“En vez de entrar en las tiendas, prefiere practicar su ateísmo silencioso. Se tiene prohibidos la blasfemia y el desprecio a los feligreses allí reunidos. Mira las imágenes y dice/piensa: no. A veces lo dice/piensa meneando un poco la cabeza en señal de rechazo.
Si se celebra una misa, se queda más tiempo. Entonces se dedica a negar entre sí cuánto afirma el sacerdote. Oremos. No. Este es el cuerpo de Cristo. No. Y en ese plan todo el rato. En ocasiones, vencida por el cansancio, echa con la debida discreción una cabezada.“
Fernando Aramburu, Patria











