acepta sin más el teléfono que se le ofrece, procediendo enseguida a marcar el número que sabe de memoria desde que tiene dieciséis años, y, con la esperanza de ser atendida durante esta ocasión, lleva el artefacto hasta su oreja. uno, dos, tres tonos… aguarda en silencio. nada. “qué diablos…” murmura para sí misma en airoso timbre, siendo su voz sofocada por la frustración que comienza a envolverle. entonces, cuando escucha a la operadora a punto de enviarla a buzón, violeta suelta un suspiro y corta la llamada. “no, es lo mismo,” comunica, regresando el teléfono a su dueña. “me rindo, ya no sé qué hacer. mi abuela tampoco responde.”
observa expectante mientras contraria procede a hacer llamada, pero acaba acompañando su suspiro con el propio cuando descubre que ella tampoco tiene éxito. ‘lo sé, yo llamé a todos los contactos de mi agenda que podrían saber algo, pero con ninguno tuve suerte. es como si se los hubiera tragado la tierra’ imagen para nada tranquilizante, porque no le asegura que su madre esté a salvo. todo lo contrario. ‘¿qué crees que haya pasado? no pueden desaparecer así, ¿no?’