Reflexión sobre las pruebas Turing
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"No soy un robot". Lleno la cajita. Ah, éste me pide identificar imágenes con vitrinas de tiendas. Muchas de esas imágenes son borrosas y difíciles de identificar, y algunas solo contienen partes de vitrinas así que no sé si tengo que contarlas o no. De todas maneras, Hago lo mejor que puedo y hago clic en las que, según creo yo, corresponden a lo que se pide. Después me dan un segundo y luego un tercero conjunto de imágenes por identificar, antes de que logre pasar el CAPTCHA y seguir con la creación de cuenta que había iniciado. ¿Cuáles conclusiones sacar de este fenómeno? ¿Será que ya estamos llegando al punto en que los ordenadores son capaces de pasar esas pruebas y así imitar a los humanos de forma convincente?
Si lo miramos bien, las primeras pruebas CAPTCHA consistían en una imagen de un número o una palabra algo deformada, una imagen que el reconocimiento óptico de carácteres no solía reconocer. Debe haber un motivo por el cuál pasamos a esas nuevas formas de CAPTCHA: la tecnología de reconocimiento óptico de carácteres se está volviendo demasiada perfecta. Lo extraño es que cuantas más veces los humanos responden a esas pruebas, más aprenden los ordenadores a hacer mejor en esas mismas pruebas. Y no solo con el objetivo de imitarnos. Imagino que Uds. también sospechan que con los CAPTCHA basados en imágenes de Google StreetView, la empresa Google misma está recuperando datos sobre los elementos de esas imágenes para utilizarlos en marketing o publicidad...
Así pues todo inició con los primeros ordenadores básicos, que solo eran capaces de ejecutar tareas para las cuáles fueron específicamente construidos y programados. Hablo de la época de las calculadoras electromecánicas, las cuales fueron perfeccionadas de década en década, con capacidades cada vez más amplias. De los primeros ordenadores IBM a las construcciones de Alan Turing mismo hasta los primeros ordenadores puramente electrónicos.
Luego pasamos a ordenadores que podían, con base a criterios claros y precisos, tomar decisiones por si mismos. Los pilotos automáticos de los aviones, de los barcos y hasta de las naves espaciales. Y eso, claro, sin olvidarnos de los ordenadores que sirven para modelizaciones y simulaciones en todos los sectores de la economía.
Después de eso, de la rápida evolución de Internet y la repentina disponibilidad de cantidades masivas de datos de usuarios, llegaron los ordenadores capaces de personalizar los contenidos y las publicidades de forma automática, junto con los primeros bots, (incluso los chatbots). Allí fue que entramos realmente en el centro del debate sobre las pruebas Turing.
Y finalmente, hoy en día, entre el sútil, preciso, enciclopédico Watson, capaz de ganar contra humanos al juego Jeopardy lleno de juegos de palabras, sutilidades lingüísticas y referencias culturales, y la tendencia a las redes neurales y al "deep learning", es probable que los ordenadores ya pronto serán capaces de aprender a pasar las pruebas Turing de forma fiable. Y claro, eso tendrá aplicaciones imensas en la inteligencia artificial, la robótica y al Internet de los Objetos.
Bueno, Seamos justos. Hasta los ordenadores de hoy solo hacen las tareas para cuáles fueron programados por usuarios humanos. Pero la automatización llega a tantos sectores que se puede que hasta esa última medida de control algún día desaparezca.
Y los humanos mismos, de alguna manera, se comoportan cada vez más como ordenadores. Los programas consisten en el conjunto de enseñanza y sociedad, los cuales proporcionan instrucciones precisas y dicen a los individuos de callarse y seguir el programa. ¿Y el cerebro? Es la unidad central con memoria viva y un procesador. ¿Y la memoria? Funciona igual que un disco duro de estado sólido. ¿Y la interfaz? Son los órganos sensoriales y las capacidades de expresión. Hay comportamientos y reacciones esperados, y deviaciones inesperadas. Esas son consideradas como bugs, pequeños errores que pueden corregirse con reeducación o feedback correctivo, o virus, incoherencias más profundas que pueden pasar de un individuo a otro y crear problemas reales de conflicto o incompatibilidad.
Así que al final, ¿qué somos? Seres humanos dotados de una inteligencia natural, biológica y aún inimitable? ¿Ordenadores capaces de entender todo lo que se pasa en las cercanías, de reaccionar a eso y reflexionar en varios niveles, de manera rápida y compleja?
De repente siento un picor dentro de mí. Miro por la sala, y veo que alguien acaba de entrar y apretar una tecla del teclado. Inmediatamente mi atención se fija en él, y nadie más. Escribe un comando.
"C:\> shutdown". Bueno, creo que ahora será el momento de decirle adiós.
***
Inspiración: Esta vez, la dejo al final, para no revelar la clave de la historia. Esta idea me vino de dos artículos del blog @just-shower-thoughts, o sea:
"We live in a world where we have to prove to machines that we are not machines."
(Vivimos en un mundo en el que tenemos que demostrar a las máquinas que no somos máquinas) et:
"We rate machines on how well they emulate humans, and we rate humans on how well they emulate machines"
(Evaluamos a las máquinas por su capacidad a imitar humanos, y evaluamos a humanos por su capacidad a imitar máquinas)
A partir de esos dos imaginé esa historia, contada como un hilo de pensamiento personal sobre el concepto de las pruebas Turing y la evolución tecnológica que los volvió necesarios, con una ambigüedad deliberada sobre la identidad misma del pensador.















