YO NO DOMINO A MI MENTE, MI MENTE ME DOMINA.
Estoy sentada en un banco gris, en una plaza gris, completamente sola. La temperatura es neutra, el silencio ensordecedor. No estoy tranquila, mas bien estoy alerta. Siento un miedo profundo, desestabilizador. No escucho otro sonido que el de mis pensamientos. Me gritan que hay una amenaza cerca. Estoy en peligro. Me desespero, todos mis sentidos están concentrados en detectar la amenaza, algo en mi cabeza sigue gritando, tengo que prestar atención.
El corazón se achica en mi pecho, mi mente se bloquea, en un resguardo automático contra el peligro. Pero ¿dónde está el peligro? mis ojos no ven a nadie y mis oídos no escuchan nada ¿que me está pasando? Siento dolor en las manos y me doy cuenta de que me estoy agarrando con todas mis fuerzas del borde del banco en el que estoy sentada.
Es temprano, por eso no hay nadie, se ve todo gris porque el cielo está nublado, estoy sola, me obligué a salir de casa, porque se supone que las cosas se superan cuando se las enfrenta y que escapar no sirve de nada, pero todos mis sentidos me indican lo contrario.
Mi mente presionó de nuevo el botón contra amenaza inminente y se escondió para el desenlace. Abandonándome en un estado de pánico.
No se cuanto tiempo pasó desde que llegué a la plaza, cuando dejo de pensar racionalmente, el tiempo ya no pasa. Pero ya no es tan temprano, personas caminan por la plaza en dirección a donde sea que vayan.
El pánico no se ha ido, ahora mis ojos ven personas, mis oídos escuchan voces, la alarma de alerta interior tiene ahora un motivo real para sonar, y lo hace aún mas alto. PELIGRO. PELIGRO. PELIGRO. Si me quedo un segundo mas voy a enloquecer. Tengo que escapar.
Vuelvo a mi casa, espero que el pánico se vaya, que me mente se calme, y me pongo a llorar. “Mi mente no me domina, yo domino a mi mente” me repito.
Y lejos en la plaza las personas siguen pasando.