Algo me tomaba y volaba. Bajaba y subía, depende del área por la que volábamos.
Me dejaba tocar el agua del océano, lago, rio.
Volvíamos a subir para observar y apreciar el paisaje de la naturaleza.
Y veces subíamos tan alto que pedía ver las montañas desde la punta.
Hasta que llegamos a un lugar con un riachuelo pequeño, con cangrejos arañas pequeños. Eran demasiados, que las orillas del río se veía naranja. Las patas de estos cangrejo-arañas eran blancas pero muy suaves.
Había personas, y al final del río, había un muro, que tenía que cruzar para seguir volando. Pedí ayuda a las personas que estaban ahí para subir el muro, y si, se acomidieron a ayudarme. Pero en lo que me ayudaban, sentí una mano que se metía en mi ropa por el cuello de mi camisa, hasta que llegó a mi vagina. Yo me sorprendí de que no me esperaba eso. No entendía porque entrar esa mano hasta ahí.
Y es cuando me desperté porque sonó el despertador.