sus manos acariciaron mi cintura suavemente hasta mis caderas, su dedo índice dibujo mi ropa interior torturándome bajándola lentamente.
-Por favor- Roge mientras dejaba caer las bragas desde mis rodillas al suelo.
-No debes hablar- Beso la esquina derecha de mi boca, desasiéndose de mi sostén.
-Quieta y por favor déjate llevar por mí- Junto mis codos en mi espalda anudándolos con la misma tela que vendo mis ojos, respire profundamente, solo estaba ahí parada con mis tocones matadores.
Me tomo en sus brazos y me recostó boca abajo sobre la mullida cama.
Sus manos se posaron en mis caderas elevándolas con gracia. Sus dedos rodearon mi cuello apretándolo con fuerza, gruñí ligeramente al sentir el ligero dolor, sus dedos viajar por mi espalda remarcándolos contra mi piel dejando un camino de diligente ardor.
Acaricio entre mis nalgas, sorprendiéndome al sentirlo tocar mi ano, una y otra vez, era una sensación rara y placentera.
Su dedo lo recorrió varias veces antes de sentir el empujón feroz al meterlo en el lugar más oscuro de mí.
-¡ah!- Gemí con fuerza por su agresivo arrebato pero agresividad no seso, metió y saco su dedo de mi ano violentamente, jugando a la velocidad y a la tenacidad.
¡Ah! ¡Aah! Gemía en mis adentros volviéndome loca por no dejar soltar alguno, un placer desconocido y delicioso que me hacía vibrar complaciendo mis más oscuros anhelos de diosa que me elevaban a un sentimiento ardiente y entonces se detuvo dejándome frustrada y queriendo más de ello.
Ante mi respiración agitada no sentí su presencia solo su perfecto aroma a Mont Blac en el aire.
Impaciente moví mis caderas en un intento desesperado para sentir sus calientes manos y dedos sobre mi piel… cuando de repente escuche un sonido sordo que resonó contra mi piel dejando un dulce dolor.
-¡¡Ah!!-Grite más de sombro que de dolor, sabía lo que me golpeo era una fusta que jamás aviamos ocupado arrinconada al final del armario con deseos de montar algún día.
El pequeño cuadro al final acaricio mi mejilla dejándome su aroma a cuero puro y un rose ligero en la piel de mi espalda.
Presiono el muy delgado y largo bastón contra mi clítoris asiendo gruñir y desear con un repentino azote en mi nalga derecha, volviéndome a dejar ese ardor exquisito que me ase destellar de lujuriosa agonía.
-Pídemelo- Ronroneo acariciando mis nalgas con la fusta.
-Azótame- Esboce ante un suspiro ahogado y un regalo bien merecido, la fusta comenzó hacer su trabajo.
Uno, uno más ,otro más fuerte, un fuerte sonido emitido de mi piel irritada contra el cuero duro pero suave sonando como un eco cada vez más alto dejando un dolor ardiente y fuerte lujuria y más que pasión, ahí van dos más fuerte seguidos hasta que su último golpe desgarro mi piel mostrando la herida con sangre.
-¡Ah!- Grite con fuerza entre gemidos, me volvía loca era demasiada excitación acumulada y mi interior amenazaba con explotar se deliciosa miel que él sabe preparar.
Su lengua elimino cualquier rastro de rojo carmesí, mordiendo y besando mi nalga adolorida.
-Basta te necesito- Dije como plegaria.
Pude casi ver su sonrisa de satisfacción y pura lujuria reflejada en su mirada, su mano acaricio mi trasero mientras el suave sonido de la tela de su ropa sonaba mientras él se la quitaba.
-¿Cuánto lo necesitas?- Por fin sus palabras calmaron mi desesperación.
-Desesperadamente- Solté un jadeo al sentir su perfecta fuerte y gruesa erección entre mis nalgas.
-Ahora aún más- La punta de su pene acaricio agonizantemente mi perineo y mi vagina.
-¿Duro?- Acaricio cada letra al hablar.
-Se un demente- Respondí a su posdata.
Sus manos se apoderaron de mis caderas dando un tirón firme y fuerte, atrayéndome directamente hacia él su duro y recio pene en mi interior, envistiéndome montuosamente abriéndose paso ferozmente en lo recóndito de mi ser, dándome una sensación de escalofrió placentero, armonizando mi vagina con música.
Todo vuelo saliendo un poco de mi para darme un más de sus envestidas violentas y firmes.
Entra sale, sale entra, firme y feroz acariciando mi interior con su encarnada potencia, jadeo, grito, gimo, gruño, me ahogo entre mi placer y mi exterior.
-¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!- Es inevitable gozar ante sus envestidas directas, felices y hasta llegaran hacer de un animal, mi garganta sufre ante mas continuos quejidos amenazando con dejarme sin habla.
Se inclinó sobre mí, mientras sus caderas daban tiraban contra mi trasero sonando nuestros cuerpos al chocar un sonido agudo y sonoro, tomo mis senos apretando mientras mis pezones entre sus dedos son estrujados y masajeados con fuerza y exabrupto.
-¡Me vengo!- Exclamo sintiendo el alivio torturador venir a mí, esas cosquillas internas difíciles de describir y quizás no descritas y mucho menos dichas.
Se dejó ir, enderezando su espalda sin dejar ni disminuir su vaivén exquisito y con mucho furor, pasión, un movimiento que te lleva al límite de la locura y que te invita a saltar hasta el fondo más oscuro.
Y por si fuera poco, su mano reclamo mi nalga adolorida y hace poco sangrada, dándome como bienvenida una serie de nalgadas resonantes y al compás de sus letales envestidas.
Y ahí estaba el regalo de Dios hacia lo que significa ser femenina una mujer, un escalofrió me recorrió de la cabeza a los pies, por fin toque el cielo y me quede ahí relajándome por completo, me vine, un orgasmo que sientes desgarrar por dentro de puro placer.
-¡¡AH!!- Gemí o grite no estuve muy segura cuando le dio el matiz el final perfecto a mi exhausto punto más que medio, me lleno con lo más dulce de él, jalándome el cabello, apretando el nudo con sus dedos.
Sus movimientos cesaron en casi seco, suspire con alivio y un suave dolor inundo mi interior al sentirlo salir.
Con respiración agitada, entrecortada y esfuerzo por respirar con normalidad, tomo mis hombros y me sentó en la cama con delicadeza, me quito la venda de los ojos y la que unía mis codos con suavidad y lentitud.
Sonrió al ver mis ojos fijos en él y sus movimientos, me regalo un beso que dio por terminado un aniversario perfecto.
"Te deseo, deseo ese exquisito cuerpo cincelado metódicamente solo para mi, porque tu, mujer mía tienes mi nombre marcado en cada centímetro de esa maravillosa piel tuya hecha para amarse"
Wolverinne
"Te quiero dolorida, nena. Quiero que, cada vez que te muevas mañana, recuerdes que yo he estado dentro de ti. Sólo yo. Eres mía."
Christian Grey

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“Atrapo tu labio mordiéndolo para besarte insaciable, voraz y hambrienta jugando con tu lengua lascivamente rijoso”
Wolverinne
“Saboreo tu pene con voracidad, chupándolo con vigor y jalándolo con furor”
Wolverinne
“El, su cuello, su mandíbula, el y sus hombros, su respiración, el, sus manos sus brazos y su pecho, el y sus caderas fuertes, sus piernas largas, el, sus pies, sus dedos sus uñas su… todo, es solo el”
Wolverinne
“Me tiene, tiene cada centímetro de cada poro, de cada célula y fibra de esto que es mi piel, hambrienta por sus manos, codiciando sus labios, suplicando por su calor y por la presión de su basto cuerpo”
Wolverinne

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