"Gurdjieff muestra la necesidad de la observación de sí, pero esta práctica muchas veces ha sido mal comprendida. De ordinario, cuando observo, hay un centro desde donde se realiza la observación y mi mente proyecta la idea de observar. Pero la idea no es la observación; ver no es una idea, el acto de ver es una experiencia. Yo no fijo mi mente sobre un objeto. El objeto soy yo, viviente, un ser que necesita ser reconocido para vivir. No es un punto fijo que mira a otro. Es un acto total, una experiencia que sólo se puede realizar cuando no hay separación entre lo que ve y lo que es visto. No hay un centro desde donde se hace la observación. Hay un sentimiento de un tipo especial, un deseo de conocer, un afecto que envuelve todo lo que veo y no deja de interesarse por nada. Necesito ver. Cuando comienzo a ver, comienzo a amar lo que veo. Estoy en contacto con lo que veo, intensamente, completamente. Ese conocimiento es el resultado de esta nueva condición. Despierto a lo que soy y toco la fuente del verdadero amor, una cualidad del ser. La verdad de lo que soy sólo puede ser vista por una inteligencia en mí, una energía fina que ve. Debe haber una relación muy precisa entre el pensamiento habitual y esa visión; una debe someterse a la otra; de otra manera, uno es tomado por el material del pensamiento. No puede haber ninguna contradicción, por pequeña que sea, en mí mismo; de lo contrario, no puedo ver. Una contradicción quiere decir, por un lado, la necesidad de conocer lo que soy, y por otro, una cabeza que funciona sola, para ella misma; una emoción que trabaja sola, para ella misma; y tensiones que me separan de una sensación. ¿Voy a tratar de cambiar mi estado porque ayer tuve uno mejor?; o bien, en esta oscuridad y porque lo siento, la necesidad de claridad, de visión, ¿se hace sentir? Si siento la necesidad de ver, un sentimiento que es completamente diferente, poco a poco las tensiones disminuyen por sí solas. Me abro a esa energía sin buscar alcanzar resultados. Debe haber una fuerza que el cuerpo perciba; de lo contrario, él no se abrirá. La energía se libera y aparece una realidad interior. Ya no hay contradicción. Yo veo..., sólo veo. Observarse sin conflicto es como seguir un torrente. Con una mirada que se anticipa al agua que se precipita, ver el movimiento de cada pequeña ola. Uno no tiene tiempo de formular, de nombrar, de juzgar. Ya no hay pensamiento. Mi cerebro se vuelve muy tranquilo, muy sensible, muy vivo, pero tranquilo. Puede ver sin distorsión. La observación silenciosa hace nacer la comprensión, pero esa verdad debe ser vista. El orden nace de la comprensión de lo que es el desorden. Esa posibilidad de ser a la vez el caos y la presencia al caos es el conocimiento de otro orden de cosas."
Jeanne de Salzmann.
La Realidad del Ser (extracto).












