«El respeto incondicional de la verdad nos obliga a buscarla no sólo en las afirmaciones de nuestros adversarios, sino también en las de nuestros amigos. Esto puede parecer un consejo innecesario, pero no lo es. Quiere decir que no deberíamos aceptar nunca lo que dice un filósofo por ninguna otra razón que por la verdad de lo que dice. “No mires a quién escuchas —dice Tomás—, mas lo que oigas de bueno encomiéndalo a tu memoria”. Un verdadero tomista no exceptuará de esta regla ni al mismo Tomás. Que la razonabilidad de lo que dice justifique nuestra admiración por él, pero no que nuestra admiración por él justifique la razonabilidad de lo que dice.»
Etienne Gilson: El Amor a la Sabiduría. AYSE, pág. 63. Caracas, 1974.
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1




















