Recientemente habían tenido la cita con el ginecólogo, la segunda inseminación en menos de cinco meses había resultado negativa. Él veía la desesperación en su esposa, sobre todo porque esta también estaba lidiando con un cóctel de hormonas a diario. Era normal ver que una mujer perdiera la paciencia o se sintiera irritable por todo, pero dolía ver que era su esposa la que tenía que enfrentar esta situación. Además, él podía ver lo que le dolía ver cada resultado negativo, esto ya lo habían vivido y los fantasmas de las inseguridades volvían a ser sus sombras.
Estaban en un café, ella se veía pérdida en sus pensamientos y él no quería ser invasivo o portarse como un idiota, porque sabía lo que dolía ese resultado. Los minutos pasaban, intentó distraerse leyendo el periódico, luego su celular fue una buena excusa, pero se quedo sin más. No había anda que pudiera tomar más de cinco segundos su atención, pues lo evitaba, pero André quería saber qué pasaba en la cabeza de su esposa. “Okey, suficiente” interrumpió el silencio entre los dos, se puso de pie y corrió la silla de Giselle para que esta quedara frente a él. “Amore mio, no quiero que te encierres y menos en pensamientos negativos” inició su discurso cogiendo las mejillas de su mujer para que esta no apartara la mirada. “Te amo y esto lo estamos haciendo juntos. Tú y yo sabemos las probabilidades, así que no por ello dejaré que te eches la culpa de esto. No sucedió, podremos ver otras opciones” sus ojos estaban fijos en ella, le dio un pequeño beso y sus manos descendieron para masajear su cuello. “Y la primera opción es que dejes las hormonas, no has sido tú durante estos cinco meses y no es justo para ti”.