improvisación.
Mi vida dio un giro 360° desde octubre del año pasado. No sé si fue un cambio de paradigma dentro de mi ser, que me vi preparada para otra clase de experiencias. Simplemente sucedió, se dio, todo como en un combo. De repente la historia dentro de mi barrio cobró cierto sentido. De repente, experiencias pasadas fueron la base para todo lo que pasó después, como un rompecabezas que se unió tras años y años de espera.
Creo que es gracioso como alguien puede compartir un espacio tan pequeño con tantas personas y aun así, no llegar a cruzarse ni de casualidad durante toda una vida. O peor aun: cruzarse y no ser consciente de ello. ¿Mi vida se aceleró? Tal vez un poco. A veces pienso que los días y las horas están pasando más rápido de lo que debería y que no disfruto demasiado de los momentos. Y es raro, si lo pensas hacia atrás... Pensarte tan inconsciente de todo lo que estaba a punto de comenzar en tu destino. Solía ser alguien bastante solitaria. No llegaba a relacionarme con la gente, y si tengo que serles honesta, realmente no sé el por qué. Creo que mucho tiempo no lo hice por miedo a salir lastimada, de cualquier tipo de relación. Y otro cincuenta por ciento se debe a lo muy buena que soy conociendo a las personas con sólo una mirada: sabes cuales valen la pena y cuales no. Y las que valen la pena aparecen muy de vez en cuando.
Supongo que me di cuenta en algún momento que tenía que vivir, y que ya me había tomado bastante: 22 años. Fue suficiente, conoce el mundo, Malena. Y tomé el riesgo, y empecé a recorrer las calles primero por mis ideales y luego porque noté que tan bien se estaba ahí afuera. Me fui cruzando en este tiempo a unas cuantas personas; personas que en el pasado me había cruzando y jamás realmente vi.
Cuando me quise dar cuenta, tenía un grupo de amigos. Dos mejores amigas como si fueran de toda la vida. En el rango de un año, ya compartí viajes, dolores, alegrías, tristezas, mal de amores y festejo de amores. Risas, llantos, discusiones, decepciones. Y mucha comida, por sobre todo. Me di cuenta que no solamente se trataba de vivir, si no de improvisar y de entender (se) a uno mismo, de conectar con el interior, sus sentidos, comprender: ¿qué es lo que quiero realmente? Relajar.
Que no está mal no cumplir los tiempos del sistema, porque cada uno tiene su propio tempo para asimilar todo y procesar su propio paso por ésta tierra. Empecé a caminar sin tanto cuidado, más bien buscando disfrutar y celebrar que más allá de todo, estaba teniendo la facilidad, la ventaja de estar viva y relativamente saludable. ¡Y había muchas cosas que me faltaba probar! Y sí, a veces soy terca, pero es todo sobre las experiencias y el aprendizaje. Probé la amistad, probé las desilusiones, probé la hermandad, probé ser yo (y me sale cada vez mejor), probé drogas, probé más alcohol del que debía, probé decir no, probé no preocuparme, probé el amor y probé el desamor, y probé el sexo de la forma en que a mi me gustaba, y probé la libertad y tomar decisiones importantes. Probé la confianza. Y probé ser débil y ser fuerte, y aceptarme. Y probé sentir. Sentir y aceptar lo que siento y no guardarlo, a pesar de las consecuencias. Y todo fue fruto de una improvisación que se fue sucediendo día a día.
Como el día que decidí empezar a juntarme con Ailu y Paula, como el día en que dije en voz alta que Katata Poika era un buen nombre para la banda (y quedó), como el día que me animé a dejar las materias que no me hacían sentir bien, como el día que decidí comprarme la ropa que me gustaba a pesar de no tener un cuerpo aceptable para el standard de belleza que se maneja, como el día que decidí agregar a Damián a facebook porque sí, y el día que decidí aceptar su invitación a una salida, como el día que saqué los pasajes a Brasil a pesar de la situación económica, como todos los días que decidí pasar un rato con Damián y todas las tardes que salí temprano del laburo para tomar una birra con los pibes en la vereda, como el día que decidí que iba a hacer caso a mis instintos a pesar de chocarme la cabeza contra la pared y el día que me di cuenta que ya no estaba contenta con lo que estudiaba y quería ir más allá, como el día que hice un viaje a Córdoba de la nada para ver a La Renga y el día que dije que teníamos que ir a Uruguay a pasar unos días de descanso y lo hicimos. Como el día que decidí decirle a Damián lo que me pasaba con él. El día que decidí que era tiempo de volver a hablar con mi papá.
Fue una improvisación desde hace tiempo, y algunas cosas salieron bien y otras me salieron terriblemente mal. Y algunas personas se quedaron a mi lado y otras decidieron que no, y seguir camino. El rompecabezas se arma y se desarma o se hace cada vez más grande, no lo sé.
Empecé a escribir sobre todo esto porque estaba pensando en Dami, lo mucho que lo quiero y lo mucho que voy a extrañarlo a pesar de su distanciada cercanía y sobre todo, cuando lo vea seguir adelante. Pero fue parte de todo esto, y como lo es él, tal vez deje espacio para cosas nuevas. Ailu no para de repetirlo: “Nunca se sabe que va a pasar, o donde vas a terminar”. Y tal vez ninguna de esas dos cosas se refieran a él, tal vez fue sólo una parte de este camino de eternas improvisaciones... y éste texto y para aceptar eso. Y para aceptar que las cosas buenas todavía están por venir. Y que estoy viva. Estoy muy viva.










