(Una obra de La Dame de l’Ombre)
Género: Grimorio narrativo | Poesía oscura | Romance psicológico gótico | Fantasía literaria ritual
Se sonrió, como tantas veces lo había hecho en la penumbra de su alcoba,
al contemplar desde la ventana alta del torreón esas formas lastimeras que danzaban a sus pies.
Qué patéticas y pobres criaturas de escarcha efímera...
Me incliné levemente hacia el cristal helado, dejando que el humo de mi copa carmesí se enroscara en el aire frío como un espectro complacido.
Se desviven por un gesto, un suspiro, una mirada robada.
Son cisnes que jamás aprenderán a ser serpientes,
mariposas desorientadas que creen iluminarse al quemarse en la llama temblorosa de un candelabro mediocre.
Las he visto desde antes que supieran escribir sus nombres.
He sido testigo de su desesperación por ser notadas, amadas, recordadas...
Confunden entrega con arte, devoción con inmortalidad.
Se deslizan con pasos torpes hacia su propio sacrificio,
como aquellos pobres mortales que en los siglos pasados acudían dócilmente a las criptas de los vampiros,
creyendo que su sangre sería el precio de la eternidad.
Ofrecen su candor barato,
esperando con ingenuidad ser inmortalizadas...
Cuando en realidad solo son alimento.
Polvo bajo la bota de un demonio que jamás las recordará al amanecer.
Me incorporé lentamente, sin perder la sonrisa.
La noche aún prometía nuevas presas.
Fue entonces cuando lo sentí.
Una vibración sutil, distinta,
un susurro apenas perceptible en la estructura invisible del tejido que tan bien he dominado durante siglos.
La polilla que no busca luz.
La única capaz de ser llama.
Sonreí con una satisfacción letal.
La danza acababa de comenzar.