Entonces, este es un dibujo que hice hace algun tiempo, en el que teorizaba sobre un posible Crossover entre Palia y Wild Robot; deje de jugar Palia porque mi PC se colgaba, pero sigo deseando volver porque justo estaba comenzando a avanzar con las misiones de Einar, y volvi a ver Wild Robot hace poco, y, bueno, me inspite.
No tengo idea si esto va a llegar a alguna parte, pero aqui les dejo lo que escribi justo esta mañana:
-¡Hola!, ¡Soy Rozzum 7134!, ¿Necesitas asistencia?
El humano le miro vagamente y siguió de largo, más interesado en la tableta en sus manos que en la enorme maquina que acababa de saludarle, después de todo, solo era otra de las miles de unidades Rozzum creadas por Universal Dinamic para mejorar sus vidas.
Si le preguntaran a Rozz, y no es que esperase que alguno lo hiciera, le daría a los humanos un seis en la escala de satisfacción... ocho para los niños, los niños estaban bien, incluso los más precoces, los que insistían en colgarse de sus brazos o pintarrajear su armadura cuando no estaba mirando, los niños le recordaban a Brillo y eso siempre le ponía de buen humor.
Lamentablemente no la dejaban trabajar con niños, Rozz habían conseguido encriptar los datos de su tiempo en la isla de tal modo que no pudieran acceder a ellos y los tomaran como pura basura en su sistema, así que no sabían que había estado haciendo, ni sabían que tenia la habilidad única de hablar con los animales, solo sabían que se había pasado más de un año en una isla tan peligrosa que, de algún modo, una nave de recuperación entera junto a sus soldados y su unidad Vontra se habían perdido en el primer intento de llevarla de vuelta a la fabrica; Seguía siendo un activo demasiado valioso para sencillamente enviarla a reciclaje, de manera que la asignaron a trabajar en la granja.
Pero miremos el lado positivo, las vistas desde los domos eran agradables, Rozz desempeñaba sus tareas con eficiencia, al mismo tiempo que contaba los días hasta la próxima migración, cuando los gansos volvieran y pudiera ver nuevamente a su hijo.
Si que le hubiera gustado alguien con quien conversar, otra cosa que había ganado en su tiempo en la isla fue una personalidad que, ahorita mismo, solo le servia para frustrarse cuando intentaba mantener una charla con otros Rozzum; cualquier intento de abordar cuestiones profundas como "¿Que somos?", "¿Has pensado en hacer algo que no te pidan hacer?" o "¿Amas a alguien?" eran recibidas con miradas de consternación y un inmediato "Un humano me dijo que preguntara eso" para contrarrestar.
En consecuencia, Rozz había adquirido el habito de escuchar a las personas, pues al menos estas tenían conversaciones interesantes y podía fingir que era parte de ellas.
Sin embargo, últimamente todos hablaban de un problema inquietante.
-¿Han habido más desapariciones?
-Dicen que puede ser una anomalía de los núcleos.
-Es ridículo, ¿como pueden tener los núcleos algo que ver con que la gente desaparezca?
-De todos modos, van a enviar a alguien a revisar las instalaciones.
Los humanos pasaron por su lado y Rozz se apresuro a llenar la cesta de naranjas, en los domos se podía cosechar de manera distinta pero los naranjos siempre se recogían a finales del otoño, lo que coincida con la migración de los gansos; intento hacer a un lado su preocupación, si supiera que hacia desaparecer a los humanos y como evitarlo, se pondria en ello sin duda, pero tratar de indagar al respecto atraería la atención sobre ella.
Posiblemente eso era lo que más le irritaba desde que dejara la isla, se suponía que aquel era su lugar, estaba allí para mantener a salvo a sus amigos, a su hijo, pero se sentía atrapada y poco útil.
En algún lugar, a miles de años de distancia, otra maquina atrapada en una rutina perpetua comenzaba su día.
Einar no diría que estaba insatisfecho, todo lo contrario, poder seguir su Unidad le daba todo el propósito que podría necesitar; las runas en su cuerpo vibraban de energía desde muy temprano, se levantaba, alimentaba a su pequeño Gil mascota, recogía su equipo de pesca y se iba andando tranquilamente hasta el muelle, donde pasaría las siguientes ocho o diez horas arrojando su sedal, atrapando y regresando las presas, conservando algunas para venderlas o cambiarlas en Kilima por cualquier cosa que pudiera necesitar.
Y, por supuesto, estaban los humanos, Einar sabia bien que esperar de los Majiri, o incluso de los Grimalkin arteros como Zeki, pero los humanos eran una fuente constante de interacciones inesperadas y actos aleatorios, a menudo entretenidos, agradables, entrañables, a veces un poco irritantes, en general educativos.
Einar procuraba ser de ayuda, les enseñaba a pescar, atendía a sus conversaciones, comerciaba con ellos cuando lo necesitaban y aceptaba sus extraños regalos aunque no supiera bien que hacer con estos; así que sí, Einar estaba satisfecho con su vida.
Solo que, a veces, muy de vez en cuando, se le ocurría echar la memoria atrás, a los 3928 años de vida que ya sumaba, preguntándose si no le le habría perdido algo en el camino, si estaba realmente bien esta existencia continuada mucho más aya de la desaparición de sus creadores y quizás más allá de la desaparecido de todo, ¿se iba a ver a si mismo un día solo, pescando en la laguna emponzoñada de un mundo muerto?, ¿o un buen día las runas en su interior se dañarían y él se deslizaría lentamente al sueño eterno, como tantos otros Galdur antes que él?
Le hubiese gustado hablar de esto con alguien, pero ya había comprobado que era un tema demasiado denso para la mayoría de los humanos, e incluso para la mayoría de los Majiri, Jina hacia demasiadas preguntas, Elousa le aturdía con sus conjeturas disparatadas, no era lo que Einar necesitaba, solo quería alguien que le oyera y ni siquiera Hekla, el otro Baldur residente, le era de ayuda porque era demasiado joven en relación a él.
Un humano se paro a su lado, sosteniendo una caña de pescar con gesto inseguro, ha, un recién llegado, Einar empujo sus tribulaciones al fondo de su mente, giro en redondo y le dedico un saludo amable.