«Mira, pues, con atención aquel purísimo ser, si lo puedes, y se te ofrecerá que aquel ser no puede concebirse como ser recibido de otro ser; y, por lo mismo, lo concebirás como omnímodamente primero, pues no es posible que venga de la nada ni de otro ser. Y ¿Qué significa el ser de suyo, si el ser purísimo no es de sí y por sí? El ser purísimo se te ofrecerá careciendo en absoluto de no ser; y por lo mismo, tal que nunca empieza ni nunca termina, por lo que debe decirse eterno. Se te ofrecerá también como lo que en manera alguna tiene en sí, sino lo que es el mismo ser; y, por lo mismo, se te ofrecerá, no como compuesto, sino como simplicísimo. Se te ofrecerá también como excluyendo toda posibilidad —todo lo que es posible tiene en cierto modo algo de no ser—; y, por lo mismo, como actualísimo en sumo grado. Se te ofrecerá como lo que nada tiene de defectible; y, por último, excluyendo toda pluralización en muchos; y, por lo mismo, como unicísimo.»
San Buenaventura: «Itinerario de la mente de Dios», en Obras de San Buenaventura, tomo primero. Biblioteca de Autores Cristianos, págs. 615-617. Madrid, 1945.
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1













