Enseñemos a nuestros hijos a ser buenos y generosos, a ayudar, a estar del lado de los más débiles, pero enséñales también la importancia de protegerse, reforzar esos muros -los inmateriales- para que no se derrumben ruinosamente ante los embates de la vida y puedan resistir las tormentas, incluso las más duras. Diles que son importantes. Diles que no son superiores a los demás, pero tampoco inferiores. Decir que cuando hayan hecho todo lo posible, con conciencia y buena voluntad, lo demás quedará en manos del tiempo, de Dios o del fluir de los acontecimientos. Diles que no dejen de soñar, manteniendo los pies en la tierra. Más que nada, di que los amas, en toda circunstancia y que son humanamente preciosos, que es su deber cuidarse y no dejar que nadie pisotee sus almas. Fortalécelos en espíritu y ellos también lo serán en la carne. Y cuando les recomiendes "no se ensucien" que se refiera al alma y no al vestido... Carolina Turroni













