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N 1st Street, Raton, New Mexico.
Signage: Raton
This seems to be a thing out west—towns erecting lighted signs over their burgs, perhaps for PR reasons. I made it up to the Trinidad sign seven years ago, and wanted to do the same at Raton when I was passing through three years ago now.
Of course, for those of us with an interest in railroads, the word “Raton” carries with it a rich history. I’ll quote myself in an article I wrote in the journal Railroad History, number 221…
Moving south from Trinidad, located in the relatively new state of Colorado, and roughly following the Mountain Route of the Santa Fe Trail, the [Santa Fe] railroad first crawled its way up and over Raton Pass in 1878, supplanting a wagon toll road carved out by Richens Lacey “‘Uncle Dick” Wootton. It then ran down the other side of the pass to Willow Springs, later called Raton, New Mexico.
The pass for this original route of the Santa Fe turned out to be a challenging one due to a steep grade and tight curvature. It’s still in use—but barely, with but one Amtrak train each way per day.
Image by Richard Koenig; taken April 28th 2023.
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Yeah, rats✨✨✨🖤❤
Yo viendo pasar al ratón mientras tengo invitados en mi casa:
Había una vez, una familia de ratones que vivía dentro de un agujero en un edificio muy grande.
Un buen dia, el ratoncito empezó a visitar el consultorio del dentista día tras día. Poco a poco empezó a aprender cada una de las cosas que el dentista hacía para curar los dientes; aprendió sobre anestesias para aliviar dolores, sobre encías inflamadas, y hasta sobre extracciones.
Poco tiempo después el ratoncito se había hecho tan conocido entre los ratones que no solo atendía los dientes de sus familiares sino que también venían de otros lugares lejanos para atenderse con el ratoncito.
Poco tiempo después, visitó un anciano ratón al joven ratoncito. Ya no puedo comer nada, ratón Perez, – dijo el anciano– Mis dientes se han caído – terminó de decir con tristeza.
Fue, en ese preciso momento, que el ratoncito Pérez comprendió que, si podía conseguir los dientes que los humanos desechaban, quizás estos le servirían para implantarlos en los ratones ancianos y así ellos podrían volver a comer.
Pero cuando estaba pensando esto, se dio cuenta que el tamaño de los dientes de los humanos eran muy grandes para los ratones.
En ese instante el ratoncito comprendió que si él lograba conseguir los dientes de leche de los niños, entonces podría ayudar a los ratones ancianos a comer de nuevo.
Cuando el ratón llegó finalmente al cuarto del niño, buscó por todas partes el diente de leche, pero el niño se había dormido mirando su diente al que guardó debajo de su almohada.
Como el ratoncito sabía que no podría llevarse algo que no le pertenecía, decidió comprarle su diente al niño y, cuidadosamente sacó el diente de debajo de la almohada, dejando en su lugar algo de dinero.
Por la mañana, al despertar el niño, notó que su diente ya no estaba pero sí había dinero en su lugar.
El niño llegó a la escuela y les contó todos los niños lo que había sucedido con su diente…
Y así alcanzo la fama el Ratón Perez.