Susurra mi boca Tu silencio, lanza que abre con sello de sangre fortificada de gracia que hiere sin herida. Mi piel clama la senda oscura del deseo que quema. Me hago cal viva en el instante justo en que mi cuerpo profana Tu Alma. Y en esa herida abierta donde Tu Nombre se deshace, bebo del cáliz de Tu Aliento incontenido.
Azul de Magdalia















