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Religión y Cultura: Una relación de vieja data.
Por Victor Del Vecchio
La antropología, entendida como aquella ciencia que analiza y estudia al hombre desde su concepción cultural y social, es una ciencia que a primera vista parece inútil, pero que al analizarla con detenimiento, es una ciencia compleja porque estudia aspectos muy complejos y muy variados sobre la existencia y el desarrollo personal y social del ser humano.
Dentro de ese abanico de espacios y paradigmas de estudio del ser humano, encontramos el estudio del hombre a través de la religión y la cultura. Siendo la primera ese conjunto de creencias en seres divinos que permiten dar un entendimiento del mundo a un determinado grupo de personas, y siendo la segunda todas aquel conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo.
Ahora bien, y de conformidad con la lectura de Serena Nanda, la relación entre la religión y la cultura guarda una dirección de complementación mutua, en el sentido que la religión determina y en muchas ocasiones permite dar pautas o establecer cómo se va moldeando la cultura de los pueblos, definiendo así lo que conocemos como un “orden social” y aumentando los controles sobre el estilo de vida de los seres humanos.
En ese sentido, entre la religión y la cultura hay una relación lógica, es decir, que no se puede concebir la una sin la otra, ya que no permanecen separadas sino que se unen, siendo por eso la religión, según la experiencia histórica, la clave de las culturas y civilizaciones.
Lo anterior quiere decir básicamente que la religión moldea la cultura de los pueblos y las naciones, y tanto es así, que son innumerables los escenarios propicios para entender dicha relación.
En concreto, podemos irnos al caso de la religión islámica y el conflicto de medio oriente, en donde el poderío y la creencia religiosa en la divinidad se ha mantenido incólume y no ha dejado que se modifique el estado islámico debido a la importancia y al arraigo de los preceptos divinos.
Es el mismo caso de Colombia, en donde no fue hasta el año 1991 en que fue modificada la constitución política y se abrió paso a la libertad de cultos, pues como sabemos, antes del año 1991 el Estado Colombiano era una Estado confesional, dirigido por la Iglesia Católica, es decir, que según la ley colombiana anterior al año de la constitución de 1991 no había la posibilidad de profesar otra religión, y esto muestra la influencia tan importante que tiene la religión en la cultura de los pueblos.
A su vez, tenemos el caso de los Testigos de Jehová son conocidos por no aceptar transfusiones de sangre y no participar en el servicio militar donde es obligatorio. Tienen su propia versión de la Biblia, la que fue adecuada para albergar algunas de las enseñanzas que colisionaban con las versiones de la Biblia más tradicionales.
Lo anterior, nos muestra como la religión es un referente en la vida de los seres humanos, dentro de su concepción aspiracional de darle sentido a su existencia, o de saber de dónde viene. La cultura de los pueblos viene ligada muy fuertemente a las creencias divinas y esta ha sido una constante desde los inicios del mundo, muy a pesar de las épocas en que el hombre trató de dar un significado racional a su devenir, pues con dichos estudios también se está haciendo referencia a algún tipo de religión, lo que permite enmarcar esa búsqueda de la divinidad desde todos los frentes.
Es aquí donde entra a jugar su papel las formas en que los seres humanos instrumentalizan la creencia divina, la cual puede ser en el animismo y el animatismo, entendido el primero como la creencia en objetos inanimados (aplica para varias religiones) o el caso del animatismo, en donde se cree en un poder sobrenatural (caso del cristianismo y el espíritu santo).
En pocas palabras, desde el punto de vista antropológico debemos comprender que el ser humano en su misma necesidad de darle un entendimiento al mundo en el que vive, ha desarrollado su cultura a partir de sus creencias religiosas, o a partir en la creencia en una divinidad, desde los tiempos del Popol Vuh y hasta la era del cristianismo romano, e inclusive en nuestros días, cuando nacen ahora teorías de conspiración y de orden mundial (iluminnatis, repitilianos, tierraplanistas, etc), la realidad nos muestra que la relación entre cultura y religión seguirá siendo una constante, pues es una característica inherente a la condición humana.
Sapos en Corralejas
Hace unos días estaba mirando el afiche que anuncia el regreso de las corralejas a nuestro pueblo y no había terminado de leer la programación cuando las voces de protesta en contra de esta fiesta ya se anunciaban en nuestro medio periodístico más influyente y ahora también chismógrafo de cabecera: Sahagún en Línea.
No cabe duda que el tema de prohibir o no las corralejas es un debate que ha despertado pasiones, opiniones y controversia en todos los sectores de nuestra sociedad y no es para menos, después de ver las crueldades cometidas hace un tiempo en contra del toro que sufrió una muerte violenta en las fiestas de Turbaco, o el caballo que descuartizaron en plena arena y ante la mirada indiferente de cientos de espectadores en el municipio de Buenavista, en Sucre.
Fueron situaciones tan reprochables, que las voces de abogados, organizaciones defensoras de los animales, ambientalistas e inclusive el gremio de los toros se alzaron en contra de estos actos y hasta el alcalde de Turbaco fue denunciado en la Fiscalía por prevaricato por omisión, al no tomar las medidas pertinentes y no advertir sobre la protección especial que deben recibir los animales durante las corridas, como tampoco sobre la negativa de ingreso de niños a estos eventos.
El rechazo hacia estos hechos de barbarie ha sido categórico y ha venido desde todos los sectores sin excepción, con argumentos no sólo desde el punto de vista ético, sino también con el debido respaldo legal que a la luz del estatuto de protección animal ha prohibido estas prácticas desde antes de la promulgación de la Constitución de 1991.
He querido referirme a este tema en particular porque últimamente y al mejor estilo de Greenpeace, de la nada aparecieron unos dizque animalistas y defensores de la cultura, de la decencia y las buenas costumbres, a señalar que la popular “fiesta en corraleja”, manifestación cultural típica de nuestra región sabanera, constituye no sólo un atraso en nuestra forma de abordar la cultura, sino además un atentado y una violación directa de los derechos de los animales, específicamente de los toros.Quiero dejar claro que desde ningún punto de vista justifico el maltrato animal, pues soy de los que piensa que los animales son sujetos de algunos derechos, pero sí defiendo el significado que tienen las corralejas para una cultura que durante años ha estado ligada a ellas.
Entendamos de entrada que la realización de las corralejas es permitida desde el punto de vista legal, y aunque hace un tiempo fueron demandas las excepciones que trae nuestro Estatuto de Protección Animal (Ley 84 de 1989) que permite la realización de rejoneos, novilladas, corralejas, becerradas y peleas de gallos, la Corte Constitucional declaró la legalidad de dichas prácticas en la sentencia C-666 de 2010, recordando precisamente el arraigo que tienen estas tradiciones en la idiosincrasia de ciertas regiones de nuestro país. Eso sí, el alto tribunal hizo la salvedad que los animales que participan en estas fiestas deben recibir protección especial contra el sufrimiento y el dolor durante el transcurso de esas actividades y que de ello depende la no prohibición de las mismas.
Lo mismo dijo el Consejo de Estado cuando tutelaron las corralejas de Sincelejo el año pasado, pues en el fallo que resolvió la tutela, con ponencia del magistrado Guillermo Vargas Ayala, se dijo muy clarito que se puede “regular la realización de las manifestaciones culturales que impliquen violencia animal para garantizar en la mayor medida posible el deber de protección de las especies involucradas en ellas, sin que, se repite, puedan prohibir o suspender estas manifestaciones culturales amparadas por la Constitución y la Ley”. En pocas palabras, las corralejas si se pueden hacer, siempre y cuando se hagan bien.
Aceptémoslo, lo que pasó en Turbaco y en Buenavista fue una brutalidad, fue una cosa de vándalos que no se puede repetir, quienes frecuentan las corralejas a lo largo de la región y quienes solo asisten de manera ocasional o cuando juegan de local saben que a pesar de que las pintan como una actividad sangrienta, la realidad es otra, el animal nunca muere e inclusive continúa participando en corralejas de otros pueblos y regiones, mueren más personas en otras circunstancias y matan más animales de otra forma un puente festivo en Colombia que en una tarde de de toros. La realidad es que estos eventos difieren muchísimo del espectáculo de los toreros que cortan orejas y matan toros con pantaloncitos apretados y me atrevería a decir que nuestra fiesta no gira alrededor de una tortura en contra de estos animales y que el toro no es el único protagonista del espectáculo.
Las corralejas son una tradición que se ha mantenido por más de un siglo y han sido una expresión cultural propia de nuestra región desde mucho antes de que se nos diera por hacer nuestra propia versión del Carnaval de Barranquilla, desde mucho antes de que nos inventáramos el Festival Nacional de la Cultura (otra de nuestras fiestas propias y que merece todo el respeto y preservación) e inclusive desde mucho antes de que en el Congreso los ñoños lograran esa “gran proeza” de declarar al Festival Princesa Barají patrimonio artístico y cultural de la Nación.
La fiesta en corraleja es una celebración que une a los pueblos alrededor de un sentimiento colectivo, de una fiesta patronal o de una fecha conmemorativa, es el escenario donde confluyen todo tipo de personas sin distinción de origen, raza o estrato social, es un lugar en donde como sabaneros rendimos culto a lo que somos, a las actividades económicas que nos representan, es un espacio para compartir vivencias, alegrías y penas, para escuchar y deleitarse con un porro palitiao, para reírse de uno mismo, para disfrutar la belleza de nuestras mujeres, para bailar en los pick-ups, para tomarse un buen trago de whiskey, disfrutar con los diversos actores que se juegan la vida no solo en el ruedo sino también en los palcos y por supuesto para disfrutar y entretenernos con las hazañas de quienes interactúan con los toros arriesgando su propia vida.
Las corralejas generan también un crecimiento importante en la economía local y contribuyen en la generación de ingresos para cientos de familias, es una forma de trabajo para quienes se la pasan viajando por toda la región montando y desarmando la estructura que alberga la celebración y es una oportunidad de oro para decenas de personas que no cuentan con un trabajo formal. En las corralejas usted encuentra a los fritangueros, al vendedor de agua, de frutas, de guarapo, de panochas, al vendedor de los famosos “muslitos de pollo”, al vendedor de chicharrón en bolsita, de algodón, las carpas de carne llanera, al vendedor de butifarra, de patacones, de caramelos, a los manteros, actores, bandas y todo tipo de referentes gastronómicos y culturales que ya no vemos en la cotidianidad pero que se reúnen en torno a la fiesta con el único propósito de mantener vivas nuestras costumbres.
Es por eso que no logro comprender, después de dilucidar toda esta serie de argumentos tanto jurídicos como personales, que personas que han nacido en medio de esta tradición, que la han vivido, que la han gozado y que la han representado y llevado a otras regiones de Colombia, salgan a decir de un momento a otro, que las corralejas van en contra de lo que somos cuando no cabe duda que deberían ser por su misma naturaleza, la mejor excusa para celebrar nuestra cultura.
A quienes sean defensores férreos y de convicción de los derechos de los animales los respeto y los apoyo, pero a “sapos” sin ideología, que ni siquiera viven en sus pueblos y que creen que la eliminación de nuestras costumbres es la mejor forma de consolidarnos como ciudad cultural del Departamento si me permito cuestionarlos, porque si hay algo que nos ha mantenido vigentes y ha contribuido a destacarnos como municipalidad eje de la cultura, es precisamente la conservación y la defensa de los que somos y eso incluye todas las manifestaciones culturales, artísticas, arquitectónicas, históricas, religiosas que sean de arraigo de nuestra región, entre ellas las corralejas.
No voy a terminar este post diciendo que todo es color de rosa porque debemos aceptar que hay cosas que se deben mejorar, no cabe duda que es necesario propender por una fiesta más responsable y más consciente, bajo las prerrogativas que defienden el respeto por los animales que hacen parte de la celebración. Además, las autoridades tienen que asumir su papel en el desarrollo de estas fiestas, ejerciendo los controles y la vigilancia debida para evitar al máximo situaciones desafortunadas, implementar políticas y acompañar a los asistentes. Y ni que decir de nosotros como espectadores, quienes estamos llamados a transmitir un mensaje encaminado a las próximas generaciones para que aprendan a preservar esta cultura y al mismo tiempo se sensibilicen en el cuidado de los animales que hacen parte la misma.
Ahora bien, si a usted no lo logran convencer todos estos argumentos y simplemente no le gusta la fiesta y no le parece que sea un referente cultural, pues no participe de ellas y respete el derecho de quienes si la disfrutan. Y que este debate sirva para aplicar esta filosofía en todos los aspectos políticos y sociales de nuestra vida nacional, respetando las libertades de nuestros semejantes, de manera que si a usted tampoco le gusta el aborto, pues no aborte; si no le gusta el matrimonio homosexual, pues no se case con un homosexual; si no le gusta la marihuana, no fume marihuana y si no le gustan las corralejas, no vaya a las corralejas.
La verdad es que han sido muchos los juicios y las opiniones que se han lanzado alrededor de esta celebración, pero sin duda, la mejor descripción de esta tradición la hizo el maestro Rubén Darío Salcedo en su composición “20 de enero” cuando aseguró sin temor a equivocarse que la fiesta en corraleja es la fiesta de la Costa, más alegre de Colombia.
Espero sus opiniones en la sección de comentarios de este post en Facebook
Victor José Del Vecchio Peñate
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Ahora todos quieren ser concejales
El Concejo municipal es sin duda una de las instituciones más representativas de nuestra democracia. El hecho de resultar elegido o la posibilidad de elegir como concejal ya sea a un amigo, un familiar o a un conocido es la mejor oportunidad para hacer parte de la vida política de nuestro pueblo y es el escenario propicio para discutir los problemas y los desafíos que tenemos como comunidad.
Esa es tal vez la razón para que los requisitos para ser concejal sean mínimos, simplemente se requiere ser ciudadano en ejercicio, haber nacido o ser residente en el respectivo municipio durante los 6 meses anteriores a la fecha de inscripción de la candidatura o durante un período mínimo de tres años consecutivos en cualquier época. Sin embargo, los deberes de los concejales son de mucha responsabilidad, entre sus funciones están hacerle control político al Alcalde y a los proyectos de Acuerdos, aprobar el presupuesto, desarrollar programas de desarrollo y eso sin contar la potestad de autorizar la celebración de los famosos contratos y la elección del personero.
La campaña política arrancó y me genera mucha curiosidad ver propaganda de personas o más bien de “personajes” que creen que lanzarse al Concejo Municipal es lo mismo que inscribirse a un reallity y que cuando resulten elegidos lo que viene para sus vidas es fama y fortuna, olvidando el verdadero propósito que encierra tomar no solamente la investidura de un concejal, sino de cualquier cargo de elección popular.
Con este post no quiero entrar a cuestionar de manera personal ciertas candidaturas, pues todo el mundo tiene derecho a elegir y a ser elegido, pero me parece que como ciudadanos si debemos tener la coherencia de elegir a personas que tengan la capacidad de asumir el rol de cabildantes de manera responsable y además, es importante que quienes se inscribieron no estén mirando al Concejo como una lotería que les va a cambiar la vida y comprendan la verdadera vocación que exige un cargo como este, no sólo para empezar a abrirse camino en la arena política, sino para evitar que al Concejo con candidaturas tan superficiales se lo “perrateen”.
Y es que desde un buen tiempo para acá, es notable ver como se ha desplegado una especie de simbiosis entre las actuales prácticas políticas y la cultura de nuestro pueblo, convirtiéndose en elementos condicionantes del actuar público, a tal punto que algunas personas lanzan su candidatura y creen de manera errónea que ocupar una plaza política como la de un concejal significa que a uno le cambia el estrato o que ya es mejor persona que los demás, sumándole a esto, la irresponsabilidad en cabeza de los partidos políticos, quienes en su afán de acumular poder y riqueza ya ni siquiera se toman el tiempo de conformar una lista decente de futuros concejales y entregan avales como si estuvieran entregando volantes cuando hacen política en sus recorridos por las calles y barrios.
Mucha gente ni sabe lo que hace un concejal y apuesto a que ni se acuerdan de por quién votaron para el Concejo en las pasadas elecciones, pero si se quejan de la inseguridad, de la bulla en sus barrios y de tanta problemática social echándole la culpa al Alcalde, cuando en realidad son situaciones que debe regular el Concejo, que al estar conformado por personas sin vocación y con intereses personales por encima de los colectivos, se convierte en inoperante.
El concejo, al igual que las demás corporaciones públicas tiene que mirarse con respeto y es por eso que quiero enviarle un mensaje a usted amigo candidato, para pedirle que asuma este reto como debe ser y esperando que si se “lanzó” al Concejo ojalá lo haya hecho pensando en trabajar de verdad por su pueblo y por tantas necesidades que vemos diariamente y no creyendo que cuando sea elegido se va a convertir en una especie de celebridad, o pensando de manera equivocada que cuando tome posesión del cargo a usted no le va tocar hacer nada y que se va a hacer rico de la noche a la mañana, o haciéndose a la idea que cuando resulte electo todo el mundo lo va a tratar de “doctor”, o que los cantantes de vallenato lo harán famoso nombrándolo en sus canciones o que por su investidura de Concejal, tendrá el privilegio de no ir a trabajar el día que juegue la Selección Colombia y además, le reservarán la mejor mesa en La Sabana para que vea el partido gastándose la plata del Municipio con sus amigotes.
Y que sea esta una oportunidad para nosotros, para pensar un poco más sobre nuestro rol como electores, para que elijamos concejales que entiendan lo que en verdad significa ser concejales, lo mismo con los alcaldes, diputados y ediles. Elijamos a personas con verdadera vocación de servicio y que contribuyan con el mejoramiento de las condiciones de nuestros pueblos y de nuestros habitantes, a personas que tengan el compromiso de sacar adelante proyectos en pro de nuestra comunidad y que no sean simplemente candidatos que buscan a costilla de los ciudadanos ganarse un “status” que por méritos propios no han podido conseguir.
La buena gestión y las obras quedan, pero la plata y la fama, son como el hambre….
Piénselo bien!
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Victor José Del Vecchio Peñate
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Porque creo que el asesino del Padre León no es un inimputable.
Como cordobés, estoy más que consternado con los hechos presentados en la iglesia del barrio Sucre en Montería, en donde fue asesinado de una forma brutal el Padre Luis Alfonso León Pereira, a manos de un indigente que ya lo había increpado en una anterior oportunidad.
En la prensa y en la redes sociales, además del repudio del crimen, se observa la inconformidad y el malestar de la gente al saber que dadas las condiciones psicológicas y las circunstancias psíquicas del indigente al momento de asesinar al Padre, es posible que la justicia lo califique como inimputable, es decir, que a la luz de la legislación penal colombiana no pueda responder por sus actos, pues al momento de realizar la conducta no tenía la capacidad de comprender la ilicitud de la misma.
Comprendo los comentarios de la gente que dice que el sistema judicial colombiano no sirve para nada, que es mejor tomar justicia por nuestras propias manos y que al asesino hay que lincharlo o inclusive han sugerido quemarlo vivo a las 2 de la tarde en plena calle 41 porque como estamos en el país del Sagrado Corazón, en este caso como en muchos otros, no va a pasar nada, es más, la demora es que pase el tiempo y antes de que empiece el festival de arroz colorao’ en Cotorra, ya nadie se acordará de la tragedia de este gran ser humano que entregó su vida y su servicio a nuestra gente y a nuestro departamento. Pues bien, quisiera brindar mi opinión bajo un criterio jurídico sobre el tema, esbozando un argumento sobre el cual, desde mi punto de vista, el indigente que asesinó al Padre no es un inimputable.
A Medicina Legal le corresponde hacer un análisis psíquico del agresor, para determinar su responsabilidad, así las cosas, en el caso de comprobarse que posee algún cuadro de discapacidad mental, podría ir a un centro de rehabilitación especial para este tipo de personas. No obstante, aunque es a Medicina Legal en su calidad de experto científico a quien le corresponde determinar esa circunstancia o no, me parece que hechos tales como que el agresor merodeara con frecuencia el sector, que ya hubiese increpado al padre con anterioridad y que además al momento del ataque, según versiones rendidas por testigos, le endilgara expresiones a su víctima como “ahora vamos a saber quién es quién” podrían conducir a la Fiscalia a elaborar una teoría del caso que albergue muchas herramientas que no permitan la aplicación del eximente de responsabilidad penal en cabeza de este sujeto, o inclusive podrían invocar presupuestos tales como el actio liberae in causa, que no es otra cosa que una situación en la cual, una persona que tiene la capacidad para entender la naturaleza de un acto y su ilicitud, se coloca de manera intencional bajo efectos de elementos que lo lleven a un estado de inimputabilidad, es decir, una inimputabilidad preordenada al delito, en donde claramente puede invocarse el dolo o culpa de quien comete la conducta.
No obstante, el caso está muy prematuro aún para ponerse a sacar conclusiones y emitir juicios de valor, pues no se conocen con seguridad las circunstancias que rodearon este triste hecho y todavía no conocemos las condiciones psíquicas de quien asesinó al padre León. Sin embargo, quise expresar mi opinión para tratar de brindar algunas luces sobre lo que pasará de ahora en adelante y para señalar que la posibilidad de que el agresor quede libre no es del todo culpa del sistema, sino de un conjunto de circunstancias que entran a determinar la aplicación de ese elemento de inimputabilidad.
Ahora, más allá de la perspectiva penal que rodea al caso dadas las condiciones del mismo, es menester reflexionar sobre la responsabilidad en cabeza de la Administración, porque es al Estado quien le compete abordar temas de ayuda y rehabilitación sobre la población monteriana que se encuentra en condiciones de indigencia, drogadicción y miseria, en pro de la garantía de sus derechos fundamentales y en pro de la salvaguarda de los derechos inherentes a la comunidad, pues es deber también de las autoridades, velar por la comunidad mediante la implementación de medidas de seguridad frente a antecedentes como estos. ¿Por qué la policía no tomó cartas en el asunto definitivas cuando arrestó por primera vez en la Iglesia al indigente? ¿Qué se ha hecho en cuanto a la implementación de medidas para contrarrestar la indigencia que se presenta en ese sector? ¿Por qué no se brindó un acompañamiento con posterioridad a la Iglesia y al sector dados los hechos que ya se venían presentando?
Los interrogantes son varios y queda en manos de los expertos la valoración de este individuo en el desarrollo de un caso que enluta no solo a la comunidad del barrio Sucre, sino a todo un Departamento que pierde a un gran líder y a un gran ser humano.
Espero sus comentarios, opiniones, criticas, etc.
Posdata: No alimentemos el morbo compartiendo imágenes de los hechos, ni del padre, ni del individuo que acabó con su vida. No sean así.
Victor José Del Vecchio Peñate
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