vera.
“solo digo que esta fiesta es un gasto innecesario de recursos y energía, pero hey, a quién le importa lo que yo tenga que decir, ¿cierto?”
deja caer sus hombros, como quien se da por vencido. se percata que sus intentos por persuadir a la castaña no están dado resultados, lo que le hace soltar un suspiro que ella misma se encarga de volver sonoro. “vera,” empieza, con tono ciertamente frustrado, aunque no de mala gana, “créeme, a mí me importa lo que tengas que decir,” le asegura, una convicción casi palpable acompaña sus palabras. jamás minimizaría las preocupaciones de su contraria, pero, en ese momento, lo único que violeta quiere es conseguir que se divierta, distender un poco el estrés que le acompaña. “pero también me importa que te relajes un poco. lo necesitas.” y entonces, pese a saber que se trata de mero chantaje emocional, hace uso de aquella mirada de cachorrito pateado a la que siempre recurre cuando busca persuadirla. “venga, solo un rato. mañana ponemos en marcha tu plan de salvar a américa.”










