Dustin salió corriendo del instituto, huyendo. Los constantes insultos y abuso de sus compañeros de clase lo superaron ese día, ni siquiera Jyn pudo frenar su malestar. Y no paró hasta llegar a la plaza del pueblo, donde se quedó de pie frente a la estatua que se erguía en el centro, doblado sobre sí mismo para recuperar el aliento.
¿Por qué se le ocurrió poner aquella estúpida nota a pie de página? Lo habían visto, estaba seguro. La simple idea de que su secreto se divulgara lo aterraba como ninguna otra cosa en el mundo.
De pronto, alguien chocó contra él. No llegó a verle la cara, siguió caminando y le daba la espalda, pero lanzó unos folletos al aire.
—Fiesta esta noche en mi casa. Espero verte allí, guapo.
Dustin lo miró completamente alucinado. ¿Era cosa suya o ese cumplido había sonado con doble intención? Pero nada en comparación al desconcierto que sintió cuando el chico se giró hacia él y le guiñó. Tenía media cara corroída. Peor aún, lo reconoció. Era uno de los niños perdidos.
Aun asumiendo lo que estaba sucediendo, miró al folleto y, para más horror, no encontró una invitación a una fiesta. Encontró una invitación a su funeral.
—¿Me has echado de menos, Dustin?
Otra voz distinta aceleró su corazón al par que captó su atención. Al alzar la vista hacia la figura de la plaza se encontró subido sobre ella a eso.
—Porque yo te he echado de menos... —continuó hablando el monstruo, con voz y gesto lastimeros—. Nadie quiere jugar con el payaso nunca más. ¡Juega a un juego conmigo! ¿Quieres? ¿Qué tal al Donkey Kong? Ese te gusta mucho, ¿verdad? —Pennywise comenzó a reír al par que dejaba caer un chorreón de saliva sobre su propia ropa—. ¿O era la compañía?
—Joder... Joder... Mierda...
El chico, asustado, apenas estaba siendo capaz de reaccionar para correr o pedir ayuda. De todos modos no habría servido de nada, no se había dado cuenta de que todos los paseantes a su alrededor se habían detenido, congelados, mientras le miraban fijamente.
Pennywise, mientras tanto, con múltiples globos agarros en la mano, comenzó a levitar mientras movía alegremente las piernas.
—Ah... Sí, ya lo veo. Era la compañía... Anakin. No quieres que nadie lo sepa. Lo que escondes.
El payaso no solo volvió a reír sino que, para sorpresa de Dustin, comenzó a cantar.
—Conooooozco tu seecreeeeetooo, tu pequeño y sucio secreto. ¡Conoooozco tu seeeeecreeeetooo! ¡TÚ PEQUEÑO Y SUCIO SECRETO!
Mientras terminaba de canturrear, el ser posó los pies sobre el suelo, a escasos metros del adolescente, consiguiendo que se moviera para retroceder y guardar las distancias.
Nunca antes en su vida el corazón le había latido con tanta fuerza. Le golpeaba el pecho, las sienes, el cuerpo entero. Un hormigueo insistente y abrumador, como si fuese a desmayarse ahí mismo.
—No... No es real. Esto no es real —se dijo a sí mismo Dustin, siguiendo los consejos de Ralph. Tuvo que apretar los ojos con fuerza, rígido de pies a cabeza. No podía seguir viéndolo un segundo más. —No es real. Noesrealnoesrealnoesreal. Nada de esto está pasando. No es real. ¡No eres real!
Abrió los ojos de golpe, con la esperanza de que todo a su alrededor se hubiera esfumado. Que la gente no estuviera, que Pennywise no estuviera. Que su secreto siguiera a salvo.
Sin embargo, incapaz de controlar el mismo miedo que le daba fuerzas a eso, lo encontró corriendo hacia él. Por segundos una expresión lastimera se apoderaba de su rostro al par que se desfiguraba y desfiguraba, hasta aplastarse por los lados y darle una expresión grotesca y horrenda.
Dustin, finalmente, gritó y echó a correr.
—¡Vuelve y juega! ¡Vuelve y juega conmigo! —A medida que el payaso gritaba más, su voz se distorsionaba—. ¡Vuelve y juega con el payaso!
Dustin no se detuvo. Solo corrió y corrió. Alejándose de la pesadilla. Pero por más que corriera, jamás podría alejarse de su secreto.
| El secreto de Dustin; @byersbrothersrol
Menciones a Jyn, Ralph Jr. y Anakin; @brookskala ; @renegadx |















