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#syzyween #Syzygy Warabe uta (O canción de cuna) 通りゃんせ
Tooryanse fue, originalmente una canción de niños muy parecida al juego “pasará, pasará, pero el ultimo quedará”. Se la utilizaba en los semáforos de Japón para que las personas no videntes supieran cuando podían cruzar la calle. Debido a su significado oculto tan terrible, fue reemplazado hace algunos años por el sonido de algo más parecido a un ave.
“No te cortes las uñas de noche.” “No vayas al baño solo la media noche.” “Ten cuidado con la anciana que quiere venderte una pierna.” “Si escuchas un teke teke, corre por tu vida.” “Sabías que las aves son mensajeros celestiales, antes se creía que eran capaces de cruzar entre los mundos espirituales sin problema.”
¿De dónde vienen esas supersticiones? –Pregunto Yutaro mientras cargaba con algunos artilugios que Adonis le había pedido. - Todas tienen su origen en antiguas leyendas – Le explico El Cuenta Cuentos- Leyendas sumamente antiguas. De cuando la Tierra era joven y el mundo se mezclaba sin cesar. - Pero esas leyendas son mentira, son solo cuentos ¿no? –le dijo el joven Haibane algo escéptico. - No deberías desprestigiar así a las leyendas y supersticiones –le hablo una voz conocida desde su oreja derecha causando que se asustase y cayera de costad- Todas tienen algo de verdad… - ¡Señor! –llamo al rubio mago que lo miraba divertido. Aquel ser malvado solo le hacía bromas todo el tiempo. -Hey~ No asustes así al pequeño –le reclamo el Cuenta cuentos. - ¿Y que estaban haciendo? - Contando historias de fantasmas y supersticiones
Al parecer, no era el único que estaba queriendo asustar al Haibane. Caminar por la tarde en aquellas calles de Kyoto estaba siendo más espeluznante de lo que el pequeño pudiera imaginar. -En fin, solo vine a decirte tu misión de hoy: lleva esas flores que estas acarreando hasta el santuario Tenjin –le ordeno su jefe mientras señalaba un sendero a un costado de ellos- Debes subir por ese sendero, veras un Torii, esa es la puerta principal –El pelinegro no estaba tan seguro de querer subir por aquél sendero lleno de árboles tan altos hasta un santuario. Menos cuando ya estaba a punto de anochecer. Quiso decir algo pero el Cuenta Cuentos se le adelanto. - Ne~ ¿Conocen la canción Tooryanse? – Tanto el mago rubio como el Haibane se quedaron mirando su sonrisa- Dejenme que se las cante.
“Tooryanse tooryanse (Pasen, entren) Koko ha doko no hosomichi ja (¿A dónde va este estrecho sendero?) Tenjin-sama no hosomichi ja (¿Es el estrecho sendero de Tenjin-sama?) [Tenjin-sama= jin de Templo/ Santuario y Ten de nombre; sama de divinidad] Chiito tooshite kudashanse (¿Quisiera hacernos el favor de dejarnos pasar? Goyou no nai mono toosha senu (Sin una buena razón ninguno pasará) Konokono nanatsu no oiwai ni (Para celebrar el 7mo cumpleaños de este niño) O fuda wo osame ni mairimasu (Hemos venido a hacer una ofrenda/ Hemos venido a dejar nuestro Ofuda) Ikiha yoi yoi kaeriha kowai (Pasar es sencillo/fácil, salir es espeluznante) Kowai nagara mo tooryanse tooryanse. (Pero, aunque sea espantoso, pasen, entren)
Durante la canción dos niños se ponen con las palmas enfrentadas, como si fueran un Torii. Mientras la música suena otros niños pasan por el “Torii”, cuando la música termina, el que queda detrás, sin pasar, pierde –Explica el sencillo juego mientras Yutaro asiente recordando aquel juego infantil- Es una canción para celebrar el que los niños lleguen a cumplir siete años. En la época del antiguo Japón, hace mucho tiempo atrás, una gran pobreza azoto al país. Por lo que, si un niño llegaba a los siete años, con el hambre que había, era para celebrar. Los dueños de castillos preparaban fiestas mientras los más pobres iban al santuario más cercano a agradecer.
- Bien, se hace tarde –Adonis empujó al pequeño Haibane para que comenzara a caminar- Si tienes problemas para pasar, solo canta la canción. Pero no olvides lo siguiente –El mago se había puesto serio y ahora lo miraba a los ojos- Nunca mires hacia tras. Hay una superstición que dice no debes hacerlo. - Ya~ Dejen de jugar con eso de las supersticiones que me asustan… -Yutaro, por alguna razón se sentía angustiado de tener que caminar solo por aquel sendero, aunque sea únicamente para llevar flores. Cuando el pequeño alado se alejó lo suficiente de sus dos conocidos ambos se miraron. - Adonis… Te vas a ir al infierno –se rio el Cuenta Cuentos. - Y tú me acompañaras por mentiroso. - Yo no mentí –se excusó el mayor- Solo obvie una parte de la historia. - Es aberrante esa canción…
El camino se hizo cada vez más estrecho, los arboles alrededor cubrían casi todo y apenas se podían ver leves sombras que Yutaro no quiso reconocer ni investigar de que se trataba. El pastizal estaba corto a los costados, alguien debía de estar cuidando el camino. A veces, sin pensarlo, tenía sus momentos de lucidez y notaba esos pequeños detalles. Claro, siendo él un ser sobrenatural debía de poder captar mejor cada detalle, sin embargo, no era su caso. Siguió caminando por un largo tiempo, mientras tarareaba la canción cada vez que un ave movía una rama asustándolo. Kyoto es uno de esos lugares donde el terreno puede variar mucho y las montañas o grandes subidas, en medio de la ciudad, no son nada extraños. Escuchó una voz terrorífica cantando Tooryanse y se asustó. Era como la de un alma en pena o algo parecido. Al acercarse por la senda pensó que iba a morir pronto. Pero la voz se iba haciendo cada vez más dulce, no era un alma en pena era solo un niño cantando. Pensando que quizás se trataba de un niño perdido Yutaro corrió para ir en su ayuda. Sin embargo se encontró con una madre y su hijo comiendo un poco de pan, sentados en un tronco viejo. La pareja se asustó al verlo más Yutaro les sonrió para que no se alarmen. - Lo siento, solo estoy de paso, no quería asustarlos –se disculpó aunque él también había estado asustado por un momento- Estoy yendo al Tenjin-sama y escuche que cantaban una canción por eso me acerque. - ¿Onii-chan conoce la canción? –le preguntó el pequeño con descaro sin siquiera saludarlo o presentarse, lo cual se le hizo adorable al haibane. Claro que, la madre lo reto pidiéndole que antes de hablar así se presentara. - Lo siento, mi nombre es Hoshi y el pequeño se llama Yuri. Mucho gusto –la mujer hizo una reverencia y luego le sonrió con amabilidad. - ¡Oh! Perdón yo tampoco me presente, mi nombre es Yutaro, mucho gusto –Los nombres, ciertamente, eran muy importantes en el mundo humano. Luego de saludarse, como iban al mismo templo el pequeño Yuri le preguntó a Yutaro si los acompañaría. Era más divertido, y menos peligroso, ir todos juntos. Así siguieron caminando sin problemas, ayudándose a cruzar cuando había algún árbol tirado o algún problema en el camino. Un enorme Torii marcó la llegada al templo, la madre comenzó a actuar algo nerviosa. Debía ser por la neblina que había bajado y parecía oscurecer todo. Junto al pequeño Yuri llegaron a la cima del templo, ambos, Yutaro y el jugaban por las escaleras hasta llegar a la parte más alta y mirar detrás de la campaña el paisaje en las alturas. El alado, dejo las flores a un costado. - Ne~ Onii-chan, hoy es mi cumpleaños ¿me regalas unas flores? –mientras el pequeño le rogaba con la mirada, la mujer miraba con horror. Al joven no le pareció una falta de respeto tan grande así que le regalo algunas flores, unos lirios blancos. El pequeño se acercó a la baranda y comenzó a jugar con sus lirios mientras Yutaro supuso que poner las flores en un rincón estaba bien. Pronto escuchó un grito. - ¡PERDÓN! ¡Por favor! ¡Por favor! –la mujer lloraba desconsolada mientras se agachaba en el suelo implorando- ¿Recuerdas cuando vinimos aquí el año pasado? Vinimos por tu cumpleaños, aquel día cumplías 7 años ¿Lo recuerdas? –el pequeño la miraba con seriedad como no recordando de que le hablaba- Ya, por favor ¡Dejame en paz! ¡Deja de seguirme!
A lo lejos, El Cuenta Cuentos y Adonis conversaban sobre la canción “Tooryanse”. -En realidad, en aquella época, había personas que eran realmente muy pobres, no tenían que comer. En esos hogares, era terrible que los más pequeños no tuvieran ni siquiera arroz. Así que sus padres decidían asesinarlos antes de que murieran de hambre. Es mejor una muerte rápida que una lenta y dolorosa. Esa es la canción de los niños que fueron llevados por sus madres para ser asesinados… -concluyó el Cuenta Cuentos mirando el sendero por donde Yutaro había caminado.
El pequeño Yuri se alejó un poco de su madre, volteando para ver el cielo y darle la espalda a la mujer y a Yutaro, quien al mirarlos no entendía nada. - Ya lo recuerdo… -dijo el pequeño con algo de tristeza para luego darse la vuelta y mostrar la mitad de su rostro deformada por un gran golpe- ¡Ese día me empujaste! –sus ojos ensangrentados pedían venganza ante aquel atentado. La energía maligna que emanaba ese pequeño cuerpo era tan grande que hasta logro hacer caer a Yutaro. Aquel pequeño se había convertido en un yokai, su alma no se había dado cuenta que estaba muerto y poco a poco fue consumido por energías malignas. Ahora que sabía la verdad esperaba vengarse. Yutaro se levantó del suelo al escuchar los gritos de la mujer mientras Yuri le seguía reclamando “¡Mamá, me mataste! ¡¿Por qué?! ¡Soy un buen niño!”. Quiso darse la vuelta para ayudar a la mujer pero algo lo detuvo, un gran y llamativo kimono apareció frente a él. Era Adonis, y su rostro mostraba una seriedad que nunca antes logró ver. - Eh dicho, no mires para atrás –sentencio el mago, sosteniendo la cabeza del Haibane contra su pecho con la mano izquierda, para que no volteara, y con la derecha realizando un hechizo que alejaría a aquello que lo estaba sucediendo detrás suyo. Nunca había presenciado una purificación y realmente quería verlo, pero el hedor de aquella energía maligna rodeando el templo era muy fuerte para él. Se desmayó antes de poder ver el resultado de todo aquello. Al despertarse estaba recostado sobre el diván del mago. - Al fin despiertas~ - se sonrió el Cuenta Cuentos- Felicidades, has hecho un buen trabajo –se sentó junto a él y acaricio su cabello. - ¿Donde esta Okaa-san y Yuri-kun? –se preocupó el Haibane, quien se entristeció cuando el mayor negó con la cabeza. - Esa mujer era mi clienta –Adonis apareció entre las cortinas que dividían la Tienda donde trabajaban juntos- Me pidió que la ayudara con su problema de insomnio y yo a cambio le pedí que saliera de paseo. Claro que, mi única intención era que se hiciera cargo de lo que había hecho. No podía seguir viviendo como si no hubiera matado a su hijo. Ese pequeño debía ser liberado. Adonis, a veces, no era un mal mago. Tal como le había dicho Iku, todo lo hacía con una razón. El mago nunca pensó en liberar del insomnio a su clienta con un atrapa sueños o algo por el estilo. Él sabía que el problema estaba en que la mujer no dejaba de ver a su hijo muerto y eso le ocasionaba tanto terror a hacerse responsable, que no la dejaba dormir. - Sabes, lo aterrador de “Tooryanse” no es para los niños, sino para sus madres. La canción cuanta como una madre mata a su hijo en el Tenjin-sama y de cómo, luego, el alma del pequeño asesinado, la persigue por siempre. Si la madre no desea ser seguida por el alma de este, jamás debe mirar atrás –agregó Adonis con una sonrisa- De ahí viene la canción y la superstición de no mirar hacia tras luego de cometer el asesinato. - Claro que también, puede significar que la madre en realidad mirará toda su vida “hacía tras” recordando a su hijo y culpándose por lo que hizo –Agrego el Cuenta Cuentos- Siendo una leyenda, uno no sabe a qué se puede referir. Sea cual sea la razón, luego de matar a un hijo, la culpa te persigue toda la vida.
____________________________________________ La palabra Torii no se sabe muy bien de donde surge pero hay diferentes teorías, se cree que puede significar: Tori (pájaro) y el I (lugar), así sería algo como “El lugar donde habitan los pájaros”. Sirven usualmente como entrada para los templos sintoístas en Japón. El Torii se lo conoce como la frontera entre dos mundos, es la conexión entre nuestro mundo y el sagrado de los espíritus, dioses y demonios. Es una barrera que protege ambos mundos no permitiendo que se mezclen. En la antigüedad se creía que los pájaros tenían una conexión con la muerte, de ahí también se dice que surge el nombre del Torii (Léase la leyenda de Yamato Takeru y la leyenda de Amaterasu, para más información). Otra teoría dice que Torii viene de Toriiru (pasar y entrar), y de ahí su conexión con Tooryanse es un poco más significativa.
Narrow Road to the Tenjin Shrine. 2014.
Ink.

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パスピエ - とおりゃんせ
Kanji, romaji and english translation under the cut
とおりゃんせ (Pass Through) // Rhythmic Toy World