La tierra girĂł para acercarnos girĂł sobre sĂ misma y en nosotros, hasta juntarnos por fin en este sueĂąo como fue escrito en el Simposio. Pasaron noches, nieves y solsticios; pasĂł el tiempo en minutos y milenios. Una carreta que iba para NĂnive llegĂł a Nebraska. Un gallo cantĂł lejos del mundo, en la previda a menos mil de nuestros padres. La tierra girĂł musicalmente llevĂĄndonos a bordo; no cesĂł de girar un solo instante, como si tanto amor, tanto milagro sĂłlo fuera un adagio hace mucho ya escrito entre las partituras del Simposio.
Eugenio Montejo















