01. Vegetta
Dedicada a las chicas del grupo Salseo Tumblr, quienes me animaron a plasmar esta historia en palabras. ¡Sois las mejores! <3 - - - - - (VEGETTA) Samuel de Luque llevaba tan solo cinco dÃas viviendo en Japón y solo eso le habÃa bastado para convencerse de que aquel lugar era tan gris como su propia vida. Quizá otro se habrÃa dicho que era un pensamiento algo depresivo para sus escasos 16 años de vida pero a él, que ahora miraba por la ventana del que iba a ser su dormitorio durante los próximos años, no le salÃa encontrar un sÃmil mejor. EntendÃa por qué sus padres habÃan querido realizar la mudanza a aquel extraño paÃs. Al igual que entendÃa por qué ellos consideraban que serÃa lo mejor para él. Pero, y él lo sabÃa con una certeza que le hacÃa daño, todos los esfuerzos eran vanos. Nada de aquello le devolverÃa a Iván. El muchacho resopló con gesto abatido, avanzando un par de pasos para acercarse a la triste y solitaria cómoda que habÃa pegada a la pared. En ella tan solo habÃa colocada una única foto de su familia: su padre, su madre, Samuel e Iván. Reprimió un poco la mueca de tristeza que amenazó con aparecer por su rostro al rozar con los dedos la imagen de su hermano mayor. A veces era terriblemente doloroso tomar un poco de consciencia con la realidad y asumir que estaba muerto. Que ya jamás volverÃa. O que mudarse a un paÃs extranjero no arreglaba absolutamente nada. Aun asÃ, Samuel tenÃa que seguir con su vida. Y eso incluÃa unos carÃsimos estudios que sus padres le habÃan comenzado a pagar en aquel nuevo paÃs, por muy pocas ganas que tuviera de volver al instituto. Su mirada se desvió con algo de desagrado a la cama, sobre la cual estaba doblado el que serÃa su uniforme en el colegio súper pijo al que sus padres lo habÃan apuntado y en el cual empezarÃa las clases hoy mismo. Santa MarÃa de Tito Jose, se llamaba. O al menos eso aparecÃa bordado en el chaleco del uniforme. Algo con un nombre asà no podÃa augurar nada excesivamente bueno pero, de todos modos, no le quedó otra que ponérselo en silencio y bajar a desayunar. Lo último que querÃa era que sus padres se enfadasen con él. —Nos dijo el director que a primera hora vayas a su despacho—le informó su padre mientras Samuel desayunaba tratando de poner la mejor cara posible—Para informarte sobre tu clase y tus horarios. Tienes suerte de que te hayan aceptado en pleno noviembre. —Ese tal Tito Jose parecÃa muy amable por teléfono—apuntó su madre. —¿Quién es Tito Jose?—inquirió Samuel. —El director—respondió ella—Ahora lo conocerás, cielo. Dijo que te estarÃa esperando. —Genial—medio bostezó él sin casi ánimo. Esperaba que no fuera demasiado pesado. • • • El prestigioso Santa MarÃa de Tito Jose tenÃa transporte propio, asà que Samuel se pasó todo el trayecto hasta el centro de estudios casi al fondo del autobús y sin intercambiar ni una palabra con nadie. Miraba a su alrededor y, para qué engañarse, no le gustaba en exceso lo que veÃa. No tenÃa del todo claro que un colegio lleno de niños de papá fuese a ser la mejor idea contra su estado de ánimo. Pero no le quedaba más remedio. No más de quince minutos después llegó a su destino y, como no tenÃa ni idea de dónde estarÃa el despacho del tal Tito, optó por preguntarle a la primera persona con aspecto de profesor que vio: un señor moreno y engominado con una inmensa barriga que fumaba con demasiada fruición junto a la puerta de entrada. —Eh… Perdone...—titubeó un poco al acercarse el señor—¿Me podrÃa usted indicar dónde queda el despacho del director? Tito Jose creo que se llama… —¿Para qué quieres saber eso?—preguntó el orondo hombre frunciendo su mirada hacia él. TenÃa una voz muy ronca y un tono de voz demasiado alto, como enfadado. Además, se habÃa echado mucha cantidad de alguna colonia demasiado intensa. —Bueno...—Samuel se habÃa impresionado un poco ante aquel poco agradable señor.—Soy nuevo en el colegio y mi madre me ha dicho que… —¡Ah!—exclamó el hombre tras darle otra honda calada a su cigarro.—Tú eres ese tal del Pino. —De Luque. —Tito Jose soy yo—dijo con superioridad—Hablé con tus padres y me dijeron que eres un muchacho inteligente. Esperemos que sea verdad. Samuel solo se encogió de hombros. —Acompáñame a mi despacho—dijo Tito mientras arrojaba la colilla por las escaleras—¿Dónde está Jose? ¿Alguien ha visto a Jose?—vociferó acto seguido mientras caminaba a pasos muy rápidos por el hall y Samuel hacÃa lo que podÃa para seguirlo.—Grace, ¿has visto a mi hijo Jose?—se paró a preguntarle a un mujer de rizadÃsimo cabello rubio. —Debe estar ya en el aula. Ahora tiene clase de Literatura conmigo—respondió ella. —¿¡Qué!?—se enfureció Tito—¿¡Que se ha ido a clase sin prepararme mi café matutino!? ¡Este niño qué se ha creÃdo…! ¡Dile que venga a mi despacho inmediatamente, Grace! La mujer asintió y se fue y Tito Jose siguió avanzando mientras Samuel lo seguÃa medio flipando. Lo condujo a un despacho inmenso de amplisimas paredes color crema y muebles de aspecto robusto y elegante. Se sentó detrás de un imponente escritorio e indicó a Samuel con un gesto que lo imitase. —Asà que tú eres Samuel de Luque—dijo con su ronca y fuerte voz tras ponerse unas diminutas gafas frente a los ojos.—Y vas a entrar a 1º de bachillerato. —S×es todo lo que dijo él. Se sentÃa un poco incómodo a pesar de que Tito tampoco le habÃa dicho nada malo. Tal vez porque aquel señor parecÃa estar enfadado todo el tiempo. —Bueno, estas son las normas del colegio y este es el horario de tus clases—comenzó a explicar.—Ya que por lo que veo has escogido Ciencias. —Asà es. —Tu tutor es el profesor Gonzo Gonzalez, puedes encontrarlo en…¿¡QUIÉN ES!?—vociferó Tito de pronto, sobresaltando a Samuel. Acababan de llamar a la puerta del despacho. —Soy yo—dijo de pronto la cabeza de un muchacho asomándose.—Te traigo tu café. —¡Ya iba siendo hora, Jose!—vociferó con mal humor—¿¡Dónde estabas!? ¡Me cago en la Josa! —Te lo estaba preparando—dijo el chico con resignación mientras lo dejaba en la mesa. Samuel se paró a observarlo. El hijo de Tito Jose parecÃa menor que él (no le calculaba más de 13 o 14 años) y, al contrario que su padre, era delgado, con cara de buen tipo y una melena que le recordó a Tarzan. —¿¡Desde cuando se tarda tanto en preparar un café!?—gruñó el padre.—¡CreÃa que te habÃas ido ya a clase sin hacerlo! ¡Espero que le hayas echado mi chorrito de whisky!—añadió mirando la taza con el ceño fruncido. —Claro que sÃ. —Al menos haces algo bien—asintió más calmado tras dar un sorbo—Jose, ve ahora mismo a 1º de bachillerato grupo A y dile a Tsubasa Yagami que venga. —Papá, que llego tarde a mi clase… —¿¡Me estás replicando!? —No, no… —¡Ah! ¡Y después llama al pintor! ¡No me termina de gustar cómo ha quedado el tono de las paredes! —¿Algo más?—resopló el muchacho resignado. —SÃ. No te juntes con gentuza, no te saltes las clases y ni se te ocurra fumar. Aprende de tu valeroso padre que dejó de fumar hace ya 15 años…¡Me cago en la Josa! —Adiós, papá… —¡Trae al Yagami! —¡Que sÃ! —No te preocupes por las pintas de vagabundo que tiene—tranquilizó Tito al ver la cara de susto de Samuel.—Es solo mi hijo Jose, que me hace también de secretario. Ha ido a buscar al delegado de tu clase, Tsubasa Yagami. Él se encargará de ti hoy. A Samuel no le apetecÃa nada que ni Tsubasa Yagami ni nadie se encargaran de él hoy… pero no le quedaba más opción que resignarse. El delegado en cuestión no tardó demasiado en aparecer y Samuel no supo si interpretar para bien o para mal el abrumador aspecto de niño pijo que traÃa consigo. Tsubasa Yagami tenÃa el cabello rubio tostado de manera tan perfectamente colocada encima de su cabeza que daba hasta rabia y encima parecÃa absolutamente sedoso tan solo a la vista. Alto, de piel pálida, nariz recta, grandes ojos castaños y gesto altivo, Samuel no supo interpretar en aquella primera impresión si se llevarÃan bien o mal. —Yagami, este es Samuel del Rey y a partir de hoy irá a tu clase—presentó rápidamente el director.—ConfÃo en ti como responsable alumno de MatrÃcula de Honor para que lo guÃes y lo orientes. —Claro—respondió Tsubasa con voz solemne.—Conmigo no le faltará de nada. Acompáñame, Samuel. Samuel ya se habÃa convencido de que Tsubasa Yagami era el tÃpico empollón remilgado cuando, a una distancia algo prudente tras salir del despacho del director, se echó a reÃr sonoramente. —Has tenido suerte con el director, ¿sabes?—le dijo—Es un coñazo de tÃo pero al menos es algo flexible. Jacinto, el anterior, no te habrÃa aceptado ni de coña a estas alturas de curso. —Ah, ¿es nuevo?—se interesó Samuel.—Como el colegio lleva su nombre, pensaba que llevaba muchos años… —Qué va—negó Tsubasa.—Hace solo un año que compró el colegio y se puso como director. Le cambió el nombre porque le dio la gana. A mà me la suda—se encogió de hombros.—Ahora con él al menos puedo llevar una vida estudiantil normal. Con Jacinto me pasaba dos de cada tres dÃas expulsado—explicó como si fuese lo más normal del mundo. —¿Y qué ha pasado con el tal Jacinto? —Tuvo que irse humillado porque todo el colegio se enteró de que yo llevaba meses follándome a su mujer. Samuel dejó escapar una carcajada, claramente interpretando aquel comentario como una broma. —Ahora en serio. ¿Qué le pasó? —Te lo estoy diciendo—el rubio seguÃa con un tono de lo más natural.—¡Oye, no me mires asÃ! ¡Jacinto tenÃa como 50 años pero Blanca, su mujer, tiene solo 27! —¿Pero lo dices de verdad?—Samuel no daba crédito.—¿O te estás intentando quedar conmigo? —No me estoy intentando quedar contigo—bufó con exasperación—¿Es que tú nunca has estado con una mujer mayor? —Pues la verdad es que no. Samuel habÃa tenido un par de novias en España pero siempre habÃan sido chicas de su edad. Desde luego, no mujeres de 27 años esposas de directores de colegios. —Pues no sabes lo que te pierdes—replicó Tsubasa.—¿Cómo decÃas que te llamabas? —Samuel. —Pues si quieres que te vaya bien en este sitio hazme un poco de caso, Samuel—dijo él con algo de petulancia.—Porque aquà hay cada personaje ido de la olla que… en fin, ya lo comprobarás por ti mismo. Se te ve majete, ¿sabes? ¿Cómo es que te has venido a estudiar aquÃ? —Me he mudado con mis padres desde España. —¿Ah, sÃ?—lo miró con interés.—¿Y eso? —A mi padre le han ofrecido un buen trabajo aqu×farfulló el muchacho desviando la mirada. No pensaba hablar de Iván con un completo desconocido. —Ah, pues eso mola—asintió el rubio con despreocupación.—Mira, estas son las taquillas—señaló casi acto seguido, pues habÃan llegado a un pasillo plagado de idénticos casilleros.—Si quieres alquilar una tienes que ir a secretarÃa y… ¡TAIKI ME CAGO EN TU VIDA! Todo habÃa sucedido tan deprisa que Samuel habÃa necesitado varios segundos para entender lo que acababa de pasar. Tsubasa y él estaban de pie junto a las taquillas cuando un manchurrón bajito y a toda velocidad habÃa pasado por entre ellos sin ningún miramiento, haciendo que los dos adolescentes tropezasen y que Tsubasa tuviera que apoyarse en Samuel para no caerse. —Mira por dónde vas, cachorrÃn—dijo el manchurrón, que ya se habÃa parado y no era un manchurrón, sino un niño pequeño y muy despeinado que no podÃa pasar del primer curso. Mejor dicho, dos niños pequeños, pues Samuel acababa de darse cuenta de que lo acompañaba otro crÃo de cara redonda y ojos achinados. —¡Deja de poner esa voz!—le increpó Tsubasa al chico despeinado, el cual le habÃa hablado con un tono excesivamente aflautado e irritante.—¡Me pones de los putos nervios! —Hablo como me da la gana—respondió en el mismo tono, haciendo que a Samuel le chirriasen los oÃdos.—¿Ya te estás saltando clases otra vez? Se lo voy a decir a mamá. —Se podrÃa decir lo mismo de ti, ¿no crees?—observó Tsubasa. —Nosotros nos vamos ya a clase—respondió el niño con la misma voz aflautada. —Taiki, creo que en realidad deberÃamos ir a clase de verdad—apuntó el otro niño, el de ojos achinados, con voz insegura. A Samuel le dio lástima. —Willy, para decir esa gilipollez mejor que no hubieras dicho nada—dijo el tal Taiki antes de reÃrse.—Bueno, hermanito, que se lo voy a contar a mamá igualmente. —No sé qué le vas a contar—gruñó Tsubasa.—Porque yo solo he ido a recoger al nuevo de mi clase del despacho de Tito—señaló a Samuel.—Tú en cambio a saber qué coño estás haciendo. Es que ni lo quiero saber. —Haces bien—asintió el pequeño antes de volver a echar a andar.—¡Venga, Willy joder, no seas tan cagao’! ¡Te quiero ver en clase, Tsubasito! —Es mi hermano pequeño—explicó Tsubasa con algo de cansancio cuando Taiki y su amigo Willy hubieron desaparecido por otro pasillo.—Tiene 12 putos años y actúa como si tuviera 5. Algún dÃa alguien le romperá la cara. Tal vez sea yo mismo el que lo haga o tal vez otra persona. Samuel asintió todavÃa algo impactado. El hermano de Tsubasa no se parecÃa en nada a Tsubasa. Además, parecÃa que no se hubiese peinado nunca y llevaba el uniforme arremangado y de forma muy descuidada. —¿Tú tienes hermanos?—preguntó Tsubasa cuando volvieron a andar. —No. —Pues qué suerte tienes,tÃo. Yo tengo dos. Este y una hermana. Pero ella es una emo y una drogata. Sale con lo mejorcito del instituto—añadió con ironÃa.—El dÃa menos pensado se cortará las venas. Samuel lo seguÃa flipando. —Bueno… ¿Y qué clase nos toca ahora?—le preguntó a Tsubasa tras carraspear. —Ahora tenemos clase con el tutor pero no vamos a entrar porque su asignatura es una puta chorrada—explicó él mientras seguÃa andando como si nada. —¿¡Qué!?—se escandalizó Samuel.—¿¡Cómo que no vamos a entrar!? ¡E-es mi primer dÃa…! No querÃa meterse en lÃos tan pronto, joder. —Es que esa asignatura es puro relleno, Samuel. Hazme caso—insistió el rubio.—Se llama Historia del Esqueleto y es una puta fumada salida de la mente fumada del puto profesor Gonzo. —¿Historia del Esqueleto?—se extrañó el muchacho. Jamás habÃa escuchado ese nombre. —Como lo oyes—asintió Tsubasa.—¿Tú sabes lo que es el encefalo-pene? —No. —Pues estás mejor sin saberlo—le dio una palmadita en el hombro.—Ven, vamos a las pistas a ver si hay alguien. —¿Qué pistas? ¿¡Vamos a salir del colegio!?—a Samuel no le estaba gustando nada aquella idea.—¿Y si nos pilla algún profesor? ¡Que es mi primer dÃa, joder! ¿¡Qué clase de delegado era este!? —TranquilÃzate, no vamos a salir del colegio—dijo Tsubasa.—Me refiero a las pistas deportivas. Están dentro pero al aire libre, por aquà detrás. —No sé yo si es buena idea, Tsubasa… —¿Prefieres ir a que te hablen del encefalo-pene? —Pues… tampoco mucho, la verdad. —¡Pues entonces sÃgueme! Resignado, Samuel siguió a Tsubasa hacia unas grandes puertas con cristales que habÃa al final de un gigantesco corredor. —Es por aqu×indicó el rubio señalándolas.—Oye, estoy pensando que también podrÃamos saltarnos la siguiente hora, ya que me acabo de acordar de que es la gilipollez de Teatro. —¿Teatro? —SÃ…. Estamos haciendo una obra de Pulgarcita y me han dado el papel principal y es un coñazo. —¿Haces de Pulgarcita?—se sorprendió Samuel. —¡No coño! ¡Soy el PrÃncipe de las Hadas!—puso los ojos en blanco.—Tengo que ir subido en un puto abejorro, con la fobia que le tengo a esos bichos… Pulgarcita es una petarda súper cursi de 4º de ESO. Tampoco la aguanto. —¿Pero yo también voy a tener que hacer esa obra?—preguntó el muchacho con temor. —¡Pues claro! ¡Tienes que ser parte del elenco! Te tendrán que dar algún papel… —¿Asà que tu nombre es Elenco?—Samuel se sobresaltó de golpe. Una voz ronca acababa de hablarle por la espalda y un principio le habÃa parecido que era del director Tito Jose. Pero no era la voz de Tito. De hecho era la voz de una chica. Una chica con una coleta baja que lo miraba con interés. —PÃrate, gorda—es como la despachó Tsubasa.—O le digo a Tito que te estás saltando las clases. —¡No me estoy saltando la clases!—se defendió—¡Solo he ido al baño! ¡Ay, Tsubasa! —Me da igual. Que te pires. La chica ignoró al rubio y se volvió hacia Samuel. —¿Asà que te llamas Elenco? Eres muy atractivo. Mi nombre es Midori pero todo el mundo me dice Dori. —¡Elenco es un conjunto de actores, gorda estúpida!—exclamó Tsubasa antes de que a Samuel le diera tiempo a abrir la boca.—¡Parece mentira que no lo sepas, ya que la que dirige la obra es tu puta tÃa! —¡Doors no es mi tÃa, es mi prima! —Joder, pues sà que está vieja tu prima… ¿¡Quieres dejar de distraernos e irte a tu clase de mierda!? Tsubasa tiró del brazo de Samuel y se lo llevó rápidamente de allÃ. —¿¡Ves por qué te he dicho que aquà la gente está colgada!? ¡Pues asà con todos! —No sé. Tampoco parecÃa mala… —¡Está chiflada, Samuel! Al final los dos muchachos llegaron a las pistas deportivas, las cuales estaban casi vacÃas a excepción de un chaval tirado en el suelo y abrazado a una pelota de baloncesto y dos figuras barbudas sentadas en las gradas. —Ahà están Arnold y Lou—indicó Tsubasa muy contento de verlos—¡SabÃa que estarÃan aquÃ! Se acercaron hasta donde ellos estaban y Samuel los observó con interés. Los dos estaban fumando porros y parecÃan en otra dimensión. —¡Hey, Tsubasa!—saludaron alegremente aun asà al verlos acercarse.—¿Quién es tu amigo? —Hola—saludó Samuel tratando de sonreÃrle a esos barbudos y drogados desconocidos. Se veÃan tan mayores que no podÃan ser alumnos del colegio.—Soy Samuel. —Encantado… Samuel… yo… soy… Arnold—dijo uno de los barbudos, el más delgado de los dos y que además tenÃa un extraño sombrero en la cabeza. Hablaba excesivamente lento. —Qué tal, Samuel, y yo soy ifay—dijo el otro barbudo con voz estúpida. —¡Deja de decir tonterÃas, Loulogio!—le regañó Tsubasa. —A ver, todos deberÃais saber que cuando estoy fumado me llamo ifay—dijo. A Samuel le dio un poco de risa. —¿Y qué hacéis aquÃ? ¿Cómo habéis entrado al colegio?—les preguntó. —Estudian aqu×respondió Tsubasa.—Llevan aquà desde la Prehistoria. Repiten y repiten. Aunque ya han llegado a 2º de bachillerato. —Ha… sido… duro… pero… gratificante. —ifay opina lo mismo. —¿¡SE PUEDE SABER POR QUÉ HAY GENTE FUERA DE CLASE!? ¡ME CAGO EN LA JOSA! De pronto, el corazón de Samuel dio un tremendo vuelco. Tito Jose acababa de descubrirlos y se dirigÃa corriendo hacia ellos con un bate de béisbol en la mano. La mejor manera de empezar un primer dÃa de colegio.

















