Basado en: La Leyenda de Korra – Libro 1, Capítulo 12: "Fin del juego"
Humo y Ceniza | Fragmento 09
• Ídolos de Barro
El estadio estaba sumido en un silencio sepulcral mientras Amon se preparaba para el acto final. Yo estaba allí, a pocos metros, manteniendo mi posición como su mano derecha, su arma secreta. Pero algo en el aire había cambiado. Cuando Korra irrumpió dió un discurso sobre como el nombre real de Amon era "Noatak" que era un maestro de la tribu agua y que era un mentiroso.
Yo lo miré, desde su espalda, esperando que dijera algo pero, hizo más que eso.
Se quitó la máscara, revelando una enorme cicatriz. Todo lo que dijo era verdad y yo, estaba lista para enseñarle al avatar de quinta, cuál era esa verdad. Pero entonces el novio de Asami interrumpió, Korra tuvo tiempo de liberar a la familia del maestro Tenzin y yo... no me movi. No porque no quisiera, si no que Amon me dió la orden de no moverme.
Luego de algunos ataques del chico de fuego que casi me queman y de un vaivén entre el, Amon y Korra los tres finalmente salieron del ojo público.
Habían corrido hacia un lugar dentro del estadio y los seguí. Pensaba que no dejaría que volvieran a lastimar a Amon, pero cuando llegué. Lo vi haciendo sangre control. Su primer oficial también lo vio, me tomo del hombro y me susurró.
—Vete a casa niña, yo me encargo de esto.
Lo vi gritarle a Amon y ser arrojado por el mismo. Era un mentiroso.
Chasquee los dientes, estresada, me quite la máscara y corrí tan lejos como pude.
Nunca había podido visitar el estadio así que me perdí un poco buscando la salida. Estaba tan histérica por los ruidos que ni siquiera me di cuenta quien venía frente mio. Una niña, un poco más baja que yo. Corría con un grupo de niños, todos vestidos iguales, junto a un mujer con un bebé en brazos.
—Disculpa...
Se que lo dije, pero desconozco si la niña me escuchó.
Me sentía mal, vi a Amon, el hombre que prometía igualdad y justicia, utilizar el mismo poder que juró erradicar. Ser un maestro agua. Un maestro sangre.
Cada palabra de Hiroshi sobre el "equilibrio", cada sacrificio que hice dejando a Kaito con una desconocida, cada vez que bloqueé el chi de alguien creyendo que salvaba la ciudad... todo se desmoronó en un instante.
El hombre al que servía era la encarnación de todo lo que odiábamos.
Supe que Amon logró quitarle los poderes a Korra y a la oficial Beifong.
Aún recuerdo el aire frío de la arena golpeandome el rostro, luego de salir sin la opresión de nadie.
Cenizas en la Mansión.
Mientras cruzaba la ciudad, ignoraba que en la base aérea mi "padre" estaba perdiendo la razón. No supe en ese momento que Hiroshi había atacado a Asami con un meca-tanque, ni que había usado mi nombre como una amenaza distorsionada. Para él, yo era el peso que Asami se negaba a cargar; para Asami, según me contaría meses después, sonó como una sentencia de muerte hacia mí.
Llegué al refugio donde debía estar Kaito, con el corazón en la garganta. Al entrar, la habitación estaba en penumbras. La niñera se había ido poco después que yo, dejándolo solo en medio de la guerra.
—¿Kaito? —susurré, cayendo de rodillas.
Él salió de debajo de una mesa, con los ojos rojos de tanto llorar pero con una fuerza que yo ya no poseía. Me arrojé a sus pies, pidiéndole perdón por haberlo dejado, por haber creído en mentiras, por haber sido una herramienta de destrucción.
—Solo me alegra que estés bien, hermanita —dijo él, abrazándome con sus brazos pequeños.
El Fin de una Era.
Ciudad República intentaba sanar. Hiroshi terminó tras las rejas, Amon desapareció en una explosión que pocos comprendieron en su momento, y el Equipo Avatar partió hacia el Polo Sur. Me quedé sola en una ciudad que ya no me pertenecía, cuidando a Kaito en las sombras de los suburbios, lejos de la mansión Sato y de las promesas de platino.
Asami se fue con ellos, con Mako y Korra. Yo me quedé aquí, en el lugar donde todo empezó, con las manos vacías pero la conciencia despertando.
El movimiento de los igualitarios terminó con fuego y cenizas, pero mientras miraba a Kaito dormir esa noche, supe los verdaderos problemas apenas estaban por comenzar.
















