Debemos turnarnos para sumergirnos en todo lo que existe y para contar el tiempo que pasa
El gran regalo y la responsabilidad que significan una relación, consiste en turnarse para lavar los platos, para colocar las ventanas reforzadas contra las tormentas, y en darse la oportunidad de sumergirse en la búsqueda de Dios sin tener que preocuparse por la cena. Mientras uno explora el interior, el otro debe hacerse cargo del exterior.
Un perfecto ejemplo de lo anterior son los buzos que recolectan perlas. Ellos se sumergen en la profundidad del océano en pareja. El primer buzo, sin tanques de oxígeno ni regulador, espera en la superficie y cuida las sogas a las que está atado el otro. El segundo, camina con delicadeza sobre la arena en el fondo del mar, esperando encontrar y reconocer los tesoros.
Este buzo pisa el fondo mientras observa cómo se mecen las algas, en tanto él mismo se balancea hasta que tira de la cuerda. Traga un poco de aire en su ascenso. Cuando aborda el barco, conversa por horas con el otro buzo. Comenta lo que vio y frota la perla que todavía se encuentra en su crudo estado natural. A la mañana siguiente, se zambulle y llena los canastos mientras el otro buzo cuenta el tiempo con las manos aferradas a la cuerda.
Estos buzos nos enseñan, con gran sencillez, cuál es la dinámica de estar juntos, y nos explican el milagro de la confianza. Debemos turnarnos: quien está en la superficie debe contar el tiempo que queda de aire para que aquel que está sumergido pueda bucear con libertad.
- Siéntate en quietud y medita sobre una relación importante en la que estés involucrado. Puede ser con un amigo, amante o un miembro de la familia.
- Respira de manera constante y pregúntate si en esa relación se turnan para bucear y para llevar un registro del tiempo que queda.
- Cuando sientas que es necesario, conversa con ese ser amado al respecto.