Cap 4. Memorias del ocaso
Hoy al caminar mire el horizonte,
un bello atardecer yacía y posaba ante mi,
entonces una preciosa imagen se grabo al instante dentro de mi.
A partir de ahí mi mente jugó cruelmente,
flashback de tu pícara sonrisa,
venía acompañada de tu incomparable risa,
que me transmite esa particular alegría.
El viento sacudía sutilmente las copas de los árboles y acariciaba mi piel,
como el momento en que mis manos rodearon suavemente tu rostro, rememorando cada detalle que encontraban en el,
como esos pizpiretos ojos,
que me estremecen y sacuden todo lo malo al chocar con mi ser.
Los tenues rayos del Sol pintaban el cielo,
un degradado anaranjado, rojizo y rosado,
ese rosado de tus labios que al tocar los míos disipa todo lo que a nuestro alcance estemos rodeados,
un ambiente de luz en ese momento solamente emanamos.
momentos después de disfrutar de pie éste esplendoroso ocaso,
con sabor melancólico y de beatitud como ese último abrazo,
que me hizo temblar emociones de la cuales yo ya tenía aprisionados.
Es crucial tener buena memoria,
aunque a veces perderla por unos momentos quisiera,
el extrañar buscar contemplar más ocasos me crea,
e intentando no derramar esa lágrima de gozo que me genera.
Difícil es extrañar esa calidez en cada atardecer en tu ausencia,
apeteciendo transformar cada destello
y mantenerlo dentro de mí con viveza, recreando ese escenario que con tanto anhelo y amor guardo en mi coraza, cuidando cada color y sensación que me engendra.
Ocaso inigualable, enérgico y cálido, hermoso, vivo y fugaz,
En momento favorito del día convertido ya está,
pues al ver todo oscurecer,
me doy cuenta que me encuentro con mi ser.
Pues la noche soy yo y tu mi bello atardecer.