Ana del Valle Seoane, es autodidacta, y aunque solía trabajar con técnicas tradicionales está volcada en la ilustración digital. Desde pequeña dibujaba mucho, pero de adolescente – viendo manga- fue cuando realmente se puso a dibujar más. Fue su etapa más creativa, y le movían las ganas de hacer feliz a la gente con sus ilustraciones y sus cómics. Hoy en día dibujar sigue siendo una necesidad casi física para ella, como una forma de expresarse, relajarse y alegrarse perdiéndose en su propia imaginación. La inspiración viene de todas partes, vivimos en un mundo curioso lleno de cosas alucinantes... desde animales a electrodomésticos, aunque viendo su obra salta a la vista que le llama la atención dibujar a mujeres. Le fascinan sus curvas, sus misterios... a veces va por la calle y piensa “cómo me gustaría dibujar a esa chica” o “qué ropa tan chula, qué caída, tengo que dibujarlo”, otras veces en cambio la inspiración llega de una iluminación o un escorzo que le llamen la atención. Además de chicas le encanta ilustrar bichillos y cosas raras, le divierte mucho imaginar sus vidas, aficiones, rarezas... Le encanta la fantasía, abstraerse de la realidad y buscar otras más lejanas, misteriosas o divertidas. Paran Ana la ilustración es algo demasiado personal o íntimo para hacerlo para otras personas, aunque ocasionalmente acepta encargos e incluso unos años intentó dedicarse a ello de forma profesional, pero siente que no le llena ni le divierte tanto como cuando dibuja para ella misma. Pero volviendo a mujeres y arte, sin duda una gran fuente de inspiración, no quiere olvidar a su madre – Marina Seoane-, también ilustradora y gran profesional que ha dedicado su vida entera con amor y dedicación al dibujo, ni a su hermana, Mar del Valle, que también ha seguido el mismo camino.

















